Antonio González Vázquez

La elección municipal en la capital toma día con día un nivel de presión que en breve puede convertirse en un proceso de alto riesgo.

Aun no hay candidatos validados por la autoridad electoral y de hecho, aun no arrancan las campañas y, la tensión crece de manera alarmante.

Si hoy dieran inicio las campañas por el ayuntamiento capitalino, su marco no sería el de la civilidad sino el de la confrontación directa con tintes de provocación mutua.

De hecho, son dos fuerzas las que están ya metidas hasta el cuello en esta inusual dinámica del conflicto vía acusaciones de corrupción.

Aun no hay campañas y el campo de batalla a través de los medios de comunicación ha sido tomado por la corriente navista que impulsa a Xavier Nava Palacios y el PRD que cobija al gallardismo y que va por la reelección de Ricardo Gallardo Juárez.

Desde hace tiempo que ambos grupos se acusan y se denuncian; lo hacen en distintos tonos y estilos, pero no parece haber punto de descanso.

Conviene decir que ni el gallardismo ni el ahora inhabilitado aspirante por el PAN, son los únicos que se disputan la capital. Hay otros aspirantes que por ahora no dicen nada, que se limitan a ver la bronca.

Nava y el Frente Ciudadano Anticorrupción acusan de todo lo que sea posible acusar a los del clan Gallardo y éstos, a través del PRD les contestan de inmediato. Se trata de una dinámica que ya está polarizando las cosas y que evidentemente, pone en riesgo los comicios municipales.

Si bien parecieran dimes y diretes e incluso chismes y especulaciones propios de todo proceso electoral, la autoridad electoral no debe permanecer inmóvil o incluso, omisa sino que debe llamar al orden.

Por ejemplo, el Frente Ciudadano Anticorrupción presenta denuncias penales contra Ricardo Gallardo y el PRD responde que se investigue al titular de la SEDUVOP, Leopoldo Stevens Amaro por presuntas irregularidades en obra pública y señalan que es hermano del vocero del Frente, Hugo Stevens Amaro.

Van una por una desde hace ya varios días, pero el conflicto ha venido cocinándose desde hace meses.

Hay un peligro latente.

En ambos frentes se ha advertido de que se impulsa una guerra de clases, un choque entre ciudadanos, entre dignos e indignos, entre honestos y decentes, contra presuntos corruptos y ladrones.

Hace apenas unos días se había firmado un acuerdo por la democracia que ante lo que está ocurriendo no deja de ser apenas una anécdota.

Es lamentable, pero ya se pueden ver nubarrones sobre las elecciones municipales que arrancarán en poco más de dos semanas. La constante provocación no es conveniente porque puede llevar a romper lanzas a favor del pleito.

Lo deseable es bajar temperatura a esta espiral de acusaciones y que al mismo tiempo, si hay delitos que se hayan cometido, que actúe la autoridad y que lo haga con firmeza y respeto a la ley.

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