Frater Ignatius

España es el campo fértil de la revolución del pensamiento libertario. El anarquismo primero clandestino y luego asomando la cabeza en los sindicatos y grupos obreros.

Resulta evidente que una parte muy importante de todo el imaginario de la cultura anarquista se encuentra en España. Desde las elucubraciones de los pensadores libres y soberanos hasta ciertos brotes de carácter revolucionario, se concretaron siempre en la tierra del Quijote. Sus acciones oscilaban desde la prensa y la agitación hasta la concreción de un sindicalismo revolucionario de clase y a la práctica de la economía colectiva, verdadero trastoque del sistema capitalista y del modelo troquelado en la URSS desde 1917. No debe sorprendernos que el caso español brille en gran parte de los relatos anarquistas en toda la tierra. Desde los primeros círculos secretos bakuninistas hasta la actualidad se autoorganizan en grupos afines en que el fin y el medio son una misma cosa. Se trata de grupos de pocas personas con una gran dosis de compromiso individual, amistad y compañerismo que deciden realizar una o varias acciones. Puede ser desde la propaganda, la acción del teatro o la creación de escuelas hasta grupos que recauden fondos. Es una especie de un microcosmos compuesto por personas libertarias capaces de ofrecernos una muestra de la participación de la gente en la revolución social de España, la única que lleva a la práctica todo lo pensado y lo escrito durante tantos años.

Se puede afirmar que tales formas de abstracción anarquistas hasta los hechos concretos, habían tenido su avance desde la Internacional con centenares de grupos en toda la península. Varios de los ideólogos la pasaron mal en las cárceles bajo todos los regímenes autoritarios posibles. Todo se realizaba en las sombras y la palabra clandestinidad era moneda corriente en un país con tantos contrastes y también carencias. Los libertarios tenían que lidiar con leyes y estatutos que eran flor de un día para poder formar aunque fuese de manera efímera sindicatos. La lucha social era todos los días con mucho tesón y esfuerzo. Los Solidarios y otros tantos grupos creados en aquella época fueron el resultado natural de una clase burguesa intransigente y totalitaria que maltrató hasta la extenuación a las clases obreras del país. Un país con una revolución agraria aún por venir que repartiera los latifundios a los jornaleros.

En aquellos años se mantenía un analfabetismo muy alto, la industrialización era muy deficiente y atrasada.  Los obreros se educaban en cooperativas, en ateneos, en varios grupos y en escuelas nocturnas mantenidas por los mismos sindicatos. Se puede afirmar que España avanzaba a tira y tirón a costa de sus trabajadores y de sus campesinos.

Con la llegada de la república en 1931, parecía que sería posible la modernización. Se abrieron escuelas primarias en toda la patria, las mujeres vieron reconocida su capacidad en muchos sectores. Definitivamente había un avance aunque mucha gente no estuviese contenta. Algunos creyeron que los cambios eran algo lentos, pero los conservadores tenían la certeza que todo ocurría muy rápidamente. Por lo tanto, se creó un plan, un golpe de Estado que acabó con todo lo avanzado hasta el momento. Todavía se daban algunos golpes de libertad pero se sofocaban a las pocas horas

Solos los españoles, plantaban cara a un ejército estructurado apoyado por dos totalitarismos que eran Italia y Alemania. Formaban otro de voluntarios y hacían una revolución social que parecía que iba a tener un mayor alcance que la de Rusia.

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