Frater Ignatius

La cultura china es rica en ideas. Bertrand Russell mencionaba que podría desaparecer la cultura de occidente y sin embargo los chinos seguirían poseyendo su sólida historia ancestral.  Creemos que los chinos en tiempos modernos han sabido abrevar del método científico creado y perfeccionado hasta el cansancio por los europeos y norteamericanos.

Como toda cultura sólida y llena de matices, los chinos tuvieron sorprendentemente precursores en el anarquismo al menos desde el siglo III. El sinólogo Jean Levi (1948) autor de novelas y gran estudioso de tan antigua cultura, tanto en la vertiente del ensayo como en traducciones de textos clásicos, es el responsable de la edición de la obra que nos ocupa describir aunque sea someramente y que trata de dos anarquistas chinos precursores de alguna forma de lo que fue el anarquismo como tal en los inicios del siglo XX.

Por otra parte Albert Galvany (1973) traductor de varios textos y creador de varios artículos que versan sobre china, ha sido el encargado de traducir al castellano los textos de esta obra especial y original.

Elogio de la anarquía está compuesto por pensamientos de hombres que tenían esa sensibilidad anarquista. Bao Jingyan es a todas luces desconocido. Es decir, no se sabe nada sobre su vida o casi nada. Ge Hong, el alquimista, lo rescata del olvido en su Baopuzi, que significa Maestro que contiene simplicidad.  Jingyan ya desde entonces hace un repaso brillante de la injusticia y recuerda dolorosamente un paraíso en el que todos los hombres éramos iguales, dándonos la mano y el corazón. No existían disputas ni rivalidades y la gente se conformaba con lo que tenía y ayudaba al prójimo.

En una especie de lucha helegiana y de argumentos contrarios entre Jingyan y el Bapuzi, se encaran los dos lados de la moneda entre la función de los gobiernos y la capacidad del hombre para manejarse libremente.

El otro personaje de este fascinante libro tiene más certeramente un contexto histórico, es decir, se rastrea con mayor facilidad. Xi Kang (223-263) filósofo y poeta reputado pero inconforme e independiente que renunció a altos cargos en el gobierno y fue condenado a muerte por acusaciones de amenaza al orden social.

Xi Kang sostiene que el hombre se deja arrastrar por lo que le imponen los otros, generalmente hombres con poder y que permite que lo moldeen en lugar de pensar por sí mismo. Comulgar con la dimensión original de los seres. Interesante frase que nos remite al principio del tiempo y nos permite sacudirnos toda la escoria, como dice este gran pensador, todo el peso de un pasado que lastra la capacidad de iluminación y libertad de todo ente humano. Xi Kang es un verdadero precursor del anarquismo pero a nivel de sensibilidad humana, de la historia de la humanidad en su conjunto. Por eso, decidimos hacer aquí un pequeño homenaje a una persona singular.

En otro ensayo titulado “Ensayo sobre cómo nutrir la vida”, trata un asunto muy frecuente en la literatura taoísta: la longevidad. Sostiene que para poder llegar a ser sabio y de larga existencia, uno debe desapegarse de las cosas materiales, de los placeres, de una vida mundana, sumergiéndose en una meditación, ejercicios, respiración pausada, dieta frugal y equilibrada, además de una vida contemplativa.

Xiang Ziqi en este punto sirve como operación dialéctica para contra argumentar lo dicho por Xi Kang. Xianq es vicepresidente de la Cancillería Imperial y sostiene que toda esa vida es pasiva y que no está demostrado que una dieta frugal, ejercicios y respiración sean lo óptimo. Y aquí viene lo más famoso del pensador chino: “Al perseguir con ahínco riquezas y honores, ¿cómo no excederse? Una vez obtenidos, ¿cómo no perderlos?”. Sin embargo, “si la existencia ha sido armonizada, la voluntad se desplegará sin la posibilidad de una frustración dolorosa.”

Lo anterior nos recuerda a las polémicas que protagonizaban los estoicos y epicúreos en la época helenística.

Para finalizar, leamos con atención lo que nos dice Xi Kang: “Quienes poseen un principio rector interno, fuera de toda influencia o manipulación, podrán disfrutar de la felicidad en las cosas exteriores. Incluso sin tambores ni campanas, su felicidad es completa; colmar nuestros propósitos no significa moverse en carruaje y portar distinciones, como tampoco la felicidad suprema consiste en la satisfacción en los impulsos más groseros. A mi entender, consisten más bien en que estos no nos subyuguen”.

 

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