Jaime Nava

¿Dónde están los Ricardo Gallardo? Ayer no se le vio en la plaza al alcalde y en el Centro de Justicia Penal, donde lo esperaban, tampoco hizo acto de presencia el llamado “pollo”; no obstante, sí dio la casualidad de que un grupo de “gallardistas” salieron a la Plaza de Armas para exigirle a Juan Manuel Carreras que detenga una supuesta “persecución” en contra de los nuevos ricos del San Luis; es decir, los Gallardo.

Algo saben los Gallardo, pero no lo cuentan. La protesta de ayer, encabezada por el dirigente estatal del Partido de la Revolución Democrática, diputados perredistas y funcionarios municipales, se orquestó por dos motivos: presionar al gobierno del estado para que frene las investigaciones que la Fiscalía inició y, evidentemente, para ocultar que su candidato al senado, Ricardo Gallardo Cardona, dejó plantado al juez que iniciaría un procedimiento penal en su contra por la comisión de delitos federales que todavía no se conocen porque el hijo del alcalde no asistió a la audiencia.

Se sabe que la Procuraduría General de la República desde hace un par de años le ha seguido la pista a Gallardo Cardona desde que se le detuvo por el desvío de más de 200 millones de pesos. Hecho comprobado, aunque el ex alcalde de Soledad de Graciano Sánchez argumente que si está libre es porque se demostró su inocencia, cuando lo que pasó realmente es que el Segundo Tribunal Unitario del Quinto Circuito acreditó la existencia del desvío, pero como al “pollo” se le había acusado de otros delitos al Tribunal Colegiado en Materia Penal y Administrativa tuvo que concederle la libertad.

Si la investigación penal contra Gallardo Cardona es competencia de las instancias federales, ¿por qué protestaron frente a Palacio de Gobierno? Algo deben saber los Gallardo y Carreras, pero no lo cuentan. Quizá solo fueron a recordarle al gobernador que en 2015 le dieron una ayudadita para repartir entre la estructura gallardista el dinero que entregó el PRI con la instrucción de votar “por Gallardo y por Carreras”.

Tal vez ese mismo trato fue el que intentó que acordara el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade con Ricardo Gallardo en la reunión que sostuvieron hace unas semanas en la Casa de Gobierno donde, según cuentan, Meade rechazó la oferta electoral porque el precio que a cambio pedía Gallardo “era muy alto”. ¿Cuál fue el precio? Lo deben saber ellos, pero no lo cuentan.

Si en la protesta de ayer los “gallardistas” exigieron que no se toque ni con la pluma de una gallina a los Gallardo fue porque saben que en la Fiscalía General del Estado caminan las denuncias presentadas por el Frente Ciudadano Anticorrupción en contra de la administración capitalina por el caso de la aún desconocida Sandra Sánchez Ruiz y, contra el alcalde y su familia, por el inocultable e inexplicable enriquecimiento desde que llegaron al poder en 2009.

Aparentemente desde la Fiscalía comenzaron a girar oficios para que distintas áreas de la administración municipal rindan informes que nutrirán las investigaciones en contra de los Gallardo. Por eso los gritos de los manifestantes fueron en plural: por un padre y un hijo que no saben cómo salir del embrollo penal en el que ellos mismos se metieron.

La movilización de ayer contrasta completamente con los comunicados que el propio Ricardo Gallardo Juárez envió a los medios de comunicación nacionales para “aclarar” que las denuncias penales eran producto del “golpeteo político” y carecían de evidencias. A finales de febrero, Gallardo Juárez envió una carta a la periodista Carmen Aristegui en la que aseguró: “estoy en la mejor disposición de aclarar ante las autoridades competentes cualquier duda sobre mi persona, mis bienes y mi trabajo como alcalde de San Luis Potosí; e incluso he solicitado también que se acelere la investigación, soy el principal interesado para reafirmar la verdad de los hechos”.

Si no han cometido ningún delito, si Sandra Sánchez Ruiz es una proveedora completamente legal, si los más de 200 millones de pesos que costaron los 3 millones de metros cuadrados en propiedades que acumula la familia provienen de su “trabajo”, ¿Cuál es el problema? ¿Por qué piden que se detenga la supuesta “persecución”? ¿Por qué no acudió Ricardo Gallardo Cardona al juzgado penal federal? El que nada debe, nada teme, suele decirse. Parece que algo saben los Gallardo, pero no lo cuentan.

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