Alejandro Rubín de Celis

El caso de abierta discriminación de Pedro Carrizales, diputado electo por el octavo distrito local, obliga a hacer un alto en el camino para reflexionar sobre lo que hemos  dejado de hacer como sociedad y lo que ha dejado de hacer el Estado respecto de los jóvenes banda de cientos de colonias no sólo de San Luis Potosí sino de México a los que se les ha hecho a un lado y se les han negado las oportunidades mínimas para vivir dignamente sin ser perseguidos y criminalizados por su aspecto y sus prácticas culturales.

No se trata de negar que hay chavos banda que incurren en delitos y otras prácticas que son mal vistas por la comunidad, sino de atacar las causas estructurales que orillan a estos muchachos a drogarse, a robar y a participar en hechos violentos como los cruentos enfrentamiento que se dan entre grupos pandilleriles. Las causas ya están bien identificadas: desintegración familiar, pobreza, desigualdad social, falta de oportunidades de educación y empleo,  violencia intrafamiliar etc. El problema es que ni la sociedad, ni las instituciones encargadas de combatir esas problemáticas han hecho lo necesario para que estos jóvenes tengan un horizonte distinto, donde existan las aspiraciones, las oportunidades y los sueños de una vida mejor.

Pedro Piedras ─entre varios apodos más que le han dado sus allegados al legislador electo─ es hoy la expresión más clara de una sociedad clasista y sectaria incapaz de ver cualidades en los chavos banda a los que desprecia simplemente por su apariencia y su forma de actuar, negándoles una segunda oportunidad a aquellos que como él, delinquieron pero se han regenerado y quieren demostrar que tienen la voluntad de hacer cosas buenas, por ellos y por los demás.   

Se les condena por sus señas, su lenguaje hablado, sus tatuajes corporales, mientras hay tantos y tantos políticos de traje y corbata que llevan marcados otros tatuajes, los de la corrupción, y esa sí se las hemos permitido y hasta aceptado. Ahí están los 27 diputados de la actual legislatura local, todos partícipes de redes de corrupción documentadas por la prensa y organizaciones civiles; ahí están Carlos Romero Deschamps, Humberto y Rubén Moreira, César Duarte, Eugenio Hernández, Manlio Fabio Beltrones, Ricardo Gallardo Juárez y Enrique Peña Nieto ─y tantos más─,  todos bajo sospechas de desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito ─algunos hasta de estar ligados con el narcotráfico─ y a ellos muchos todavía los ven como importantes líderes políticos a los que les rinden pleitesía.

Para todos lo que quisieron quemarlo en la hoguera de las redes sociales ─y más sus opositores por haberse postulado por el partido Morena─, deben saber que Pedro Carrizales dejó las drogas y la violencia hace más de 15 años para emprender una lucha por la paz y la no discriminación hacia los chicos de su misma condición.      

El Mijis ─otro de sus apodos─ es dirigente del Movimiento Popular Juvenil, una organización dedicada a reivindicar los derechos de los jóvenes en situación de calle que cuenta con miembros de más de 240 pandillas en el estado de San Luis Potosí y ha sido mediador en múltiples ocasiones para evitar conflictos entre bandas rivales. En 2015 encabezó un proyecto denominado “Un grito de existencia” con el propósito de visibilizar la situación de exclusión que padecen los chavos banda y lograr su aceptación como miembros de la sociedad, así como promover la paz entre las bandas juveniles. Recorrió en bicicleta 10 estados del país en los que formó comités juveniles para demandar políticas públicas a favor de la inclusión social de estos jóvenes y para la creación de centros especiales para chavos banda en cada uno de esos estados. La propuesta se entregó a la Presidencia de la República y al Congreso de la Unión ─de donde no han recibido respuesta─ y fue premiada en otros países, entre ellos Francia.

“He arriesgado la vida por mis sueños, por mis ideales, porque quiero demostrar, quiero que vean que cuando se quiere se puede. Es cambiar mi distrito, es que quiero que vean que una persona vino de abajo y les puso la muestra a los políticos (…) Los que roban son los de traje (…) Quiero estudiar derecho, pero no para saber cómo brincarme las leyes, sino para contribuir a algo para mi comunidad”, ha declarado Pedro Piedras ante la prensa a raíz del alud de críticas que ha recibido de parte de grupos clasistas.

Como legislador, el Mijis piensa promover iniciativas para rescatar espacios públicos, cambiar la imagen urbana de las colonias más desatendidas, crear una policía de barrio para evitar la violencia en las zonas marginadas, capacitar a los jóvenes en el manejo de las emociones y la escucha activa para evitar conflictos entre pandillas, eliminar los antecedentes penales por delitos menores ─pues hay personas a las que se les criminaliza por robar un mandado por hambre, dice─, y aprobar políticas públicas y programas de gobierno dirigidos a combatir la discriminación juvenil y a propiciar una cultura de paz en la comunidad.       

Además de haber cumplido los requisitos que marca la ley para ser candidato a diputado local y haber ganado la elección en su distrito por amplio margen, ¿merecerá o no  Pedro Carrizales continuar su lucha desde un espacio donde se toman decisiones ─o se deben tomar, esperemos que ahora sí─ para el bienestar de todos los ciudadanos, sin distinciones?

Legislar a favor de los derechos de los chavos banda será una de las labores importantes de Pedro Carrizales en el Congreso del Estado. La otra gran tarea para lograr la reinserción de los jóvenes víctimas de la exclusión está en la sociedad y en las instituciones del Estado, empezando por dejar de mirarlos de arriba abajo y de negarles oportunidades que les permitan mejorar sus condiciones de vida, sólo por su apariencia y sus modales.  

(Por vacaciones del autor,  esta columna no aparecerá el viernes 13 de julio).

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