Oswaldo Ríos

La de Gerardo o “Geras” como le dicen sus amigos, empleados, funcionarios y diputados del Congreso del Estado de San Luis Potosí, es la historia de un hombre que viene de abajo, que es de barrio, y que ha atravesado muchos problemas y dificultades para salir adelante y mantenerse a sí mismo y a su familia.

Durante los últimos 20 años, Gerardo es el primero que llega a trabajar a la sede del Poder Legislativo ubicada en Vallejo 200, apenas clarea el día y barre las aceras, la fachada y las calles contiguas a la casona que alberga a los representantes populares. Apuesto que ningún diputado de la actual Legislatura se lo encontró jamás barriendo a las 7 de la mañana porque ellos suelen llegar a despachar despuesito de las 9, los que sí van.

A cambio de ese trabajo, nunca se le dio un contrato laboral o seguridad social, pero se volvió costumbre que el o la Oficial Mayor le diera un apoyo de aproximadamente 700 pesos a la semana. Luego de barrer, Gerardo comienza a ejercer de valet parking y estaciona los vehículos de todo aquel que se lo pide, desde empleados hasta diputados y algún mandado extraordinario si se necesita.

A lo largo del día, acomoda los vehículos para el fácil traslado de los legisladores que deben salir con urgencia y él se encarga de maniobrar para que así ocurra sin contratiempos. Entre maniobra y maniobra, Gerardo obtiene un extra lavándole el carro a quien se lo pide y así se gana la vida. Así durante las últimas dos décadas, hasta esta semana.

La señora Marcelina Oviedo le notificó que ya no se le iba a poder apoyar con el modesto recurso que el Congreso le daba y que dejara de enfadarla con esa cantaleta. Ante el golpe brutal de quedarse sin empleo la esposa de Gerardo acudió en su apoyo al centro de trabajo y ella y su esposo cuestionaron a la señora de marras qué hacer frente a la abrupta decisión.

La amable respuesta de la delicada mujer fue que “hicieran lo que les diera su chingada gana” porque ella solo obedecía órdenes de los diputados que integran la Junta de Coordinación Política y que por favor dejaran de exigirle comprensión, humanidad, solidaridad y vaya usted a saber qué exigencias más indecorosas hayan tenido que soportar sus castos oídos.

La señora Marcelina Oviedo es agrónoma. Carece de experiencia en la administración pública y desde hace un mes y medio fue nombrada ilegalmente como Oficial Mayor del Congreso del Estado, gracias a su parentesco con una prominente figura de MORENA. Por lo anterior, la agrónoma ahorcó el cordero de la austeridad republicana y se sacrifica cada mes a recibir un sueldo de $69,392.

En su lugar ha habido Oficiales Mayores de todos los partidos, pero nunca se tuvo noticia de alguno con las entrañas tan duras como para no ayudar con 700 pesos a un hombre que en lugar de delinquir prefiere ganarse honradamente la vida. Desde hace 20 años, han pasado 6 Legislaturas, las más o las menos enjuiciadas críticamente por la sociedad, entre ellas, la última, esa que mereció el repudio y desprecio popular y fue pomposamente llamada “la peor de la historia”, pero ni esa, fue tan miserable como para pelear con uñas, dientes y sangre los 700 pesos que se le daban al “Geras”.

Quizá Gerardo es demasiado “pueblo bueno” o la agrónoma Marcelina demasiado “fifí”, pero lo doloroso de la historia es que en San Luis Potosí tuvo que ser la Cuarta Transformación, la que le quitó a Gerardo el pan de la boca. Esa que se desgañita por los pobres y la no discriminación, pero que pisotea la Ley, se enriquece y regodea con los mismos privilegios económicos de la antigua “mafia del poder”.

O tal vez el problema es que Gerardo no entiende que el Congreso ya cambió y el error es suyo. Quién le manda no ser hermano, cuñado, tío o novio de algún diputado o diputada, lo habrían contratado pisoteando la Ley y estaría en la nómina con sueldo de millonario. En la Oficialía Mayor le pueden dar más informes.

 

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