Por Victoriano Martínez

La décimo tercera sesión del Cabildo capitalino mostró los crecientes niveles en la escalada de confrontación a la que la polarización que se vive, como inercia de la que se dio en las campañas para la elección del 1 de julio de 2018, puede llegar.

La confrontación cada vez sube más de tono. Es frecuente encontrar en las actas de Cabildo, prácticamente desde el inicio de la actual administración, enfrentamientos verbales entre regidores perredistas, el alcalde y diversos funcionarios, con acusaciones mutuas.

“Les informo que se ha implementado un circuito cerrado en esta sala de sesiones para mejorar el audio y la transmisión de dichas sesiones”, anunció Sebastián Pérez García antes de iniciar la sesión de la tarde de este lunes.

Paradójicamente, la medida para mejorar el audio no pasó la prueba del griterío que se dio en cuanto, cual clave para comenzar un espectáculo, el regidor Eloy Franklin tomó el micrófono para asegurar que se le impedía el paso a su compañera Ana Rosa Pineda Guel.

Las medidas que mejorarían el audio para que quien sigue las sesiones vía internet, además de enterarse de lo tratado en las reuniones, pudiera escuchar con claridad los agresiones verbales entre los integrantes del Cabildo, escasamente lograron dejar grabadas en video las consignas de quienes principalmente gritaban “Fuera Sebastián”.

El nuevo sistema de audio dejó registro de voces inaudibles con la tonada de consignas que esporádicamente resultan comprensibles como “Que pase la regidora”, “Fuera Sebastián”, “Cárcel a Gallardo”.

Entre imágenes y el estridente murmullo, resultó notorio el nuevo nivel de la confrontación: pasó de ser verbal entre los integrantes del cuerpo edilicio a la movilización, por parte de los dos bandos, de grupos de simpatizantes, voluntarios o a cambio de un estímulo, que este lunes sólo llegaron a vasos, tazas y platos rotos, uno que otro funcionario espantado y mandar la sesión a puerta cerrada.

No es la primera vez que se da una manifestación durante una sesión de Cabildo, pero sí es la primera en la que hacen acto de presencia simpatizantes de los dos bandos, con los riesgos de violencia que se dejan ver.

Una polarización que, fiel a su esencia, provoca que concentren su atención en la animadversión que se tienen entre ellos y se olviden de la razón por la que llegaron a ocupar esos puestos de servicio público.

Una polarización para cuya escalada de riesgo el refranero cuenta con una expresión: Pa´los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo. Una escalada que parece encaminarse a terminar como La Rebelión en la Granja de George Orwell:

Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.