Por Victoriano Martínez

¿Los fantasmas existen?

Si espantan, algún tipo de existencia habrán de tener.

¿Las empresas fantasma existen?

Si resultan tan útiles para hacer pasar el erario a manos privadas, su existencia es mucho más real que la de aquellos.

Y sus huellas también.

Que estén debidamente constituidas ante notario no garantiza que su existencia no sea simulada.

Que emitan facturas con apariencia de validez, tampoco.

Que los diputados aleguen que sí hicieron sus informes y hasta fotografías y videos tienen, no es evidencia suficiente cuando el Congreso del Estado, y ellos mismos, cuentan con equipo y personal para la organización de tales eventos.

Que los alcaldes y otros altos funcionarios inauguren obras, tampoco es suficiente si a la vuelta de unos días se revelan los vicios ocultos que –tratándose de obra pública– ya son preocupantes adicciones ocultas.

Que un organismo descentralizado adquiera camiones cisterna o tipo grúa usados se vuelve evidencia, pero de compras simuladas cuando el valor de la factura tiene poca congruencia con la condición de las unidades.

Las evidencias que suelen presentar, tras una larga experiencia en la que han sembrado y cosechado a pulso la desconfianza ciudadana, quedan reducidas a mera escenografía para sus actos de simulación.

La simulación está emparentada con lo falso, y una de las acepciones del término fantasma es “aquello que es inexistente o falso”.

La existencia de las empresas que hoy han facturado a los diputados para sus comprobaciones de gastos, a las alcaldías para reportar presuntas obras o al Interapas para adquirir camiones cisterna o tipo grúa es altamente dudosa.

Facturan lo que no se ve o lo que poco tiene que ver con la obra o servicio cobrado, y se presentan para generar una visión quimérica muy emparentada con lo fantasmagórico.

Esa visión que buscan generar confirma su falsedad cuando en un ejercicio de verificación periodística de la información se acude a sus domicilios fiscales y se encuentra que no hay relación de éstos con aquellas.

Inexistentes y falsas. Son las dos características que el tipo de empresas hoy muy favorecidas por los funcionarios públicos porque los más favorecidos resultan ser ellos mismo, comparten con los fantasmas.

Se ha generalizado tanto esa práctica en la administración pública, que urgen más caza-empresas-fantasmas como los que hasta hoy han logrado revelado los indignantes casos del Congreso del Estado, alcaldías y organismos como el Ipicyt o el Interapas.

Porque para los fantasmas no hay barreras, y como empresas, sus indicios están en toda la administración pública… con áreas en las que resultan más difícil de ser detectadas.

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