Por Victoriano Martínez

Merecen el beneficio de la duda, pero no todos.

De los 27 que hoy asumen el cargo, 22 llegan al Congreso del Estado por primera vez, aunque sólo para 21 será su primera experiencia en el Poder Legislativo.

Cinco ya fueron diputados locales y el otro diputado federal. En la lógica de J. Carmen García Vázquez, ya cargan la vergüenza de haber sido.

Pero cargan mucho más, por lo que los 21 sin experiencia tendrán que estar alertas para romper la inercia de que cada Legislatura supera a la anterior… como la peor.

Cándido Ochoa Rojas, Beatriz Benavente González, Oscar Vera Fabregat y Rubén Guajardo Barrera, tienen algo que ver con la hoy considerada la Legislatura más corrupta de la historia.

La relación de Guajardo Barrera tiene que ver más con el papel de pionero de la ecuación corrupta. Lo destituyeron en febrero de 2013 como vicepresidente de la Comisión de Vigilancia de la LX Legislatura por negociar con siete alcaldes la limpia de sus cuentas públicas, al más puro estilo descrito por Enrique Flores en el video escándalo del 12 de junio de 2017.

Cuando perredistas, panistas, priístas y verdecologistas integraron el grupo de los Broncos en la Legislatura que hoy termina, se vio clara la mano de Cándido Ochoa Rojas.

Cuando tres broncos acudieron con José de Jesús Martínez Loredo, entonces Auditor Superior del Estado, para presionar por la eliminación de observaciones sobre la irregular compra de medicamentos por parte de Ricardo Gallardo Juárez a Sandra Sánchez Ruiz, se vio el alcance de aquella intervención.

Dos precedentes que perfilaban la existencia de lo que Flores Flores describió con detalles y que finalmente quedó bautizado como la ecuación corrupta, con Cándido Ochoa Rojas como la sombra que todo lo cubría.

Vinieron después los casos que mostraron las dimensiones de la cloaca: 20 denuncias penales contra diputados por simular entrega de ayudas de gestoría y utilizar empresas fantasma para justificar gastos.

Como oficial mayor, Beatriz Benavente Rodríguez difícilmente pudo ignorar aquellas maniobras y habría desatendido los párrafos tercero y quinto del artículo 48 de la Ley de Responsabilidades Administrativas, vigente desde el 19 de julio de 2017, y que sustituyó a la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicas, que incluía una disposición similar.

Como parte de la LXI Legislatura, Vera Fabregat –además de incurrir en faltas similares a las de Benavente Rodríguez– llega a la LXII Legislatura con el estigma de ser uno más de los integrantes de la Legislatura más corrupta de la historia.

Los otros dos que cargan la vergüenza de haber sido, Sonia Mendoza Díaz y Eugenio Govea Arcos, también tienen en su haber historias que los acercan más a los otros cuatro experimentados, que a quienes todavía merecen el beneficio de la duda.

Seis a quienes la sociedad debe vigilar con especial atención.

Seis de quienes deben cuidarse los otros 21 para no ser contaminados con los precedentes que cargan.

Seis con capacidad para mantener el círculo de las malas Legislaturas, porque su principal experiencia es anteponer los intereses personales y de grupo a los de la sociedad.

Seis que representan a la clase política que hoy desacredita a toda la administración pública.

Seis que se volverán el principal obstáculo para que los otros 21 trabajen efectivamente por el rescate de la dignidad institucional del Congreso del Estado.

Hoy comienza la LXII Legislatura.

 

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