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Por: Antonio González Vázquez.

Frente a la casa del Doctor Salvador Nava, en la calle de Arista, a unos metros del jardín de Tequis, había una banqueta de adoquines. Ahí me sentaba a esperar noticias de la salud del Doctor.

 La salud de Nava tenía a los potosinos en una incertidumbre permanente y el país estaba atento ante una muy segura calamidad. El entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari también estaba al pendiente: su mente perversa ya trabajaba sobre lo que había que hacer en San Luis sin el Doctor.

Yo era reportero del periódico Momento y desde que se supo de la gravedad de la enfermedad del Doctor, me encargaron que tuviera lista la nota necrológica. Haz un reportaje de la vida y obra del Nava y solo dejas un par de párrafos en blanco para cuando se muera, me dijeron, como quien encarga comprar una cajetilla de cigarros.

Hacia los primeros años de los noventa y huelga decirlo, desde décadas atrás, la prensa potosina se distinguía por su casi total ausencia de crítica: se publicaba lo que el gobierno quería.

Nava se había convertido en un fenómeno periodístico nacional e internacional y más que por otra cosa, los medios locales cubrían lo que ocurría en su entorno por que era inocultable que era un tema de interés público. Como candidato no lo cubrían, salvo para atacarlo, pero como parecía que iba a morir, entonces si tenían listas las primeras planas.

Se esperaba con morbo lo que ocurriría: a qué hora será, qué dirán, quién lo anunciará, cómo será. El humanismo no era uno de los rasgos de la prensa y puede ser que tampoco de los reporteros. De hecho, la mayoría de los reporteros eran priístas ya sea por convicción o conveniencia chayotera.

La cobertura de las campañas para gobernador en 1991 no solamente tenía dividida a la sociedad sino también a la prensa: estaban la prensa nacional y la prensa local; los dignos y los indignos, los críticos y los oficialistas.

Llegaron enviados de La Jornada, El Universal, Excelsior, Proceso, El Norte, Uno Más Uno y otros. Las notas sobre sucesos electorales se publicaban a nivel nacional con la libertad que no existía en San Luis, donde las páginas de los diarios se llenaban con boletines del PRI.

Cuando los enfrentamientos en la plaza de Armas y las mujeres con cacerolas a las puertas de palacio de gobierno, la gente estaba en lo dicho: no dejar entrar a Fausto Zapata al palacio.

Luego, con la Marcha de la Dignidad, Salvador Nava alcanzó la estatura entre los personajes pesados que hacían la noticia. La prensa nacional escribía extensas historias y reportajes acerca del PRI corrupto y del gobierno corrupto y ladrón de San Luis Potosí.

 Cayó Zapata y Nava regresó de la Marcha junto con decenas de miles festejaron en la plaza de los Fundadores y se dio paso a una negociación. Llegó un interino a palacio de gobierno mientras se darían los primeros pasos para quitarle al gobierno la organización de las elecciones.

Con Nava se ideó el primer organismo electoral ciudadano. Yo le seguía cubriendo porque también era corresponsal de la agencia NOTIMEX. La prensa local le dio más espacio y de pronto recayó en su enfermedad.

 Se retiró para cuidar su salud y entonces iba a la ciudad de México a revisar un cáncer al que no había logrado vencer pese a toda su fortaleza y entereza. Era Doctor y sabía que estaba perdiendo la guerra.

Y ahí estábamos, sentados en la banqueta esperando noticias. No nos querían, éramos de la prensa local, aunque algunos ya habían alcanzado cierto respeto porque ocasionalmente lográbamos que nos publicaran algo. Nava sabía reconocer eso y respetaba a los reporteros que llevaban con firmeza su responsabilidad social.

Un día, el Doctor ya enfermo, sin cabello y con una boina cubriéndole la cabeza, accedió una entrevista y me platicó suficiente para poco más de un plana y Momento la publicó. Yo lo veía como derrotado pero al mismo tiempo contento, se le veía en su mirada que su esfuerzo por democratizar a San Luis le enorgullecía, que quería hacer más pero ya no podía.

Se le veía en sus manos y en su mirada que era un hombre bueno, que estaba siempre comprometido con la gente y sabía que tarde que temprano las cosas cambiarían a favor de los ciudadanos.

Alguna vez, llegó Alejandro Caballero a la casa del Doctor y al vernos a varios reporteros comentó entre irónico un reporteril “parecen buitres”. Y lo éramos, no habría noticia más importante que el fallecimiento de Salvador Nava y teníamos que estar al pendiente de eso.

Cuando murió nos tomó a todos sorprendidos. Fue cerca de medianoche. Los primeros en enterarse fueron los medios nacionales y el presidente Carlos Salinas. La noticia cimbró a San Luis y a la nación.

Ya sabíamos que de un momento a otro iba a morir, pero al experimentar esa sensación de dolor colectivo, la tristeza de miles, el luto de todos, fue entonces que se midió realmente la relevancia del suceso. Había muerto un grande a quien la gente quería con el corazón.

Todos los medios locales titular como su principal el fallecimiento. Mi reportaje lo publicaron a una plana y la nota del hecho se la firmaron a un reportero de la nota roja y me sentí como despojado.

Llegó el sepelio y participé en la caminata humana jamás vista en San Luis Potosí. Miles de personas caminaron para acompañar al doctor hasta el panteón de El Saucito, el río de gente era inagotable. La gente oraba, lloraba y gritaba Nava, Nava, Nava: Nava Vive la lucha sigue.

 Estuvieron los políticos más importantes de ese momento en México, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Castillo Peraza y decenas de intelectuales y académicos, líderes de organizaciones sociales, pero sobre todo, la gente que siempre había estado a lado del Doctor.

Cuanta vergüenza de la prensa en San Luis: debió morir Nava para darle los espacios que se merecía antes cuando quería ser gobernador.

 

 

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