Por Antonio González Vázquez

La renuncia de José de Jesús Martínez Loredo a la titularidad de la Auditoría Superior del Estado es lo de menos, así como también es lo de menos que Enrique Flores renuncie a su militancia en el PAN. Lo que importa es que se les castigue y se les ponga ante un juez y que éste les juzgue.

Pero no son los únicos que deberán enfrentar procesos legales, solo deberían ser los primeros, no los únicos.

Ya con el caso de Panavi, Óscar Bautista había dado de qué hablar como promotor de un acto de corrupción mayor a los 200 millones de pesos. El cochinero que impulsaba bajo el auspicio del alcalde Ricardo Gallardo se trunco porque no les alcanzó para comprar las voluntades suficientes.

Ahora, exhibido como uno de los promotores más influyentes de los moches y parte fundamental de la mafia legislativa, Bautista debería ser presentado ante un juez para que responda de lo dicho por Enrique Flores.

Pero también José Guadalupe Torres Sánchez, el hombre de confianza de Ricardo Gallardo en el Congreso. Fue gracias al perredista que en la Auditoría Superior del Estado consideraron innecesario revisar el destino de más de 70 millones de pesos de la compra de medicamentos a una tal Sandra Sánchez Ruiz.

Se trata de especialistas de la truculencia.

Por eso no basta con que dimitan a un cargo o dejen una militancia, eso no significa gran cosa.

Y Manuel Barrera y Fernando Chávez y José Luis Romero Calzada y Sergio Desfassiux, todos entran en el mismo saco.

Renunciar para esa clase de gente no representa nada porque en buena medida ni pena tienen. Lo que hace falta es hacer lo necesario para que pisen y duerman en la cárcel, solo de ese modo se podrá tener esperanza de que es posible que la ley se imponga a los corruptos.

Desde el caso Panavi y luego con el video de los moches queda claro que los políticos y sus partidos han entrado en una confrontación abierta en la que todos se acusan de todo, lo cual no está mal, pues la ciudadanía podrá ir ya evaluando el nivel ético de muchos que ahora están en el poder público..

Que se digan sus verdades, que convivan en el basural, que se llenen y se atasquen de lodo que es eso lo que mejor saben hacer.

La gente ya los conoce mejor.

No es que Panavi y los moches nos asombren por las conductas indignas que han mostrado, de eso ya sabemos bastante, lo que asombra es que cada vez sean más cínicos y que sean capaces de superarse a si mismos en su podredumbre.

Por ejemplo, en su renuncia a la ASE, el auditor Martínez Loredo soltó una joya de cinismo que bien dibuja a los políticos potosinos: “me retiro de la administración pública porque ha concluido mi ciclo…jamás me involucre en acto de corrupción alguno  y confío en que el equipo de personas  que colaboraron conmigo tampoco lo hicieron”.

Más cinismo, imposible.

Pero el cinismo aun va más lejos. En el Congreso del Estado quieren hacer creer a la gente que cambiando a los integrantes de la Comisión de Vigilancia todo va a cambiar y en adelante todo será pureza y cielos azules y soleados.

¿Qué diferencia hay entre José Guadalupe Torres y Graciela Gaitán?, ninguna, los dos tienen un mismo jefe, el alcalde Gallardo.

 

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