Por Victoriano Martínez

Si algo han demostrado los diputados de la actual Legislatura es la nula intención de diferenciarse de sus antecesores, a pesar de que se fueron con el estigma de haber sido la legislatura más corrupta de la historia.

El caso emblemático de esa corrupción fue precisamente el que en su denominación lleva el concepto: la ecuación corrupta.

No fue el único con tintes de escándalo. El caso Panavi con los recesos en las sesiones para mejorar las ofertas en la compra de voluntades, la fraudulenta entrega de apoyos sociales ficticios con el uso de facturas de empresas fantasma, el borrón de las observaciones de la Auditoría Superior del Estado (ASE) a la cuenta pública de Ricardo Gallardo por el caso Sandra Sánchez Ruiz y más.

En todos esos casos, y en los que pasaron inadvertidos públicamente, tuvo que darse un entramado de complicidades que se tejió con base en una práctica de la que, desde el inicio de la actual Legislatura, los diputados que llegaban a hacer las cosas diferentes echaron mano: el reparto de posiciones por cuotas.

Cuota tomada, complicidad garantizada. Un juego de cuotas que sólo funciona por la opacidad que les exige el ser cómplices.

¿Hasta dónde alcanza esa confabulación? Los casos de escándalo de la Legislatura pasada son sólo una muestra de lo mucho más que puede haber.

La ecuación corrupta dejó ver la utilidad de las cuotas en la ASE. El caso de las empresas fantasma hizo lo propio con las cuotas en las áreas administrativas (Un ejemplo de la actual Legislatura: la propuesta de recuperar por la vía de apoyos legislativos la reducción salarial sin que se notara porque la Coordinación de Finanzas haría las maniobras contables necesarias).

Cuotas tomadas, obligaciones olvidadas. Atender a las cuotas antes que a las funciones que en los cargos se deben cumplir en la administración pública anula la posibilidad de que los puestos sean ocupados por quien mejor los puede desempeñar para abrir el paso a quienes mejor sirven a las complicidades traidoras de la representación popular.

Con reparto de cuotas comenzó, igual que todas, la actual Legislatura. No es de extrañar que ahora que se abrieron nuevas plazas con la Unidad de Evaluación y Control de la Comisión de Vigilancia, reapareciera la rebatinga por las posiciones.

La Junta de Coordinación Política mostró su real vocación como Junta de Cuotas Polítiqueras, y ya se repartieron las posiciones de nada menos que la Unidad que será enlace con la Auditoría Superior del Estado. Un elemento casi mandado hacer para facilitar el trabajo que magistralmente describió Enrique Flores en el video publicado el 12 de junio de 2017.

El reclamo de la diputada Marite Hernández Correa, quien como presidenta de la Comisión de Vigilancia tendría que estar al tanto de la integración de la Unidad para cuidar su correcto funcionamiento, es claro indicador de que en la Jucopo convertida y Jucupo se cocinan operaciones muy similares a las de la anterior Legislatura. Más aún si tiene que ver con cuentas públicas.

Si las cuotas en la opacidad marcaron un mal inicio de la actual Legislatura, hoy abren la sospecha de que ya superaron a sus antecesores, no sólo con las mismas prácticas, sino con peores, por una mayor capacidad para mantenerlas ocultas.