Todo es uno

c.510-440 a.C.

Frater Ignatius

No se conoce mucho sobre la vida de este notable filósofo. Se sabe que hizo un poema extenso del cual llegan solo fragmentos y que trata sobre el ser. El título es Sobre la Naturaleza  y trata sobre la vía de la verdad; el pensador afirma que fue una revelación.

El Ser, sostiene, es ajeno a la generación y a la corrupción, es indestructible. No engendrado, no creado, sin pasado ni futuro; es en la eternidad y la eternidad es parte de este Ser.

No trataremos sobre La vía de las opiniones, ya que es menor comparado con el primero. Se puede afirmar que Parménides piensa lo contrario de Heráclito.

Mientras para “El Obscuro”, todo es cambio y devenir, en Parménides nos encontramos al Ser del que habló muchos siglos más tarde Heidegger. Tanto la doctrina platónica de las ideas como la metafísica aristotélica, tienen una deuda muy grande con La vía de la verdad de Parménides.

Se le puede considerar el “padre de la lógica” porque hace precisamente la primera tentativa de deducción lógica, crea argumentos deductivos y formula el principio lógico de identidad.

Dicen que fue discípulo de Anaximandro. Un tal Pires fue su padre y procedía de una familia de gente rica. Otros sostienen que fue un excelente médico y era considerado un gran físico en el sentido de la palabra antigua. Platón menciona que Parménides visitó Atenas a la edad de 65 años e iba acompañado de su discípulo Zenón de Elea.

Todo queda en el terreno de una especulación en donde los grandes expertos —sobre todo, alemanes y franceses— se quiebran la cabeza con un montón de sutilezas casi imposibles de demostrar.

Parménides no cree en la Nada. Dice que todo es simplemente. El Ser es de una sola pieza y el aparente movimiento solo es ilusión. La ilusión o el engaño viene porque al hombre le hace falta más percepción, más sensibilidad y un conocimiento verdadero —no acumulación de datos o doctrinas— que permita percibirse como parte de un todo incorruptible, omniabarcable, omnisciente, omnipotente, omnisapiente, infinito, sin pasado ni futuro; sino un presente eterno, atemporal, inefable, absoluto. Tal vez el sentir de los verdaderos místicos.

El pensamiento del eleata llega intocado hasta Wittgenstein, Russell, Quine y Heidegger. También influyó en San Anselmo y en Santo Tomás. Filósofos y matemáticos como es el caso de Gödel han hablado favorablemente sobre este antiguo sabio. Lo cierto es que con Parménides comienza toda la metafísica occidental.