Por Victoriano Martínez

Hoy se cumplen cien días de que Xavier Nava Palacios asumió la presidencia municipal.

Cuando el 4 de marzo de 1933 Franklin D. Roosevelt, al asumir la presidencia de los Estados Unidos, anunció por primera vez un programa de cien días con medidas contundentes para acabar con la crisis económica de esa época, marcó el periodo en el que en todo gobierno que inicia se reconocen los rasgos y prioridades que lo caracterizarán.

Desde entonces, ese periodo del inicio de un gobierno, no sólo en ese país, se comenzó a ver como los cien días en los que el nuevo gobernante proyecta esa primera impresión que es la que cuenta.

Nava Palacios no anunció programa de cien días ni se propuso metas específicas para ese primer periodo de su administración, pero aun así no deja de ser un lapso que sirve de pretexto para que desde distintos sectores se hagan balances.

(Como dato curioso: una semana antes de las elecciones de julio pasado, Ricardo Gallardo Juárez –cuando en sus comunicados ya se asumía como virtual ganador– anunció que resolvería “en los primeros 100 días de trabajo el grave problema de movilidad que sufren los capitalinos en la zona oriente de la ciudad”.)

En sus primeros cien días, la administración de Nava Palacios exhibe voluntariosos esfuerzos por evitar la corrupción y sancionar la que se dio en el trienio anterior, y por corregir la situación de desastre en que se encuentran la ciudad y los servicios municipales.

Con algunos asegunes, que bien podrían ser producto de la dichosa curva de aprendizaje que atraviesa toda nueva administración, sobre estos primeros cien días podrían enumerarse las siguientes acciones que podrían caracterizar a la administración de Nava Palacios:

  • La denuncia pública de mil 843 observaciones en el proceso de entrega recepción y el anuncio de la promoción de las acciones que procedan para que los casos de corrupción sean sancionados y no queden impunes.
  • Las medidas en transparencia, tanto para ajustarse a lo que marca la ley de la materia como para evitar la opacidad que suele ser el primer indicio de corrupción. Destaca la publicación de los ingresos y egresos en mamparas, y la reducción del costo de las copias para apegarse a la legalidad, a pesar del exceso de auto sobrevalorar esa acción.
  • El intento de incrementar las tarifas del servicio de agua potable como vía para resolver la crisis en la que se encuentra el INTERAPAS sin hablar de la recuperación de la cartera vencida y hacerlo tras las manifestaciones de inconformidad sobre el pretendido aumento. Intento en el que pareciera existir un cabo suelto en la expresión de Nava Palacios cuando afirma que se pospuso la determinación, como si esa decisión siguiera latente.
  • El anuncio de 85 obras asignadas de manera directa y enfocadas a programas emergentes para atenuar el desastre que vive la infraestructura de la ciudad: 29 obras del programa emergente de bacheo profundo; 19 sobre la red de drenaje; 19 relacionadas con la red de agua potable; 14 construcciones de techado en escuelas; 3 de rehabilitación de vialidades y tres más con características particulares que tienen que ver con mejorar vialidades.

Son sólo cuatro rasgos que perfilan las acciones que tendrán que concretarse y adecuarse al interés general en los 995 días que le quedan a la administración de Nava Palacios.

Son rasgos que también perfilan como podría abordar otros temas como el caso PANAVI, la concesión de la basura, los deudores del impuesto predial, la concesión del servicio de agua potable, todos los servicios municipales, las expectativas de seguridad, etc.

Han sido cien días en los que Nava Palacios mantuvo la generación de expectativas y delineó lo que pretende hacer.

Se abre el periodo para que se comiencen a ver los primeros resultados –quizá de tres meses, como el plazo para las obras anunciadas.

Un periodo en el que, conforme avance el tiempo, podrá ser reconocido o reprobado.

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