José de Jesús Ortiz

En la plaza se ven por todas partes pequeñas banderas con el acrónimo de Morena, afiches, calendarios con la imagen de Andrés Manuel López Obrador, pejecitos de traje negro que se venden en diversos puestos informales junto a otros productos como playeras y chalecos color vino. El merchandising de la campaña.

El ánimo que se percibe en la Plaza de Fundadores este nueve de febrero es de optimismo, reflejo de lo que expresan las múltiples encuestas que colocan a Obrador con una clara ventaja en la intención del voto, algunas –como las de Parametría y El Financiero– incluso con una diferencia de dos dígitos sobre sus competidores.  

“Necesitamos otra transformación del país y eso es lo que nos trae a San Luis Potosí. Vamos a llevar a cabo esa transformación de manera pacífica, sin violencia, con la participación consciente y organizada de todo el pueblo”, plantea en su discurso el precandidato de la coalición Juntos haremos historia, integrada por Morena, el Partido del Trabajo y el ultramontano Partido Encuentro Social.

López Obrador parece vivir y disfrutar  el  mejor momento de la precampaña pese a errores en la comunicación y el discurso, como la respuesta al analista Jesús Silva Herzog y al historiador Enrique Krauze, a los que en días anteriores califica de “profundamente conservadores” con apariencia de liberales. Excesos verbales que en todo caso parecen importar poco a sus seguidores que son legión.  Así se observa en el evento en San Luis al que acuden cientos  de simpatizantes que llenan la explanada de la plaza, apretados, protegidos de la lluvia con impermeables y paraguas que semejan tulipanes de colores.

“¡Presidente, presidente!”, gritan al final del evento decenas de jóvenes que siguen al precandidato de Morena hasta su vehículo para tomar imágenes desde sus teléfonos móviles que se alzan en lo alto haciendo brillar las pequeñas pantallas, como una extensión del brazo. Los “medios como extensiones del hombre”, diría McLuhan.

Una despedida tumultuosa, inédita en San Luis Potosí  tradicionalmente poco entusiasta a las campañas de López Obrador, quien en la elección de 2006 obtuvo en la entidad 204 mil votos, el  21.54 por ciento del total, (https://goo.gl/Ke7UUF), mientras que en 2012 logró un incremento exiguo, apenas el 23.5 por ciento, cerca de 262 mil votos.

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El ex dirigente nacional panista Germán Martínez escribió en el periódico Reforma, el pasado 31 de enero, un artículo insólito en el que reveló que López Obrador lo invitó a ser candidato a Fiscal General de la República. Un texto inusual –al venir de un ex dirigente panista- en el que reconocía el “enorme sentido de la historia que tiene el tabasqueño”, incomparable frente a la “asnadería” de Vicente Fox “que sacó y metió al PRI de Los Pinos”.  

De ese conocimiento de la historia parece hacer gala López Obrador en su largo discurso pronunciado en Fundadores en el que incluye guiños y referencias a figuras emblemáticas locales.  “Me da mucho gusto estar con ustedes en esta plaza que simboliza la lucha democrática. Estamos luchando para lograr un cambio de régimen porque ya es insoportable lo que sucede en México”, afirma.

Habla de las tres transformaciones  que  ha vivido el país (la Independencia, la Reforma y la Revolución) y cita a Ponciano Arriaga al que califica como “un potosino extraordinario” al lado de Juárez y los liberales “que nunca se rindieron”; también, refiere la lucha de Madero y recuerda que  lo acompañaron diversos potosinos, precursores  intelectuales de la Revolución: “no hay que olvidar que ese hombre fue secundado por dirigentes sociales, políticos, muy importantes, también potosinos como Camilo Arriaga, que fue de los precursores del movimiento de liberación nacional; Librado Rivera que era el más cercano a (Enrique) Flores Magón, también era potosino, de Rayón, y otros potosinos que participaron en ese movimiento que no fue en vano”.

Y convoca a sus seguidores que llenan la explanada de la plaza a impulsar una nueva transformación de fondo en el país, “no será más de lo mismo, se los garantizo”.

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López Obrador llega a la capital potosina el 11 de junio de 2012. Un día después del segundo debate Presidencial organizado por el Instituto Federal Electoral. Son los últimos días de la campaña, el cierre en las principales ciudades del país.

El debate altera muy poco la intención del  voto: Enrique Peña Nieto se mantiene con una ventaja amplia según proclaman la mayoría de las encuestas, como la de Gea/Isa que  día a día difunde el periódico Milenio y que todavía una semana antes de la elección le da una ventaja al priista de 18.6 por ciento encima de Obrador, ventaja que al final termina en menos del siete por ciento.

Pese al sol intenso de junio, la Plaza de Fundadores luce con una explanada llena, aunque parece no ser así en las calles laterales.  “Han echado a andar una guerra sucia para confundir a la gente, para desorientar, para meter miedo, por eso tenemos que informar mucho”, dice López Obrador en referencia al escándalo que involucra a Luis Costa Bonino, el estratega uruguayo de su campaña grabado en una cena con empresarios en la que supuestamente solicita recursos económicos para garantizar el triunfo. Una información  difundida la víspera de que el periódico Reforma diera a conocer la encuesta que por primera vez coloca a Obrador en virtual empate técnico con Peña Nieto, replicada con insistencia desde el oficialismo para golpear el centro estratégico de la campaña.

Circular su discurso, El Peje – como le llaman desde su época de jefe de gobierno de la Ciudad de México-, habla de combatir la corrupción y terminar con los privilegios para transformar al país. Destaca sobre todo el cambio del modelo económico que atienda a los sectores más empobrecidos, víctimas de  las políticas  económicas aplicadas en el país en los últimos 30 años por los gobiernos del PRI y del PAN. “Vamos a resolver los problemas uniéndonos y terminando con el gobierno que no ha sido capaz de resolver los grandes y graves problemas nacionales”, plantea.

Lo acompañan en el presídium la señora Concepción Calvillo, figura emblemática del navismo, así como dirigentes y candidatos de la coalición que lo postula en su segunda candidatura presidencial. “Tengan confianza, yo no les voy a fallar. No voy a traicionar al pueblo. Tengan confianza de que vamos a lograr mejorar la situación del país”, concluye durante su  cierre de campaña en San Luis.

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Visto en panorámica, los cientos de simpatizantes que acompañan a López Obrador en el evento en Fundadores del pasado viernes parecen los mismos de otras muchas luchas, visto a detalle quizá lo más relevante es la presencia  notoria de jóvenes, decenas de ellos como los que se amontonan al final sobre la calle de Carranza para despedir al virtual candidato durante en Fundadores.  “¡Una selfie con el Presidente!”, gritan festivos.  

Si el termómetro para medir el pulso de la campaña de López Obrador en San Luis Potosí es el evento realizado el pasado viernes, seguramente es el indicador de un crecimiento a nivel estatal, quizá mayor que en las anteriores campañas presidenciales como lo reflejarían diversas encuestas a nivel local.

Un clima de opinión que puede cambiar o no  en los casi cinco largos meses que restan para la elección y lo sabe Obrador quien dice que ahora se está mejor preparado y organizado que en anteriores elecciones. Ya vendrá le etapa  dura de la campaña, la guerra de lodo y la articulación de diversas fuerzas para hacer un frente común contra el peligro para México, contra el mesías¸ financiado por los rusos como afirma la propaganda de sus contrarios. Contra AndresManuelovich pues, como lo dice él mismo divertido. Es febrero de 2018.

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