El Catalejo es el resultado de las mentes desorientadas de los reporterillos de Astrolabio Diario Digital.

En la política a la mexicana, ¿cuál es el año más difícil de un sexenio? El séptimo. ¿Y el de un trienio? El cuarto. Y es así, porque en ambos casos es el año en el que se tienen que enfrentar las consecuencias de lo mal hecho, sea con intención o de mala fe. Y esas consecuencias tendrán que enfrentarse con mayor o menor rigor, dependiendo de la relación que se tenga con el sucesor. Cuando Ricardo Gallardo Juárez colocó aquellos gigantescos espectaculares con la expresión “¡Ya ganamos!”, para muchos cantaba victoria porque confiaba en que sería reelecto. Unos cuantos veían en eso la eliminación del año más difícil. Tan lo daban por sentado en la administración saliente, que el 2 de julio les cayó el balde del cuarto año con la urgencia de encontrar el modo de restarle dificultad. La operación limpieza no es ahora con una bancada ampliada de diputados y una Auditoría Superior del Estado, sino con los papeles y expedientes de la administración que pasarán a otras manos. Una operación limpieza que, por supuesto, no admite ojos ajenos. Así que, mientras esa operación logra lo más posible, el proceso de entrega recepción puede esperar lo que los errores de la Ley de la materia permita dilatar.

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