Por Victoriano Martínez

Durante 2017 se registraron 712 homicidios. En promedio, ese año se cometió un homicidio cada 12 horas con 20 minutos.

De enero a noviembre de 2018, el año que acaba de terminar, se reportaron 830 homicidios.

La frecuencia de los homicidios se acortó. En promedio, ocurrió uno cada 9 horas con 39 minutos.

Aún falta el recuento del último mes.

Hace un año, el primer homicidio ocurrió en el segundo día de enero.

Este 2019 ese macabro conteo comenzó temprano.

El mismo primero de enero, a las siete de la mañana, se localizó a una persona ejecutada con signos de tortura en el municipio de Zaragoza.

La violencia no tiene calendario.

Los periodos son para reconocer tendencias, pero también para establecer indicadores que muestren los resultados del trabajo de los responsables de prevenir esa violencia.

La tendencia muestra que los homicidios se incrementan en poco más de un 21 por ciento al año.

Como indicador, la creciente cifra de homicidios muestra el fracaso de las autoridades en materia de seguridad pública.

Por eso retumba el insensible “muy buen balance” hecho por el Secretario de Seguridad Pública, cuando es a ellos a quienes debería inquietar la violencia tempranera, y hacerlos reaccionar con soluciones antes que con declaraciones.

Y no sólo como propósito de año nuevo, sino como hechos concretos que comiencen a verse en este 2019.

 

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