Por Antonio González Vázquez

A Miroslava Breach Velducea la ejecutaron el 23 de marzo en Chihuahua y ahora, el 15 de mayo ejecutaron a Javier Valdez Cárdenas en Sinaloa; ambos eran corresponsales del diario La Jornada y, los dos, a su manera y estilo, cubrían información relacionada al crimen organizado y a ese ente oscuro designado como narcopolítica.

Desde este espacio, los que hacemos Astrolabio Diario Digital alzamos la voz y la unimos a otros muchos que reclaman justicia y exigen seguridad en el oficio que se ejerce. No es posible que en México sigan asesinando a periodistas y que no pase nada.

No al silencio, Dijo Valdez Cárdenas luego del asesinato a Miroslava.

De algún modo, sabía que la cobertura al “infierno” en que se ha convertido el país, en algún momento le costaría la vida y eso ya ocurrió.

Javier Valdez al igual que Mirsolava Breach, denunciaron  que en México era tan peligroso investigar y escribir de los narcotraficantes, pero también de los políticos corruptos metidos en el crimen organizado.

El país se está descomponiendo de manera dramática. El crimen a plena luz del día del director y fundador del semanario Ríodoce debilita aún más nuestro endeble Estado de Derecho y exhibe la debilidad de las instituciones ya ampliamente rebasadas por el crimen organizado.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, del año 2000 a la fecha, han sido asesinados 126 periodistas en todo el país, hay 20 periodistas desaparecidos y de 2005 a este momento, han sido cometidos 51 atentados en contra de medios de comunicación.

Todo eso, en un contexto de ominosa impunidad.

El gobierno y las instituciones públicas salen y se lamentan, dan el pésame y se ponen de luto, pero es solo simulación, en los hechos, no se castiga a quienes matan o agreden a los periodistas.

El peligro está en todos lados, en cualquier ciudad, municipio o entidad; es así porque el crimen está en todas partes y en muchos casos, están coludidos con las autoridades de los distintos niveles de gobierno.

Resulta indispensable que el Estado Mexicano haga algo con urgencia para detener esta que es ya una masacre; uno de los mayores peligros para la democracia lo representa la intención de silenciar a los periodistas.

El riesgo está latente en todos lados y es claro que San Luis Potosí no es la excepción,  a muchos no les gusta lo que se escribe.

 

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