Frater Ignatius

Errico Malatesta pasó más de 10 años de su vida en prisión y una gran parte en el exilio. Hizo multitud de colaboraciones con distintos periódicos libertarios y lo ligó una amistad profunda a Bakunin. Representa lo clásico en el movimiento libertario junto con su amigo y Proudhon.

Malatesta pone al servicio de la causa toda su fortuna personal y todo el tiempo necesario para hacer llegar la revolución anarquista. Efectivamente adviene la revolución rusa y apoyan a los anarquistas. No obstante, con la llegada de los bolcheviques, se apaga todo intento de cambiar radicalmente el estado de las cosas.

El padre de Malatesta era un hombre acaudalado, propietario de un próspero negocio de curtidos. Nace en 1853 a 30 kilómetros de Nápoles. Su vida, como la de tantos otros anarquistas es una auténtica aventura. A los 17 años comienza una serie de arrestos que lo acompañarán toda la vida y serán una impronta como expresión de lucha y movimiento tanto intelectual como físico.

La Comuna de París lo marca para siempre y lo hace llevar sus pasos hacia el anarquismo. Inicia una especie de viaje de propaganda sobre las ideas libertarias. Atraviesa como un rayo Suiza, España, Egipto, Rumania, Francia, Bélgica e Inglaterra. Apoya totalmente la acción directa como una forma de lucha, la cual acelera el estado de los acontecimientos. Sobre todo la huelga general, lo cual provoca numerosas revueltas y protestas. También viaja a Egipto a boicotear a los ingleses, es perseguido y escapa por Marsella. Brinca el océano y viaja a Argentina, donde existe una colonia grande de españoles, italianos y alemanes. Ayuda a varias asociaciones y sindicatos.

En 1889 regresa a Italia en donde emprende una fervorosa actividad propagandística. En la Internacional de Londres los marxistas expulsarán definitivamente a los anarquistas y los ánimos se crispan. Condenan a Malatesta en Italia pero se escapa, viaja a Inglaterra y luego a los Estados Unidos. Polemiza contra los anarcoindividualistas y uno de ellos quiere matarlo. Vive un tiempo en Cuba y luego en Nueva York. Su oficio para sobrevivir: electricista. De igual forma y sin descanso en cuanto a las luchas anarquistas, participa en el Congreso de Ámsterdam en 1907 y crea muchas ideas en torno al sindicalismo y el anarquismo.

Podemos afirmar que toda su vida es un propagandista de las ideas libertarias. Al mismo tiempo, es un polemista de peso. Un auténtico trotamundos y viajante para depositar la semilla de la anarquía en distintos lugares del globo. Encontramos a Errico siempre colaborando con los antiimperialistas de muchas regiones de la tierra. Lo mismo le da habitar un país sudamericano que al imperialismo yanqui o Egipto.

A pesar de las diferencias con su gran amigo Kropotkin, este hace una maravillosa descripción de Malatesta:

“Sin tener siquiera una habitación que pudiera considerar como propia, vendía helados en las calles de Londres para ganar su vida, y escribía por las noches brillantes artículos para los periódicos italianos. Detenido en Francia, liberado y expulsado, condenado de nuevo en Italia, oculto bajo un disfraz; siempre en el punto álgido de la lucha”.

Malatesta retorna a Italia poco antes de la llegada de Mussolini al poder. En 1920 participa en la Unión Sindical de Italia. Es detenido y lo arrestan en su domicilio. Su cuerpo es enterrado en una fosa común. Lo anterior, para no desatar ánimos que fueran en contra de la dictadura. El fascio será la mano opresora que va a despedazar con furia a todos los anarquistas italianos.

Malatesta sostenía que el hombre se crea en sociedad y que como tal debe funcionar. Teorizaba en contra de los individualistas porque afirmaba que todo hombre es producto de una sociedad que se trasciende. Es decir, el concepto de lo social es una especie de sinergia en donde no solo es un conjunto de individuos en plena colaboración, sino que esa sociedad se transforma siempre en algo más.

Los desacuerdos con su amigo Kropotkin, el otro gran teórico del pensamiento libertario, se resumen en cuatro puntos:

Malatesta no está de acuerdo con el cientificismo. Afirma que el hombre es un universo ético y un caudal de ideas, sentimientos, aspiraciones que van más allá de lo puramente expresado por la ciencia.

El hombre se forma socialmente. Tanto la conducta como la voluntad de los individuos no vienen dados.

Contraviene la idea del ruso de “tomar del montón”. Sostiene que en primera instancia eso es posible pero después es necesaria una total organización social. En ese sentido, está en contra totalmente de toda idea de anarquismo individualista.

Malatesta, contrario a Kropotkin, ve en la guerra una simple manipulación de los imperialistas y capitalistas.

Muere de neumonía en 1932 recluido en su domicilio.

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