Antonio González Vázquez

La LXI legislatura entró en la recta final de su ejercicio y lo hace prácticamente con la cola entre las patas. El Tribunal Electoral del Estado ha ordenado a los diputados que se pongan a trabajar y dictaminen cuatro iniciativas ciudadanas que tenían abandonadas; una de ellas, desde el inicio de la legislatura.

No solo concluirá parchada y desmantelada sino que por encima, reciben una sanción legal por violar la ley que ellos deberían ser los primeros en respetar.

Pero no es nuevo el ya clásico talante de holgazanes que tienen los diputados. A cuatro meses que termine la legislatura, tienen un rezago legislativo de 759 iniciativas pendientes de dictaminar.

De hecho, el Tribunal resolvió en contra de la legislatura porque no atendieron como corresponde, su obligación de dictaminar las iniciativas que se presentan, de manera especial, por parte de ciudadanos.

Lo más grave en ese caso, es que los diputados han actuado de manera abusiva y alevosa al dejar de dictaminar cuatro iniciativas presentadas por José Mario de la Garza.

Es muy probable que no hay atendido esas iniciativas en ridícula e irresponsable respuesta a la evaluación que Congreso Calificado hace periódicamente de los legisladores.

Como en cada evaluación todos salen reprobados, la legislatura optó por hacer pagar caro al abogado que ejerce su derecho legal de promover iniciativas de ley.

En definitiva, que la LXI es la peor legislatura que ha tenido el Congreso del Estado, ni duda cabe.

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