Por Antonio González Vázquez

Por fin a una víctima femenina se le hace justicia…pero no en San Luis Potosí, sino en el Estado de México. No es que la justicia mexiquense sea una genialidad, lo que pasa es que la potosina va del brazo de la impunidad.

A Margarita, agredida brutalmente en un autobús en la carretera México-Querétaro la noche del 7 de junio de 2016, se le hizo justicia una vez que un juez emitió una sentencia de 111 años de prisión por la acumulación de los delitos de violación sexual y robo con violencia.

Hacer justicia en México no es algo usual desafortunadamente. La norma es que no se castiguen los delitos, de ahí que los índices de impunidad alcancen el 98 por ciento. Es entonces notable que un caso que provocó conmoción haya sido cerrado con un delincuente sentenciado y en la cárcel por el resto de su vida.

El caso acerca de tal infamia, lo llevó un juez en el municipio de Cuautitlán, Estado de México. Se tardó dos años en concluir el proceso y dictar sentencia. Es demasiado tiempo pues bien se sabe que justicia lenta o tardía no es justicia.

Pero al menos y aunque probablemente se trate de un excepción, si hubo castigo, lo cual en San Luis Potosí no ocurre para la sociedad ni de manera especial para las mujeres. La justicia potosina camina a la velocidad de una tortuga.

Basta citar los casos de Diego, el niño ahogado en un tobogán durante un camping de la UASLP  hace unos años. Karla Póntigo, la joven que murió en un antro por el  ataque de su presunto agresor que además era su jefe. Odalis Hipólito de apenas 16 años de edad, cuya muerte aun no ha sido aclarada pese a que fue un hecho que conmocionó a todos porque su cuerpo pendía en una reja en pleno centro histórico. Edgar Daniel, el periodista gráfico ejecutado hace ya más de seis meses y de cuyo caso simplemente ya no se sabe nada.

Es satisfactorio que a Margarita se le haga justicia y en algo se repare el daño que le hizo su victimario. Lo deseable es que hubiese más casos de éxito para demostrar que si se puede vencer la impunidad.

Ojalá que en San Luis Potosí ya cambien las cosas pues las víctimas son muchas y los agresores detenidos, procesados y sentenciados son demasiado pocos, casi nada.

“Fue la tenacidad de ella, quien ha orillado a las autoridades a que esto se resuelva y es a ella a quien se debe el que se haya hecho justicia”, dijo Miriam, cuñada de Margarita.

La impunidad prevalecerá también en la medida en que las víctimas, pese a su dolor, no den la pelea, el caso de Margarita es tan plausible como conmovedor.

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