Por Antonio González Vázquez

Hoy después del mediodía se cumplen cien horas desde que Edgar Daniel, fotógrafo de prensa, fue sacado de su casa para ser ejecutado. Por supuesto, el crimen está impune. Ayer lo sepultaron y antes se realizó una emotiva ceremonia de cuerpo presente en la Basílica de Guadalupe. Tristeza y dolor, mucho pesar y lágrimas.

Ha dejado huérfana a una nenita de solo siete meses de edad que se llama Daniela y ha dejado viuda a su esposa, Citlali.

De entre todo lo que más ha lastimado la ejecución del foto periodista es el hecho de que se queda una familia desamparada; una niña que crecerá sin su padre y una esposa que añorará su presencia, amor y cuidados.

Es decir, lo más doloroso es que queda una familia rota.

Más allá de las repercusiones que ese crimen deja en el oficio periodístico, es evidente que el mal mayor está en el hueco que Edgar Daniel deja en su familia, pues en su casa, sus padres también sufren.

Esto es precisamente lo más grave que resulta de estos días y estos años de violencia desenfrenada: cientos y miles de víctimas indirectas indefensas, dolidas e indefensas.

No hay nada que se compare con la muerte de un ser querido en una circunstancia de brutalidad y salvajismo. Las víctimas del crimen organizado e incluso de los cuerpos policíacos se cuentan por miles, pero si se considera a las víctimas indirectas, el número de mexicanos tocados por la violencia debe ser estremecedoramente alto.

Al día de hoy, hay más de mil 100 potosinos asesinados en dos años. Si cada uno dejo familia propia y la familia de sus padres y contando a sus hermanos y familiares tal vez hasta el tercer grado, entonces estamos hablando de decenas de miles de víctimas indirectas de la delincuencia.

Por supuesto, instituciones como la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas no deja de ser un mal chiste. De dar pésames y abrazos, esa costosa institución no hace nada, sino solo simular que el Estado atiende a las Víctimas.

Desde el primer momento, el gobernador Juan Manuel Carreras ofreció que no habrá impunidad y lo mismo prometió el Procurador Federico Garza, pero ya son cien horas y nada. La circunstancia especialmente grave del caso de Edgar Daniel obliga a ir más de prisa.

Pero en ese ambiente de duelo, algo que llama la atención es el hecho de que el presidente municipal de San Luis Potosí ni sus luces. Su ayuntamiento debería poner más cuidado en lo que sucede en la colonia Julián Carrillo. Solo que diga que a su policía municipal no le corresponde nada de lo que sucede en las colonias.

En la Julián Carrillo, donde vivía Edgar Daniel, también asesinaron a un policía estatal, todo en cuestión de horas. El edil no debería cerrar los ojos a lo que pasa en la ciudad que gobierna, pues ya es más insegura de cómo estaba cuando empezó a gobernar hace dos años.

No hay margen de maniobra, urge acelerar el paso, es por eso que la Procuraduría General de la República ya se hace cargo de las investigaciones del crimen del foto periodista.

El Procurador Garza Herrera informó que ya se encuentran en San Luis Potosí un equipo federal de la PGR integrado por dos Ministerios Públicos, 4 agentes de la Policía Ministerial Federal y personal de apoyo, para trabajar en las investigaciones.

Por lo pronto, el personal de la federación ya se constituyó directamente en la escena del crimen y embalaron algunas evidencias, por lo que estarán trabajando en nuestra entidad el tiempo que sea necesario para esclarecer este lamentable hecho.

Claro que la PGR tampoco es garantía, pero es todo lo que hay, ya no hay más.

 

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