Los reporterillos de Astrolabio Diario Digital echamos un vistazo al pasado y en esta sección le presentamos uno de nuestros hallazgos:

De que el ser humano es cruel, siempre ha habido ejemplos… y esta semana los reporterillos de Astrolabio encontraron una crónica potosina de hace exactamente 123 años. El recorte es de El Siglo Diez y Nueve del 12 de noviembre de 1894.

Horribles pormenores del asalto al Sr. Viadero

El Estandarte de San Luis Potosí da los siguientes:

Tenemos que ratificar y explicar algunos hechos ocurridos en el asalto.

En esa fecha el tren del Sur vino retardado, por lo que el Sr. Viadero llegó a la estación del Venado como a las cuatro de la tarde.

Entre cuatro y cinco de la misma y después de mandar al mozo al Venado, se dirigió a la mina que está situada a cinco leguas de la estación y hacia el Oriente.

Llevaba recorrida la mitad del camino próximamente, cuando encontró a los cuatro bandidos, que divididos en dos secciones lo dejaron pasar por en medio.

El de a caballo que pasó por la derecha fue el primero que disparó su pistola sobre Viadero, a quien le entró el proyectil abajo de las costillas y cerca de la espina dorsal. Casi al mismo tiempo recibió el balazo del brazo izquierdo y cayó al suelo, habiéndosele quedado los dos proyectiles en el cuerpo.

Ya caído recibió de los de a pie tres machetazos o cuchilladas, una cerca de la herida del brazo, otra en la sien derecha y otra en la palma de una mano. Estas heridas no penetraron mucho, debido seguramente a que fueron inferidas con cuchillo de poco peso; sin embargo, ninguna de ellas sangró bastante.

Luego que cayó al suelo y fue herido como llevamos dicho, los bandidos de a caballo se ocuparon en agarrar el que llevaba el Sr. Viadero y quitarle la maleta con el dinero y la silla; y uno de los de a pie trató de sacarle una argolla de oro que llevaba en un dedo, y como no podía conseguir su objeto, ya iba a cortárselo para tomar la alhaja, cuando le dijo el otro: “aguárdate, yo se lo sacaré”, y efectivamente con un esfuerzo le sacó la prenda.

Del punto del asalto, lo llevaron todavía vestido para el centro del monte, cogiéndolo de los pies y arrastrando todo el cuerpo. Esta faena la hicieron los dos de a pie.

Una vez dentro del matorral le quitaron la ropa, hasta no dejarle más que camiseta y calzoncillos; al ejecutar esta operación, ya los de a caballo habían acabado la suya y estuvieron presentes.

Para dejarlo lo amarraron de las manos con un pedazo de ceñidor de uno de los bandidos, y le dieron patadas en la cabeza y en todo el cuerpo, tirándole al marcharse uno de los facinerosos una punta con su cuchillo, y diciéndole “toma para que les des trabajo a los mineros”.

Luego que se quedó solo y pasó bastante tiempo para creer que los criminales no volverían, trató de soltarse de las manos, lo que consiguió después de algunos esfuerzos.

Entonces trató de arrastrarse con ayuda de los brazos, pero estando inutilizado del izquierdo en que tenía fuertes dolores, tuvo que arrastrarse sólo con ayuda del derecho, habiendo caminado así unos seis pasos. Oyó los del mozo que a las cuatro y media de la mañana pasaba para la mina, y le gritó auxilio, sin saber quién fuera el que pasaba; pero el mozo temiendo una emboscada, corrió para la mina, de donde vinieron a recoger al herido. El mozo iba a pie.

El caballo fue encontrado el sábado, en pelo, pastando cerca del lugar del crimen.

En el lugar de los sucesos fue designado desde luego para perseguir a los criminales, el español Don Amadeo Ortiz, de la Hacienda de San Pedro.

Este señor, habiendo seguido una de las huellas que partieron del lugar en que dejaron a Viadero, la encontró hasta un rancho en que aprehendió a un individuo que deberá dar la clave de la averiguación.

El punto del asalto se llama la “Puerta de Clavellinas”, y allí han tenido lugar varios asesinatos de pasajeros, como lo indican las cruces que allí hay.

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