Martín Faz Mora

No transcurren aún dos meses de la llegada de AMLO a la presidencia y se cuentan, al menos, tres virulentas campañas de ataque en su contra que, sin embargo, no parecen aún hacer mella en el capital político a su favor que le condujo al holgado triunfo electoral.

Dos de las ofensivas han nacido como reacción a decisiones tomadas por la nueva administración, como el caso de la cancelación del NAIM y el cierre de los ductos para combatir al “huachicol” y la otra fue armada por las circunstancias ante la fatalidad del accidente donde perdieran la vida la pareja Moreno Valle y sus acompañantes.

El encono y virulencia de los ataques tienen un tono muy similar, incluso superior por momentos, al de los ataques durante el proceso electoral y, conforme a las recientes encuestas de Reforma, El Financiero, De las Heras y Mitofsky, los resultados son los mismos: la popularidad y apoyo a AMLO no parecen hacerle mella hasta el momento.

Así, la polarización sigue galopando a placer en la respectiva burbuja social en la que cada cual se mueve, al tiempo que la proliferación de desinformación se mantiene.

Como le señalé en colaboración anterior (La ira y las redes sociales) estudios psicológicos respecto de las emociones y su regulación realizados por investigadores como James  Russell, Jonathan Posner y Bradley Peterson, dan cuenta que la ira junto con la excitación, son algunas de las emociones que más nos incitan a la acción. Las redes sociales se alimentan de la ira, la requieren para captar la mayor atención posible en un modelo de consumo de internet que necesita la mayor cantidad de atención posible y el mayor número de usuarios atraídos. La inmediatez y la híper confluencia de actores que caracteriza a las redes sociales las convierten en la principal herramienta de los ataques y las campañas orquestadas.

La virulencia en las redes no suele producirse por generación espontánea, en buena medida se induce mediante las llamadas “granjas” de bots y trolls, las cuales buscan manipular las conversaciones o tendencias “orgánicas” de redes como Facebook, Twitter y WhatsApp en beneficio de sus clientes políticos.

Así, algunas de las tendencias en redes sociales que ocurrieron a raíz del desplome del helicóptero en que fallecieran la Gobernadora de Puebla Martha Érika Alonso, su esposo el Senador Rafael Moreno Valle y sus acompañantes, que responsabilizaban a AMLO de la tragedia, de acuerdo a una nota publicada en el diario digital Sin embargo , contaron con apoyo artificial y coordinado que impulsaron la tendencia.

Todo indica que nos esperan tiempos de mayor polarización. Para algunos ésta puede significar un estado de madurez de las democracias, incluso se habla de una polarización agudizada (hiperpolarización) que llegó para quedarse. Entendida de tal forma, más que una anomalía, la polarización asoma ventajas y desventajas que pueden ser aprovechadas si se entiende bien el fenómeno.

Ahora bien, tanto por el modelo de consumo de las redes sociales, su inmediatez y el anonimato que ofrecen, bien pueden hacer de la polarización un fenómeno más bien negativo que positivo. Hasta ahora, más parece que la visceralidad emotiva es lo que alimenta a las redes.

Twitter: @MartinFazMora
http://martinfazmora.wixsite.com/misitio

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