Alejandro Rubín de Celis

Nadie pensaba que Ricardo Gallardo Cardona dejaría al PRD y menos cuando ocupaba la posición de coordinador parlamentario de su partido en la Cámara de Diputados ─aún cuando lideraba una de las fracciones más disminuidas y con menor fuerza política─. Pero el pragmatismo y el intento por evadir a la justicia y fortalecerse políticamente junto con los suyos valían más que dejar a un partido en desgracia.

El ex alcalde de Soledad ─que argumentó que su renuncia y la de sus compañeros fue para poder votar libremente, sin recibir línea de los dirigentes del que fuera su partido─ queda como coordinador de un grupo de legisladores “independientes”, apenas integrado por los nueve que salieron del PRD, pero suficientes para darle al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) los votos que necesita para alcanzar mayoría calificada en las reformas a la Constitución.

Y ya dieron el primer paso al votar a favor de la reforma constitucional que amplía el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva.

Conociendo su pragmatismo y su afán de evadir a la justicia ─por eso buscó primero ser candidato a senador y después a diputado federal, para tener fuero, antes de lo cual obtuvo un amparo contra “actos privativos de libertad”, sabedor de que la justicia aún lo perseguía─, Gallardo Cardona, y quizá algunos más de los que renunciaron a la bancada perredista, buscan negociar impunidad, sobre todo para cuando dejen la diputación, a cambio de apoyar las iniciativas legales de Morena, que en buena medida son las el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

La sospecha de usar como moneda de cambio votos legislativos por impunidad no es producto de la imaginación de los analistas, es el resultado de la trayectoria de un joven político que, junto con su padre, Ricardo Gallardo Juárez, ha incurrido en tráfico de influencias, presumibles actos de corrupción, y ha amasado, de la mano de su progenitor, una enorme fortuna, todo lo cual han sido bien documentada y difundido en los últimos tres años; y porque legisladores de Morena ya demostraron que son capaces de incurrir en la inmoralidad política con tal de conseguir los votos que necesitan para sacar adelante sus iniciativas.

Ahí está el caso de los cinco diputados del Partido Verde que en septiembre pasado se cambiaron a la fracción de Morena en la Cámara Baja a cambio de que el Senado aprobará la licencia para que Manuel Velazco regresara a Chiapas a terminar su periodo constitucional como gobernador.

El posible intercambio de favores también lo señala el dirigente nacional del PRD, Ángel Ávila Romero, quien conoce de las andanzas políticas de  los que renunciaron a su partido y ha advertido que la dimisión obedece a que estos personajes buscan evadir la acción de la justicia para no enfrentar las acusaciones por corrupción que pesan en su contra y de algunos de sus allegados.

Con un PRD muy disminuido a nivel nacional y más reducido aún en el ámbito local ─con amplias posibilidades de desaparecer─ Gallardo Cardona y su padre le apuestan a acercarse a Morena y a AMLO ─aunque este último los haya llamado mafiosillos─ y hasta pedir disculpas por haber cuestionado sus iniciativas y sus acciones, primero como candidato y luego como Presidente, con tal de negociar impunidad y tener alguna oportunidad de rescatar espacios de poder en las elecciones de 2021.

Los Gallado no tiene posibilidades de crear un partido político estatal con miras a las elecciones de 2021, están fuera de tiempo. El artículo 11 de la Ley General de Partidos Políticos, en su fracción primera, establece claramente que para tramitar el registro de un partido político local se debe “informar tal propósito a la autoridad que corresponda” en el mes de enero posterior a la elección de gobernador, de ahí que el periodo anterior para tal efecto fue enero de 2016 y el siguiente será enero de 2022.

Por ésta y otras causas relacionadas con su negro pasado, seguramente han preferido buscar la reconciliación y aliarse con Morena y con AMLO, luego de considerar que pueden negociar el perdón judicial para ambos y algunas posiciones políticas, a cambio de apoyar al candidato de Morena a la gubernatura de San Luis Potosí.

Ricardo Gallardo Cardona, que es el que aún tiene un cargo público, hará lo que pueda y moverá las pocas influencias que le quedan ─pues también hay que decirlo sus habilidades políticas son muy limitadas─ con tal de salvar el pellejo en el futuro y también el de su papá, sobre quien ya pesa una demanda en la Fiscalía General de la República ─la Fiscalía estatal se declaró incompetente─ por la compra irregular de medicamentos a Sandra Sánchez Ruiz, y otra denuncia ante la misma instancia federal por el cambio de uso de suelo a un predio de su propiedad ubicado en un Área Natural Protegida, al tiempo que ya se anuncia que vendrán otras demandas contra el exalcalde de la capital por sus excesos, su opacidad en el servicio público, y por mal manejo de recursos públicos.

Recibir a Ricardo Gallardo Cardona en las filas de Morena, negociar con él en la Cámara de Diputados, o aceptar una alianza electoral a cambio de impunidad para el hoy diputado federal y los suyos, podría significar un severo revés para ese partido en las elecciones del 2021 en San Luis Potosí, dado el enorme desprestigio de ambos.

Ha habido ya señales ominosas de diputados y senadores lopezobradoristas que se han acomodado a viejas prácticas de hacer política, como simular una reducción salarial significativa, incurrir en nepotismo o negociar en lo oscurito; o la transferencia de diputados del Verde a Morena en la Cámara Baja; y ahora aceptar el apoyo de los diputados “independientes” para que se aprobarán los nuevos delitos que merecen prisión preventiva.

Están en juego, pues, principio y valores democrático que han presumido Morena y López Obrador y que no siempre se han honrado. Veremos si el partido en el poder y su líder, ahora como Presidente de México, tienen realmente y ─lo demuestran─ la suficiente fuerza moral para rechazar negociaciones a futuro con los Gallardo, personajes que han sido ampliamente repudiados por la población al menos desde el año pasado, como quedó demostrado en la elección municipal con la aplastante derrota de Ricardo Gallardo Juárez.

Moralidad o pragmatismo, ése es el nombre del juego.