Por Victoriano Martínez

Victoria Labastida lo dijo de Jorge Lozano. Mario García Valdez lo dijo de Labastida. Ricardo Gallardo Juárez lo dijo de García Valdez, contra quien no le temblaría la mano.

En distintos momentos y con distintas expresiones y tonos, tres ex alcaldes afirmaron que no quedarían impunes los actos de corrupción de sus antecesores.

A lo largo de esos trienios, el discurso reaparecía matizado o adecuado a alguna necesidad de proyección de imagen o como distractor, como el caso del espectacular contra García Valdez y la leyenda “devuelve el dinero ratero”.

Xavier Nava Palacios lo dice hoy de Ricardo Gallardo Juárez.

Lo ha dicho desde la campaña. Cuando rindió protesta. En distintos momentos de los avances del proceso de entrega recepción.

Lo ha dicho desde la misma mesa en la que lo han dicho todos. Esa misma mesa en la que, recordó, sus antecesores “se caracterizaron por un desprecio sistemático hacia las normas, hacia la vida democrática y el buen proceder”.

Aprovechó “uno de muchos asuntos que serán defendidos” para reiterar su posicionamiento. Dejó atrás un frustrado aumento a las tarifas del agua potable. La Juez Octava de Distrito aportó el motivo para retomar impulso al discurso justiciero.

El 30 de agosto, Gallado Juárez votó ahí para favorecerse con el cambio de uso de suelo para un terreno presuntamente de su propiedad en una zona de reserva ecológica. Ayer 21 de diciembre, Nava Palacios votó por la revocación de esa autorización.

Desde la misma mesa lanzó la advertencia de los ex alcaldes, con una carga de mayor atractivo para los potosinos: está hablando del ex alcalde con mayores agravios contra la sociedad.

“Los excesos de Gallardo no quedarán impunes, el daño causado al municipio debe ser castigado y resarcido, y nosotros haremos todo lo posible para que así ocurra”, aseguró.

Y asumió como su deber garantizar la justicia que piden los potosinos “y coadyuvar con las demás autoridades para que ésta se materialice”.

¿Un discurso oportuno? Sí. Hablar de justicia y comprometerse a garantizarla siempre lo es.

¿Un discurso gastado? También. Cuando menos tres ex alcaldes lo dejaron hueco.

¿Un discurso necesario? Igualmente. Pero como una expresión de voluntad real para hacer las cosas diferentes.

A 82 días de iniciada la administración, esa voluntad requiere mayores pruebas que obedecer a la orden de un juez federal.

La materialización de la justicia comienza por la materialización de denuncias sólidas que la impulsen.

Más allá de las denuncias, también requiere que su ofrecido papel coadyuvante con las demás autoridades adopte formas de presión implacable. Sobre todo ante un gobernador timorato con un fiscal carnal alineado.

Todavía se puede decir que la administración de Nava Palacios apenas comienza, pero conforme avanza, cada día que los excesos de Gallardo sigan impunes, lo comenzará a igualar –al menos en ese aspecto– a sus antecesores.

De ese tamaño es el reto. De ese tamaño es la urgencia de que Nava Palacios pase de las palabras a los hechos.

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