Astrolabio

Marcela Del Muro

La tarde del 4 de julio de 2012, una multitud cerró la circulación vehicular de la zona centro de Soledad de Graciano Sánchez, en San Luis Potosí. En el atrio y la amplia explanada de la plaza principal se congregaron cientos de personas que despedían a Susana Guadalupe Viramontes Cruz, mejor conocida como Lupita, adolescente de 15 años que fue víctima de feminicidio cinco días antes.

Susy, Pal y Sofia –mamá, hermano mayor y hermana menor de Lupita– van reconstruyendo lo que vivieron aquel día, pero aclaran que no tienen recuerdos muy nítidos. La memoria divaga entre experiencias nubladas y remembranzas ajenas.

En estos 10 años, se han ido acercando personas que estiman o siguen recordando a Lupita. Susy cuenta que por un llavero con la foto de su hija –un recuerdito de un aniversario luctuoso–, su cuñada supo que un compañero de trabajo era conocido de su sobrina. La familia guarda amorosamente estas anécdotas que les recuerdan lo amiguera y alegre que fue Lupita. 

“Hace tres años me animé a enviarle un mensaje a la mami de Susana, tenía mucho miedo que no supiera quién era, que le incomodara mi intento de contactarlas. Quería decirle que Susana siempre vivía en mi activismo, en mis acciones y en mi corazón”, recuerda Olga Lucio, amiga de la primaria de Lupita y defensora de los derechos humanos y reproductivos de las mujeres potosinas.

Hoy, 29 de junio, se cumplen 10 años sin Lupita Viramontes.

“Una como mamá siempre se va a desvivir por sus hijos, para uno siempre van a ser los mejores. Pero escucharlo de sus maestros y de las personas que la vieron crecer, te hace darte cuenta que sembró bonitos recuerdos en su camino”, piensa Susy.

El 29 de junio de 2012

El primero en saludarte cuando entras a la casa de los Viramontes Cruz, es un perro de talla mediana, negro, canoso y de ojos tristes, que mueve su colita y te olfatea. “Es Peluso, el perrito de Lupita, tiene ya 13 años”, Susy lo presenta mientras atravesamos la cochera.

Él era un cachorro callejero que tenía la mala fama de morder a los transeúntes, Lupita lo conoció en la calle y comenzó a alimentarlo. El perro negro la eligió como su dueña: la buscó, le dio cariño y la cuidó hasta el último día.

El 29 de junio de hace 10 años fue un viernes nublado. Sofi escuchó que su hermana mayor hacía planes de encontrarse con alguien en la avenida San Pedro, una vía grande localizada a un par de cuadras de su casa. Después oyó que pedía dinero para ir por unos churros. Sofi fue con Lupita y le preguntó si podía acompañarla, pero la joven de 15 años prefería ir sola.

Eran pasadas las siete de la noche y Lupita se preparaba para salir, Peluso comenzó a inquietarse. El perrito la seguía cada que ella trataba de irse.  Susy y Felipe, el papá de los Viramontes, estaban en la calle platicando con unos vecinos. “Nos decía que lo agarráramos. Nosotros le decíamos que se lo llevara, pero ella no quería porque el Peluso se robaba los bolillos de la tienda”, recuerda Susy. 

Fue tal la desesperación de Peluso que “se le paró de manos en la espalda. El perro no la dejaba ir y cuando lo agarramos se quedó llorando”. Lupita se fue y a los pocos minutos se vino un aguacero. Sus papás salieron a buscarla; fueron a la tienda, recorrieron los alrededores de la casa y llegaron a la gran avenida, pero no la hallaron. Desde entonces, relata Susy, la lluvia fuerte le causa ansiedad.

Mientras buscaba a su hija, Susy recibió un mensaje donde le pedían 180 mil pesos de rescate por ella. Ese fue el momento en que todo se nubló. La familia tenía más de seis meses alerta y cuidándose mucho entre ellos, tras recibir una carta donde los amenazaron y les pidieron dinero.  

Lupita estuvo desaparecida por tres días, hasta que encontraron su cuerpo en un terreno sobre la avenida San Pedro, a unas pocas cuadras de su casa. Ella fue víctima de feminicidio el mismo día que desapareció.

Desde entonces, cuenta Sofia, Peluso tiene los ojos tristes. El perro acostumbra sentarse o acostarse enfrente de una gran foto de Lupita que corona la sala y comedor de la casa de los Viramontes Cruz, como esperando a que su pequeña dueña lo acaricié de nuevo.

Un feminicidio que se podía prevenir

“Si yo la pudiera volver a ver, le preguntaría si ella sabía o presentía que eran sus últimos días; porque tuvo muchas acciones que parecían que se estaba despidiendo. Esos últimos seis meses juntas, antes de que ella se fuera, vivimos momentos muy bonitos. Me sirvió para reafirmar más el amor y cariño que yo sentía por ella”, dice Susy mientras sonríe; Sofi también sonríe y asiente con la cabeza.  

Ellas también recuerdan que esos últimos seis meses “fue la etapa más triste” de Lupita.

En enero de 2012 sus papás recibieron una carta donde les pedían dinero, a cambio de no dañar a ninguno de sus tres hijos. “Pero describían las actividades mías y de mi esposo de todo a todo. Decían dónde trabajábamos, cuánto ganábamos, en qué escuela estudiaban los niños, horarios. Cuando damos aviso a las autoridades nos dicen que los secuestradores no avisan. Y me salí de trabajar para cuidarlos”, relata Susy.  

En ese entonces, Lupita y su hermano mayor Pal estudiaban juntos. Eran muy unidos, muy leales entre ellos, muy amigos y ese último año también fueron compañeros de salón. Iban y venían juntos de la prepa y se cuidaban entre ellos. Pero la carta de amenaza despertó mucho miedo en Susy y Felipe; y decidieron que sus hijos dejaran un momento la escuela hasta que pudiera resolver ese problema de seguridad. 

“Lupita lloró cuando le dijimos. Nos decía que no le iba a pasar nada, que ella iba a estar bien. Pero, es que no sabes qué hacer cuando las autoridades te dan ese tipo de respuesta”, recuerda Susy.

La familia, que ya era muy unida, se acercó aún más. Sofi recuerda que esos últimos meses tuvo la oportunidad de jugar mucho, de abrazar y pelear con Lupita; también cuenta que lo que más extraña es no poder escuchar la risa de su hermana que llenaba toda la casa.

Esos recuerdos hicieron muy dolorosa la despedida, pero también han sido el motivo de seguir adelante y juntos. Susy dice que “hay almas que vienen a sanar a la familia”, ella cree que Lupita fue esa personita que siempre cuidó de ellos.

“Yo sí creo que todos tenemos un destino y una fecha. Lupita, o su alma, quizá lo presentía. Lo que siempre nos va a doler son las formas”, dice Susy.

Las formas que cambiaron la vida de los Viramontes Cruz

Pal le lleva casi un año exacto a Lupita, los dos son de agosto. “Cuando éramos niños siempre nos preguntaban si éramos gemelos, porque siempre íbamos juntos y agarrados de la mano, pero nosotros no nos parecíamos en nada”, el hermano mayor se ríe y agrega que el recuerdo de su hermana y el tener a Sofi cerca, lo han mantenido cuerdo.

Pero hace 10 años, el dolor que sentía lo paralizó. Susy siempre ha denunciado que las decisiones que tomaron las autoridades para resolver el caso de su hija, afectaron mucho a su familia. 

Cuando desapareció su hija, Susy y Felipe denunciaron que sospechaban del ex novio, que también era amigo de su hijo mayor.

El 2 de julio, el día que se encontró el cuerpo de Lupita, Pal llegó a un local de maquinitas donde estaba el sospechoso y otros tres amigos. A los pocos minutos, llegó la policía a detenerlos. Ahí se dio cuenta que los otros tres también estaban involucrados en el secuestro de su hermana. Pal estaba perplejo: él jugaba fútbol frecuentemente con ellos, se decían “amigos”. Horas después, cuando se enteró que la detención fue por el feminicidio de su hermana, el dolor fue inconmensurable.

Ahora, tras terapia y el paso del tiempo, dice que ha podido recuperar la confianza para tener amigos, pero que su refugio siempre será su familia.

¿Lo has visto?

En la foto a blanco y negro, aparece un hombre de cejas pobladas y párpados caídos; de nariz ancha, labios rectos y cara cuadrada que se enmarca por una barba ligera sin bigote. La foto se acompaña de un texto escrito por la señora Susy: “Ya casi 10 años que este sujeto le arrebató la vida a mi hija, después de una falla en el proceso quedó en libertad por ser menor de edad (…) Su nombre: GUILLERMO CASTILLO MUÑOZ. PRÓFUGO DE LA JUSTICIA. ASESINO”.

Ese tal Guillermo tenía 15 años cuando fue cómplice de su hermano Raúl, que tenía 18, en el feminicidio y secuestro de Lupita Viramontes. Los otros dos amigos, Cesar y Juan Carlos, ayudaron a enviar los mensajes del secuestro. Las familias de estos cuatro jóvenes son vecinos de los Viramontes Cruz.

El proceso penal por la muerte de Lupita fue muy complicado para Susy, tenía mucha desesperación y miedo por la seguridad de Pal y Sofía.

En el 2011 se tipificó el delito de feminicidio en San Luis Potosí; esto daba esperanza a Susy para que la condena fuera justa. La familia no tenía dinero para pagar un abogado y, a raíz de todas las omisiones y revictimización del Estado, sentían que no podían confiar en un asesor legal público. Susy fue su propia representante legal, la de su hija y su familia.

Tras años de mucho dolor en la investigación y juicio por el feminicidio de Lupita, la señora Susy logró que se le dictara una sentencia de 37 años a Raul, quien fue el autor intelectual y material del feminicidio; y 18 años a Guillermo, cómplice del asesinato y secuestro. Esta última sentencia es una de las más largas obtenidas para un menor de edad infractor en el estado.

Lamentablemente, “se encuentra prófugo y las autoridades lo están buscando (o fingen). Ahora yo pregunto. ¿LO HAS VISTO? ¿SABES DÓNDE ESTÁ?  DENUNCIALO”, dice la publicación de Facebook de Susy.

Susy y Sofi

En la puerta del baño de la casa de los Viramontes Cruz hay un dibujo que Sofi hizo hace años, tras la muerte de su hermana. En él, se observa a toda su familia agarrada de la mano; al final de la fila, parada debajo del sol, se ve a Lupita con unas alas de ángel color azul. Hasta abajo del dibujo, escrito con tinta negra, se lee: “esto demuestra que estamos unidos”.

Hace unos meses, platicando con Susy en las bancas de la Plaza de Armas, me contaba lo doloroso que fue vivir los primeros años sin Lupita. Estaba rota y veía, desesperada, cómo su familia se iba rompiendo también, cada uno atravesando su duelo y su propia angustia.

Mientras vivían todo ese torbellino de tristeza, Susy también transitaba por el tormentoso proceso penal. Ella recuerda que llegaba a la entonces Procuraduría con Sofí, para trabajar con el agente del Ministerio Público. Iban pasando las horas y su hija menor se quedaba dormida en las sillas junto a ella. Cuando terminaban de trabajar, Susy despertaba a Sofi para poder regresar a casa. Esta memoria le duele. Le duele mucho que su pequeña Frida Sofía haya pasado por tanto dolor y confusión durante esos años.

Desde enero de 2012 todo el Gobierno le ha fallado a los Viramontes Cruz: las corporaciones de seguridad pública, las instancias de procuración de justicia, aquellas que protegen a las víctimas y reparan el daño. Pero, a pesar de todo, Susy y Sofi están siempre juntas, resistiendo y luchando por proteger a su familia, exigir justicia para Lupita y, de paso, pidiendo justicia por todas las víctimas de feminicidio en el estado.

Desde finales de 2020, un grupo de familias, entre ellas los Viramontes Cruz, integraron la colectiva “Por ellas, por nosotras y por todas”. El 6 de mayo de 2021, después de trabajar colectivamente por meses, las familias de la colectiva lograron que se aprobara en el Congreso, al 14 de mayo como el Día Estatal por la Justicia para las Víctimas de Feminicidio en San Luis Potosí. Aquel día, Susy y Frida fueron las representantes de la colectiva. Acompañadas por una decena de feministas, vitorearon la votación unánime de los congresistas y se prepararon para la primera conmemoración.

“Es un proceso de reparación que demuestra nuestros deseos sobre cómo queremos reivindicar la historia de nuestras hijas. Hoy venimos a reconocer que la violencia feminicida es un problema público, que no solo nos arrebata la vida de las mujeres, también nos arrebata la vida de las familias. Hoy venimos a exigir que nos escuchen, no queremos escuchar a las autoridades, no queremos más simulación. Queremos que sepan que este es el comienzo. No estamos todas, pero estamos juntas”, dijo Susy en el templete el 14 de mayo de 2020, mientras Sofi la veía y la escuchaba de cerca. 

Lupita, el motor para la lucha

“Cuando me nombré feminista, el recuerdo de Susana se volvió un motor importante para mi lucha, no quería nunca más sentir lo que se siente que una mujer que amaste ya no esté”, dice Olga Lucio, la activista y defensora de los derechos humanos y reproductivos de las potosinas, que también fue amiga de Lupita en la primaria.

Ella recuerda bien el funeral de Lupita, sentía tanto dolor que no pudo acercarse a Susy ni a Sofía para abrazarlas y decirles que lo sentía mucho. “Susana era una niña, una niña como yo, con los mismos sueños, ilusiones y ganas de crecer y vivir”, piensa Olga.

Para el 2012, Olga y Lupita tenían varios años que se habían distanciado, después de la primaría fueron a la misma secundaría, pero cambiaron de turno. Olga recuerda haberla visto varías veces a la salida de la escuela, ya no era aquella niña tímida que ella recordaba  y pensaba que había crecido. “Tenía más y nuevas amigas y amigos. Cuando uno se convierte en adolescente, se vuelve soberbio y es fácil romper lazos y bueno una nunca se imagina, menos cuando se es tan joven, que alguien nos iba a arrebatar la oportunidad de volver a ser amigas”.

Pero para Olga, Lupita es una amiga importante y hace tres años buscó a Susy y Sofía para compartirle que ella “siempre vivía en mi activismo, en mis acciones y en mi corazón”.

Olga narra que a partir de ese mensaje, Susy y Sofi comenzaron a ser sus amigas. De entre tanto dolor pudieron formar un gran lazo. “Las quiero mucho y les agradezco por dejarme entrar a sus vidas y convertir la tristeza y el dolor en la potencia del amor y la lucha”.

Para la niña más linda del planeta entero

A Lupita le gustaban los cumpleaños. Ella planeaba cada detalle para sorprender a su familia en su día. Preguntaba y sugería sobre los regalos, dibujaba alguna sorpresa y los despertaba con las mañanitas. 

Sofi recuerda que en algún cumpleaños de su hermana, su papá la despertó con su canción favorita. Aquella de Nigga que decía: “Y es que te quiero, uo. Baby, te quiero, uo, uo”. La primera parte de la canción, esa que dice “para la niña más linda del planeta entero” fue una dedicación especial del señor Felipe para su hija y esa frase, cuenta Sofí,  se le quedó grabada a Lupita y, cada que la escuchaba, decía que aquella canción era de ella.

Y  sí, Lupita, esa canción sigue siendo tuya. Cuando se escucha en el estéreo de tu casa, todos piensan en ti. Cuando es tu cumpleaños, te la siguen dedicando. Hoy, tu canción estará sonando durante todo el día porque, aunque hace diez años te fuiste, sigues presente en cada rincón de tu casa y en los recuerdos amorosos de tu familia. 

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