Por Victoriano Martínez

Cuando se aprobó la Ley de Transparencia hoy vigente se abrió un amplio espectro de esperanza sobre un gran avance en el derecho de acceso a la información pública: se amplió el catálogo de información que las dependencias debían difundir de oficio como algo que hacía prever una mayor apertura de los archivos de la administración pública.

Cuando la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública presentó la Plataforma Estatal de Transparencia (PET), no sólo se derrumbaron las expectativas, sino que el órgano garante demostró una enorme capacidad para simular mayor apertura con presuntas ventajas de la tecnología, que en los hechos encerraron en un laberinto informático la información pública.

Un ejemplo. Si se quiere conocer los cheques emitidos por la propia CEGAIP, se requiere entrar a la PET, recorrer los 14 pasos para lograr el documento con el listado del mes anterior (si ya está disponible), y después retroceder tres pasos para consultar el mes previo y recorrer los siguientes, y así hasta completar los listados mensuales de todo el año.

Para entonces, se habrán descargado en la PC cuando un archivo Excel por cada mes, con el mismo nombre y sólo se podrán distinguir en la carpeta de descargas por un número dentro de un paréntesis que indica las ocasiones en que los archivos con el mismo nombre se repiten.

Cada usuario se las tiene que arreglar para que ese galimatías llamado PET resulte manejable después de horas de descargas y archivos repetidos. Y es que la consulta de los cheques de cualquiera de las casi 300 dependencias descarga archivos con el mismo nombre. Y así ocurre con cada obligación de transparencia.

Las obligaciones de transparencia se ampliaron, pero la CEGAIP se encargó de pulverizarlas a tal grado que su consulta resulta compleja con una desventaja adicional: una vez descargado el formato que presuntamente contiene la información, al abrirlo bien puede contener únicamente aclaraciones como “no se genera”, “no aplica”, “se encuentra en proceso”.

La otra vía para consultar información sin tener que recurrir a una solicitud y esperar los plazos de respuesta es la consulta a las solicitudes de información ya atendidas a través de la Plataforma Nacional de Transparencia, de la que sigue operando la versión Infomex-SLP.

Hasta el pasado 17 de septiembre era una vía accesible, en la que con el envío de una sola consulta se podía ver el panorama completo de las respuestas proporcionadas por las 283 dependencias que ahí operan.

¿Será que a la CEGAIP le preocupa que cualquier persona pueda consultar información pública con procedimientos sencillos? Con las obligaciones de transparencia creó una plataforma tan compleja, que lo único que mostró con toda transparencia es su vocación por la opacidad.

Entre el 14 y 17 de septiembre, la CEGAIP cerró Infomex temporalmente para “hacer mejoras”. Y, en efecto, confirmaron su vocación por la opacidad porque fue en esa vía en la que lograron mejorar el sistema: ahora es más opaco y dificulta la consulta de información exponencialmente.

Bastaron tres filtros, que de ser opcionales los convirtieron en obligatorios, para que lo que antes los usuarios podían saber en una sola consulta, ahora, para saberlo, necesitan realizar… ¡2,547 consultas!

Todo indica que los comisionados de la CEGAIP, lejos de garantizar el derecho de acceso a la información pública, se esfuerzan para alejar a la ciudadanía del ejercicio de un derecho tan fundamental.

 

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