Por Antonio González Vázquez

Los jaguarcillos son autos deportivos armados parte por parte, con paciencia tibetana en Inglaterra. Tiene razón quien diga que los jaguarcillos son viejitos puesto que la empresa inglesa tiene ochenta años de existencia. Su orgullo son los finísimos motores que ofrecen velocidades más allá de los 300 kilómetros por hora. Son tan rápidos que cuando se proponen ganan la histórica carrera de LeMans.

Tener un jaguarcillo da estatus incluso a quien no sabe que significa eso, pues además de ser emblema de lujo y exclusividad, da categoría de temerario y audaz a quien se pone al volante.

Como el temible y deificado jaguar que vivía en las zonas selváticas mexicanas, el jaguarcillo es un auto reconocido porque “es poderoso y silencioso a la vez”, aunque a decir verdad, también la historia ha colocado al felino como un “depredador”.

El auto británico se llama Jaguar por esa razón: es poderoso y silencioso como un depredador. La silueta del formidable jaguar en plena carrera está en el capo de cada vehículo que se construye desde 1951.

Da el caso que con el paso de los años que luego se han convertido en décadas, los jaguarcillos han alcanzado el nivel de autos de colección según su modelo y motor, de tal modo que un auto de 1960 o uno de 1970 puede ser más costoso que un modelo 2017.

Digamos que los jaguarcillos son auténticas joyas de colección por los que se puede llegar a pagar una fortuna. La lógica es simple, mientras más antiguos, más extraordinarios y por tanto más caros.

En fin, quien tenga un jaguarcillo descapotable debe pagar solamente 96 mil 900 dólares; se trata de un jaguarcillo algo sugerente pues según la empresa se trata de un auto con “mirada retadora y líneas suaves”.

Ahora que si busca un jaguarcillo más modesto porque es fundamental estar de lado de la austeridad, está uno denominado R-Sport de tan solo 56 mil 900 dólares.

Por cierto, a favor de mantener intacta la autoestima del jaguarcillo, conviene tener un vocho a su lado, así se siente más y más grande, como lo que es, un poderoso depredador.

La buena noticia para todos luego de que se ha dicho que México está eliminando la pobreza y que en San Luis se redujo hasta en tres por ciento la extrema pobreza, conviene decir que ya cualquiera puede sentir el placer de la velocidad con un jaguarcillo; en el Mercado Libre se encuentran desde los cien mil pesos un modelo tipo sedan 2002 o bien, un deportivo coupe en un millón 400 mil pesos.

Hay para todos los gustos y bolsillos. No se crea que un jaguarcillo lo podría tener sólo uno de cada cien mil potosinos.  No, por fortuna San Luis va y va bien, tan  es así que un alcalde puede darse el gusto (que no lujo) de tener su Jaguar y de cariño, llamarlo jaguarcillo.

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