Por Victoriano Martínez

Una traducción literal de la palabra timing es sincronización. También se le suele entender como una forma de organizarse y poner plazos a determinadas acciones con la mira puesta en lograr ciertos objetivos.

El gobernador Juan Manuel Carreras López se ha caracterizado por referirse al timing como una estrategia que utiliza para definir acciones conforme, no sólo a circunstancias esperadas, sino también al establecimiento de medidas previas para que la acción resulte más efectiva.

El 23 de agosto de 2016, hace ya casi tres años, en una reunión con organizaciones civiles en la Casa de Gobierno, Carreras López afirmó que su timing para actuar contra los actos de corrupción del entonces alcalde Ricardo Gallardo Juárez que le denunciaron ahí, y los muchos más que ya conocía, dependía de la aprobación de las leyes del Sistema Estatal Anticorrupción.

A tres años, su afirmación se ha traducido en un uso inesperado: el timing como argumento para fingir una “estrategia inteligente” para un propósito al que la ley lo obliga, cuando el tiempo –no su timing– ha demostrado que su objetivo real ha sido más de complicidad para garantizar la impunidad a quien él mismo dijo conocerle muchos más actos de corrupción.

Ese antecedente muestra el uso ambivalente que Carreras López le puede dar a lo que él presenta como su método para enfrentar los conflictos que como gobernador está obligado a atender.

El 31 de agosto renunció a la Dirección de Seguridad Pública del Estado Raúl Alanís Beltrán con un escrito en el que señaló las estrategias en la materia como “por demás fallidas” y acusó al titular de la Secretaría de Seguridad Pública de, entre otras cosas, ocultarle información al gobernador.

En su primera reacción pública el timing carrerista le indicó al mandatario no hacer más pronunciamiento que descartar una posible destitución de Jaime Pineda Arteaga de la SSP y considerar la renuncia de Alanís Beltrán como una mera diferencia de carácter operativo.

Doce días después, de por medio pronunciamientos desde el Congreso del Estado que ratificaron demandas de renuncia del titular de la SSP a los que se agregaron otros sobre la necesidad de aclarar las denuncias de Alanís Beltrán, Carreras López acepta que sí se investigarán esos señalamientos en la renuncia, en contradicción con lo dicho por su secretario de Gobierno cuatro días antes.

Doce días para aceptar tomar en cuenta las denuncias del renunciante con un indeciso “claro, estamos atentos a cualquier tema que se presente en ese sentido” es algo que no puede desligarse de su característico timing carrerista.

La característica ambivalente de aparentar un objetivo apegado al cumplimiento de la ley pero atender realmente a otro hace más fácil suponer que esta nueva expresión de su timing se encamina más a que pase el tiempo sin que nada ocurra… en perjuicio de lo que pudiera corregirse para el combate a la inseguridad.

Es muy probable que Carreras López y Alejandro Leal Tovías en realidad no se contradigan, sino simplemente actúan una contradicción sincronizada al servicio de un timing carrerista que le apuesta al olvido colectivo.