Oswaldo Ríos Medrano

El video en que el diputado Enrique Flores acusó a sus compañeros Guadalupe Torres, Óscar Bautista y Manuel Barrera de conformar (incluyéndose a sí mismo) una perfectamente coordinada red de extorsionadores y “limpiadores” de cuentas públicas a cambio de dinero sucio, desató una indignación ciudadana y un asco social sin precedentes en la historia de San Luis Potosí. Este pueblo nunca había visto tan de cerca el deforme rostro de la corrupción. Abrir esa rendija y permitir la mirada del ciudadano en los espacios en que algunos políticos se comportan como gánsteres, dejará una imagen imborrable en la memoria de todas y todos.

 

Fumando en una oficina gubernamental (para ellos toda norma debe pisotearse); sonriendo cínicamente como quien cuenta un chiste; familiarizado con los “moches” como el carnicero con el olor a vísceras; falsamente empático, como el delincuente que amaga a su víctima con una navaja y al final le pide que le agradezca que nada más la robó y no “la picó” porque “amaneció de buenas”; con la parafernalia fríamente calculada: algunos retratos a la espalda, una inmaculada camisa de cuello blanco, una corbata colorida, un nombramiento como abogado barrista en la pared y la estatuilla metálica de un caballo a galope (quién sabe si un recuerdo de los Broncos o el puro gusto por los caballos finos). Todo está montado para hacer parecer “honorable” al diputado que en cuanto empieza a hablar, hace saber que lo único que no hay en esas cuatro paredes es honor.

 

Muchas veces he dicho que estos son tiempos de canallas en los que pareciera que los malos siempre ganan. Esto se debe a la prostitución de la palabra, a la desfachatez de los políticos corruptos, a sus complicidades mafiosas y a la aplastante impunidad que hasta la fecha se mantiene intocada. En cualquier otro lugar, estos cuatro individuos habrían sido destituidos ipso facto, enfrentarían un proceso penal en prisión y nunca volverían a ocupar un cargo público, pero esto es México y penosamente, el grave escándalo fue tan estruendoso como inservible.

 

La indignación ciudadana no pudo transformarse en acciones eficaces porque sencillamente las instituciones públicas que nos representan y que deberían tomarlas, están dominadas por una clase política atrofiada: algunos son tan impresentables y deshonestos como los aludidos en el video; otros, tan pusilánimes que viven en permanente estado de parálisis por miedo a quedar mal con alguien; otros más, acomodaticios al punto de guardar silencio ante las porquerías; y unos pocos que se atreven, no lo hacen con la energía, ni tienen la fuerza que se necesita para frenar estas abominaciones.

 

Lo único que ha provocado este salpicadero de estiércol es la habitual simulación de hacer algunos cambios para que todo siga igual. Recapitulemos juntos.

 

Después de la divulgación del video, Enrique Flores actúo como solo él sabe hacerlo, como el Rey del Cinismo. Negó todo lo que dijo e insultó la inteligencia de todos, decretando que era mentira lo que millones vimos y escuchamos. Por su pura verborrea, esos “putos cínicos” de Barrera, Torres y Bautista se convirtieron en “intachables personas” y el presidente municipal Crispín Ordaz pasó de “amigo que me ha ayudado” a “alcalde corrupto”. Hablando con la autoridad moral y la impecable trayectoria que solamente él se reconoce, Enrique Flores reaccionó evidenciando aún más su falta de escrúpulos y elevando la apuesta. Sin el estorbo de los principios, actúo como quien sabe que en la política de este tiempo lo que importa no es el prestigio, sino mantener los privilegios al costo que sea.

 

Por eso, antes de que el PAN lo expulsara y perdiera la condición (formal) de integrante del grupo parlamentario, fraguó una estratagema para renunciar a la coordinación de la fracción y dejarla acéfala, haciendo mayoría con Héctor Mendizábal, Mariano Niño y Jorge Luis Díaz para imponer a este último como jefe de bancada y presidente de la JUCOPO. Si no lo hacía, una vez expulsado no podría votar para dejarle el cargo a su compadre. Con su incondicional al frente del órgano de gobierno, Flores tendrá todos los beneficios de administrar el dinero del Congreso, pero sin las molestias de tener que dar la cara.

 

Una vez que Díaz tomó protesta como presidente de la JUCOPO, la militancia panista ya no era útil para Flores y antes de ser echado del PAN, decidió adelantarse y presentó su carta de renuncia. Emborronando una cuartilla con una catilinaria pseudomoralizante, Enrique Flores pretendió responsabilizar al “conflicto interno” de su salida. No, no se fue porque hay divisionismo en el blanquiazul (ese es aparte), se largó porque se cansó de lucrar con todo lo que pudo y lo hizo hasta que fue descubierto. Pocas personas le han hecho tanto daño al PAN. Todavía al final, tuvo tiempo de usar la carta de renuncia para intentar limpiar su suciedad en el partido, allá los panistas si se quedan callados ante la afrenta.

 

¿Y los otros miembros de la “ecuación inmunda”? Bautista está en el PRI y sabe que a los únicos corruptos que ahí se castiga es a los que caen de la gracia de “arriba” y él está perfectamente protegido por Juan Manuel Carreras. Nada le pasará porque sabe demasiado y además sabe lo importante: ninguno de los diputados priístas puede arrojarle la primera piedra.

 

Manuel Barrera es dueño de la franquicia Verde y obviamente en su partido nadie le exigirá cuentas. Por eso puede darse el lujo de utilizar a Industriales Potosinos A.C. para que le extienda certificados de inocencia (que su presidente Guillermo Aldrete haya sido funcionario de la SEGAM no tiene nada que ver, es mera coincidencia).

 

Guadalupe Torres está protegido doblemente. Por Ricardo Gallardo que lo hizo diputado y por Cándido Ochoa que lo hizo como es. Pero además no tiene de que preocuparse, porque si no bastara con esos seguros de impunidad, hay que recordar que impuso a Rosa María Ruiz como contralora interna de la Auditoría y gracias a ello, tendrá amagado a quien elijan para el triste papel de auditor alcahuete.

 

En la Auditoría Superior, José de Jesús Martínez Loredo presentó su “renuncia por motivos de salud” (la corrupción es un cáncer que mata a la sociedad). Sin embargo, la salida del auditor de ornato, es tan inútil como la renovación de la Comisión de Vigilancia. Por si usted no lo sabía, los informes de las cuentas públicas (realizados bajo el esquema de corrupción y chantajes difundidos en el video) fueron firmados por los diputados salientes y entregados para su aprobación sin moverles una coma. Si el Congreso va en serio en tratar de “combatir la corrupción” (no solo como acto de demagogia al estilo Fernando Chávez), deberá votar en contra la totalidad de los informes de cuenta pública y ordenar que se realicen nuevamente, pero esta vez por funcionarios probos y sin “moches” de por medio, o por la Auditoría Superior de la Federación. Para lo primero, necesitan nombrar a un auditor honesto y de trayectoria intachable, que no sea susceptible a la presión de los partidos y que no tenga miedo de denunciar y confrontar a las ratas de dos patas que pululan en el Congreso y los ayuntamientos. Algo imposible, pues.

 

¿Por qué esta crisis en lugar de ser una oportunidad para limpiar la casa terminó siendo pura simulación y alharaca? Porque en San Luis Potosí, los vacíos de poder que deja un gobernador que solo se dedica a correr, los ha llenado una runfla de voraces que pudren las instituciones y usan el poder para enriquecerse y apuntalar sus proyectos personales. ¿Cómo identificarlos? Enrique Flores nos dio una pista, dijo: “esto es un cagadero”, y sí, son esos que huelen a mierda. Ellos mandan. Los señores del cagadero.

 

Twitter: @OSWALDORIOSM

Mail: oswaldo_rios@yahoo.com

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