Antonio González Vázquez

El presidente de la Comisión Nacional de Ética, del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, José Antonio González Fernández se aventó antier una puntada de época.

Por si el título de la Comisión que encabeza no fuera ya de mal gusto y un auténtico chiste, tuvo la deschavetada ocurrencia de afirmar que los partidos políticos en México no son corruptos.

No contento con afirmación tan lapidaria para una nación que ha sufrido y sufre a diario a los corruptos que surgen en los partidos y luego se enquistan en las instituciones públicas, dijo en tono profesoral que al PRI lo pueden acusar de todo, menos de corrupto y deshonesto.

Patético.

Con razón su partido, a menos de cincuenta días de las elecciones presidenciales, tiene ya un pie afuera de Los Pinos.

Si de algo no se puede jactar el PRI a través de su historia, es precisamente de arropar los valores de la ética y la honestidad.

González Fernández lanzó una joya convertida en escupitajo: “queremos decir con convicción que nos  podrán tachar de lo que quieran, pero no de  corruptos, de deshonestos“.

Tal sandez es un monumento del tamaño de la Casa Blanca de La Gaviota. No ha lugar a dichos como ese cuando de manera cotidiana se presentan nuevos casos de corrupción, como la Estafa Maestra, el socavón en Cuernavaca, la casa de 500 mil dólares de Videgaray, el plagio de Peña Nieto de una tesis para titularse, los gobernadores Javier y César Duarte, Eugenio Hernández y muchos, pero muchísimos más.

Además de corruptos y deshonestos, mentirosos.

Según González Fernández, “hoy el PRI vive una campaña que se fortalece día con día, pues no existen escándalos que manchen el camino del candidato que hoy lleva los colores del PRI”.

Y para rematar en un estilo sobradamente cursi, oficioso, meloso e inquietantemente insano, aseguró que “Meade es el hombre más prístino, capaz, competente, honesto, de valores; es un agasajo, verlo, oírlo; vale la pena“.

Definitivamente en el PRI no tienen remedio. El dinosaurio está al borde del abismo y parece no darse cuenta.

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