Por Antonio González Vázquez

Ayer mientras que en San Luis Potosí, José Antonio Meade blofeaba acerca de la necesidad de erradicar la corrupción del servicio público y de la política, el gobernador de Chihuahua denunciaba ante la prensa nacional que su estado había sido objeto de represalias por parte del gobierno federal por la lucha contra la corrupción que se libra en ese estado norteño en contra del ex gobernador César Duarte y Manlio Fabio Beltrones.

El precandidato presidencial del PRI habló de corrupción y no citó casos ni nombres, lo cual resulta cómodo y populista.

Debió citar al menos, los casos de corrupción más recientes en que priístas de primer nivel están inmersos hasta el cuello. El ex gobernador de Chihuahua anda prófugo, Beltrones ya tramitó un amparo.

De hecho, en  el caso de Chihuahua, se denunció de un millonario desvío de recursos públicos por la vía del PRI a través de Manlio Fabio.

Como el gobernador Corral, empezó desde hace meses a escarbar en el estiércol que dejó Duarte y el PRI, el gobierno de Enrique Peña sacó el tolete financiero y le cerraron la llave de los recursos a ese estado.

Eso es lo que pasa en México cuando se investiga la corrupción entre los dirigentes del partido en el poder.

Pese a este caso tan vergonzoso, Meade viene a San Luis a pretender dar clases de ética y moral. Eso es una burla.

“Es necesario hacer de la política una actividad digna, de la cual todos los mexicanos se sienten orgullosos y por eso se debe expulsar a todo aquel funcionario de gobierno que únicamente quiera desempeñar algún cargo público para su propio beneficio”, dijo.

Se pronunció por el combate a la impunidad y  aseguró que no permitirá que este flagelo siga definiendo al servicio público, ni a los militantes o a quienes tengan la aspiración de desempeñar algún cargo público.

“Corrupción es el que pide un moche; corrupción es el que da una licencia de construcción que se traduce en que una escuela que no tiene buenos cimientos y que se cae en un temblor; corrupción es el que engaña en su declaración patrimonial; corrupción es el que vive en efectivo solamente para evitar el pago de impuestos y ocultar el valor de sus ingresos. Y a todas esas manifestaciones de corrupción tenemos que sacarlas de la política”.

Tal cosa dijo el precandidato del PRI  a la presidencia ante  priístas potosinos, incluido el diputado de la Ecuación Corrupta, Oscar Bautista, quien en la Zona Media promoverá y llevará votos para Meade.

Tenemos que regresar a que la política sea un espacio de orgullo, que sea un espacio de dignificación, que sepan y sientan que pueden hacer una vida de servicio y hacerla con decoro y honestidad”, dijo. Solo faltó que citase como ejemplo de decoro y honestidad a al presidente Peña o al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza.

O bien, pudo poner como ejemplo al gobernador Juan Manuel Carreras que está a punto de poner como Fiscal Anticorrupción a otro Fiscal Carnal. Cero y ya lleva dos, el Fiscal General y los dos que siguen los va a poner él.

Si eso no es corrupción ¿entonces que es?

Pésimo Meade en su visita a San Luis: cree que con rollos demagógicos va a convencer a los potosinos de que voten por él; habrá quienes le crean, pero de seguro es mayoría la ciudadanía que ya no tolera más atole con el dedo.

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1 COMENTARIO

  1. De priistas y panistas -que son lo mismo- estamos cansados. Igual del PRD, que se convirtió en un apéndice del peñato. 2018 seguramente traerá cambios, ya sabemos con quien.

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