El Catalejo es el resultado de las mentes desorientadas de los reporterillos de Astrolabio Diario Digital

Cuando entre agosto y noviembre de 2007 se registraron los primeros crímenes de alto impacto en San Luis Potosí, las víctimas fueron integrantes de las fuerzas policiales –entre quienes se cuenta el caso de Jaime Flores Escamilla, entonces director de Seguridad Pública del Estado–. A esos graves acontecimientos se sumaron, durante los siguientes diez años, balaceras con víctimas colaterales –cualquiera se convirtió en víctima potencial–; colgados en distintos puentes vehiculares –con mayor frecuencia en los meses más recientes–… y en medio de ese clima, la sociedad tuvo que acostumbrarse a tener autoridades derrochadoras del erario para comenzar por rendir culto a su personalidad y pasar a la manipulación de voluntades con dádivas clientelares. Así, presumen entre lo que llaman programas sociales –que no son más que propaganda que acostumbra a los pobres a seguir siendo pobres– el reparto de miles de garrafones de agua purificada presuntamente gratis, pero el costo que paga la sociedad es muy alto: no se le proporciona seguridad con todo lo que eso implica en la limitación de libertades. A las extorsiones, cobro de piso, secuestros y levantones, asaltos, asesinatos, feminicidios, desapariciones y demás potenciales agresiones que puede sufrir cualquier potosino, hoy se escala en el nivel de los agravios a la sociedad: el asesinato del fotoperiodista Edgar Daniel Esqueda Castro añade a la ya de por sí limitada libertad de expresión por el control gubernamental vía paquetes publicitarios una vulnerabilidad adicional. El 6 de octubre, como ninguno, fue un día que exhibió la gran irresponsabilidad gubernamental y cómo la mayor preocupación de la sociedad no es su prioridad. No sólo concentraron los operativos de seguridad en torno al partido entre México y Trinidad y Tobago, sino que aprovecharon el encuentro futbolístico para promocionarse. Previeron que ese día San Luis Potosí tendría los reflectores del país y no se los querían perder. Pero la inseguridad rebasó nuevos límites, y la atención mundial volteó a San Luis Potosí: el onceavo periodista asesinado en México en lo que va de 2017. Ese viernes fue un día en que las autoridades exhibieron al mundo de lo que les gusta informar… y la terca realidad se les impuso, porque ante su incapacidad el crimen ya no tiene límites. ¿Qué sigue?

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