Por Victoriano Martínez

El Parque Tangamanga I tiene tres accesos.

La entrada por avenida Salvador Nava Martínez y Tatanacho es la más conocida y considerada como la principal. Justo enfrente hay parada de camión para quien llega a pie.

Sobre Avenida Chapultepec existe una más que se abrió tras la urbanización de los terrenos colindantes con el parque, de ese lado.

La tercera está sobre el Boulevard Antonio Rocha Cordero, frente al Centro de Convenciones, pero prácticamente siempre está cerrada.

Los más de 800 mil potosinos que habitan la ciudad cuentan, pues, con dos accesos en los horarios permitidos, y uno más intermitente según la ocasión.

Pero el Parque Tangamanga I tiene, además, decenas de accesos adicionales.

Poco más de un centenar de accesos son, individualmente, de uso exclusivo para la familia que habita la vivienda con la que colinda el Parque, y sus cercanos.

Cuando menos una, la de un edificio de departamentos, abre el acceso a un grupo más amplio de familias, pero nada comparable con los tres accesos públicos.

La que más se acerca a poder llegar a ser considerada como de acceso público es la camuflada puerta entre la Plaza Citadella y el Parque, aunque se trata de un acceso de cuota.

Sí, el derecho para usar esa puerta implica el pago de una de las cuotas del gimnasio Le Park Citadella que entre sus servicios ofrece “acceso a las instalaciones y salida a parque Tangamanga con huella digital”.

Tres puertas de acceso público y decenas para un selecto grupo de privilegiados.

De acuerdo con la Real Academia Española (RAE) un privilegio es una ventaja exclusiva o especial de la que goza alguien por determinada circunstancia propia.

A las viviendas de Balcones del Valle la circunstancia los alcanzó y la aprovecharon. La tolerancia por parte de la autoridad les ha mantenido el privilegio por más de 35 años.

El edificio de departamentos y la plaza comercial llegaron después para colocarse en la circunstancia que les dio acceso al privilegio tolerado.

La sola colindancia con el Parque es ya una condición que, tanto a los departamentos como a la plaza comercial, le dan un atractivo adicional que repercute en su cotización. El acceso directo al parque le añade aún más.

Pero que, adicionalmente, el acceso se ofrezca a terceros, con cuota de por medio, constituye un exceso.

Ya no sólo se aprovecha un privilegio debatible en sí mismo, sino que se le usa con fines lucrativos.

Un exceso que los propios privilegiados reconocen que como tal no es correcto, al grado de que tratan de simular sus puertas de manera que puedan pasar inadvertidas por los visitantes comunes al Parque.

Son 35 años de tolerancia en los que el privilegio para el vecino que ya estaba ahí ha evolucionado a que, quien llega a instalarse como vecino para adoptar la condición de nuevo privilegiado, busque fines muy distintos al interés social que dio origen al primer Parque Tangamanga.

Si por accesos al Parque se tuviera que dar una puntuación, ésta sería 3 para los potosinos contra +100 para el privilegio a particulares, con un árbitro vendido a favor del bando particular, y con un grado de tolerancia creciente hasta permitir el lucro con un espacio que nos pertenece a todos.

 

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