Por José de Jesús Ortiz

Quien revise la experiencia electoral de las dos últimas campañas presidenciales encontrará múltiples enseñanzas, errores de estrategia y comunicación política que al final suman un todo y acercan o no al objetivo de toda empresa política que es alcanzar el poder.

Aún es pronto para determinar en qué medida la experiencia de ambas campañas dejaron un aprendizaje en Andrés Manuel López Obrador aunque hasta ahora, al menos desde fuera  -sin soslayar diversos deslices verbales-, lo que se observa es una clara mutación, un cambio en su relación con los medios, un tono del discurso  más mesurado y sobre todo un pragmatismo  que no existió en 2006 o en 2012.

Más allá del uso faccioso de recursos desde el poder para incidir en ambas elecciones, en las campañas de Obrador de 2006 y 2012 hubo errores costosos en la comunicación política, en la capacidad de respuesta para responder con eficacia a la campaña negativa, pero también hubo la incapacidad de su equipo de crear una estructura electoral a nivel nacional, necesaria para la movilización del voto y la cobertura de casillas (en 2006 la coalición que postuló a Obrador apenas fue capaz de cubrir el 78.25 por ciento de casillas en el país, mientras que en San Luis Potosí sólo fue el 70.88; en 2012 la cobertura fue del 81 por ciento https://goo.gl/SDA38U).

La estructura electoral es estratégica en cualquier campaña: contar con representantes en el total de casillas permite tener copia de las actas electorales a las nueve o diez de la noche para conocer con certeza el resultado y en su caso plantear una defensa jurídica exitosa de la elección. Nada eso sucedió en 2006 ni 2012, con la incapacidad manifiesta de las tribus perredistas y de las estructuras paralelas creadas por Obrador para la cobertura electoral. Nada garantiza que en 2018 la campaña de López Obrador y los dirigentes de Morena sean capaces de crear dicha estructura, no al menos en estados como San  Luis Potosí.

“Es muy buen candidato, pero pésimo estratega”, fue la conclusión de Luis Costa Bonino en su testimonio de la elección presidencial de 2012, en la que se desempeñó como el estratega de mercadotecnia política en la mayor parte de la campaña obradorista. Un testimonio útil para entender lo sucedido en esa elección.

La crónica de Bonino (https://goo.gl/AiayO) es un recuento de muchos de los errores cometidos en 2012 en esa campaña, errores de estrategia y comunicación, incluso de sabotaje que dañaron la campaña  y repercutieron en el resultado electoral, pese a que la tendencia de votos les era favorable un mes antes de la elección. “Desde un principio percibí que había algunas personas que estaban cerca del candidato por objetivos difíciles de precisar. Lo único que era claro era que sus objetivos no eran el triunfo de Andrés Manuel. En algunos casos percibí, de manera inequívoca, que saboteaban la campaña”, escribió Bonino.

También, en 2006 hubo  un manejo de la comunicación política equivocado en la mayor parte de la campaña, desaciertos costosos en la relación con la prensa (por ejemplo la política centralizada de no otorgar entrevistas a medios locales en todo el país), en la generación de información, el desdén para preparar el debate (igual que en 2012), el descuido general en la producción de spots que facilitaron el trabajo de sus contrarios.

“No había una estrategia agresiva de marketing ni siquiera una estrategia de penetración en la mayoría de los medios a través de entrevistas”, documentó Germán Espino en su libro La república del escándalo. “AMLO se limitó a reaccionar a los embates del PAN sin poder neutralizarlos…no es la cantidad de temas negativos lo que más influye en el público elector sino la estrategia mediática integral en la cual destaca el manejo de los temas negativos que hacen las campañas”.

De corregir muchos de esos errores, seguramente las posibilidades de victoria para López Obrador serán tan altas como expresan hoy la mayoría de las encuestas en la que aparece en primer lugar de intención de voto.

La encuesta más reciente sobre  la elección presidencial  publicada este lunes por El Universal (con el sesgo de haber sido elaborada por el mismo encuestador que trabaja para la campaña de Ricardo Anaya), confirma que Obrador sigue al frente con el 32 por ciento de intención de voto, pero también revela el desplome del candidato priista José Antonio Meade que se ubica en el tercer lugar con 16 por ciento, lejos  de Ricardo Anaya que aparece con el 26 por ciento. El portal www.oraculus.mx  plantea incluso un  modelo de “agregación de encuestas” en el cual a López Obrador le asigna el 99 por ciento de probabilidades de imponerse en la contienda si hoy fueran las elecciones.  

Fue la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann quien desarrolló el concepto de “clima de opinión”, para referirse a las corrientes de opinión pública dominantes sobre todo en contextos electorales. Un clima de opinión que en este momento parece favorable a Obrador, con la predominancia del tema de la corrupción y el fracaso de las políticas del régimen en seguridad y desarrollo económico.

A cinco meses ya de la elección de julio, los astros parecen alineados a favor de López Obrador, pareciera estar en condiciones inmejorables para imponerse en la última elección en la que aparecerá en la boleta y aplicar su programa social largamente trabajado. Deberá tomar nota y corregir junto con su equipo errores previos, diseñar escenarios para cuando haya interrogantes tener respuestas (es posible que suceda ya en el día a día). Lo contrario confirmará lo expuesto por Bonino: “es un luchador social, pero no político. Desconfía del poder, le teme, no quiere ser Presidente. Sólo le gustan las multitudes, los abrazos, los aplausos, los discursos”.

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