Por Marcela Del Muro
Mientras repartía fichas de búsqueda en la Central de Abastos de Monterrey, en el verano de 2024, un hombre reconoció la fotografía: “Yo a él lo he visto. Aquí anda en el mercado. Es uno chaparrito, muy peludo, ¿no?”. Ese comentario sacudió a Rosa Laura Martínez. Conforme la plática avanzaba, más convencida estaba de que se trataba de su esposo, Fidel Barragán Salazar, desaparecido el 17 de marzo de 2010 junto a otros 28 hombres provenientes de las huastecas potosina y queretana, que viajaban en un camión de la línea Pirasol rumbo a la frontera con Estados Unidos.
Rosa Laura y sus compañeras buscan desde hace 16 años a sus esposos, hijos, hermanos y padres. Los pasajeros se dirigían a Miguel Alemán, Tamaulipas, donde dos polleros los cruzarían a Estados Unidos. Las investigaciones apuntan a que el camión fue interceptado por un comando armado, al parecer de policías, en la comunidad fronteriza de Valadeces, también en Tamaulipas. La unidad fue encontrada en abril de 2011, en una pensión del municipio de China, en Nuevo León, a más de 100 kilómetros al sur del lugar donde presuntamente fueron desaparecidos.
El caso Pirasol es la primera desaparición múltiple registrada durante la (mal llamada) guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón Hinojosa, durante una de las primeras temporadas de violencia extrema por disputa territorial entre grupos del crimen organizado en esa zona del noroeste de México.
El resto de la historia ha sido dolor, desesperación, incertidumbre y la búsqueda continua de las familias. En la actualidad, las investigaciones y búsquedas están a cargo de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO), en coordinación con tres estados: Tamaulipas, Nuevo León y San Luis Potosí, desde donde partieron los viajeros.
Aquella tarde del 2024, las familias, que forman parte del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, se encontraban en una jornada de búsqueda en vida en Monterrey, acompañados por la Comisión de Búsqueda del estado norteño. Habían colocado las mantas con los rostros de sus seres queridos en un pasillo transitado de la Central de Abastos y repartían fichas de búsqueda entre cargadores, comerciantes y clientes. Así llegó el dato de que una persona en situación de calle se parecía a Fidel y frecuentaba el rumbo de la Central y la Alameda.

La sacudida de esperanza que experimentó Rosa Laura recorrió a sus compañeras buscadoras. Durante horas caminaron los pasillos de la Central preguntando por el hombre, pero no lo hallaron. Se fueron a la zona de la Alameda y comenzaron a repartir fichas de búsqueda. Nuevamente, una persona reconoció a Fidel en la foto a blanco y negro que muestra a un hombre de cara ovalada y pelo tupido, con un mechón asomándose por la frente, nariz ancha y bigote perfilado.
El día que la vida se rompió

La fotografía de la ficha de búsqueda de Fidel era la de su permiso de conducir en Texas. El hombre de entonces 41 años llevaba más de dos décadas viajando a Estados Unidos para trabajar en la construcción. Pasaba la mitad del año allá y el resto con su familia en Ciudad Valles, donde soñaba con abrir su propia carpintería y se dedicaba a la construcción de su casa. Para el 2010, Fidel ya había comprado maquinaria y herramientas, y planeaba comenzar a emprender en un par de años.
Pero aquel viaje del 2010 fue distinto. El hombre que lo cruzaba regularmente se había retirado. Los robos y la inseguridad en las carreteras fronterizas de Tamaulipas pasaron de ser rumores a convertirse en advertencias para los viajeros. Fidel pidió recomendaciones y le llegó el contacto de Arturo Mayorga y Arturo Benítez. Se despidió de su familia y partió de Xilitla la noche del 17 de marzo.
Mayorga y Benitez viajaron aparte aquella noche y tomaron una ruta más segura. Aunque los familiares nunca lo pudieron confirmar, las versiones apuntaban al grupo delictivo de los Zetas y un ajuste de cuentas con Arturo Benítez.
Mayorga fue detenido en marzo del 2011. Dos años después, en agosto de 2013, Benítez también. Pero ninguno fue procesado por el caso de Pirasol. Arturo Benítez estuvo involucrado en la masacre de los 72 migrantes de San Fernando, Tamaulipas, en agosto del 2010, pero fue liberado por falta de pruebas en el 2017. Mayorga también se encuentra en libertad.
Rosa Laura se enteró de la desaparición de los dos choferes y el camión de la línea Pirasol por el periódico, a la semana de la partida de su esposo. La familia que esperaba a Fidel en Texas tampoco había tenido noticias de él. Enseguida fue a las oficinas de la empresa de transporte, ahí se encontró con otros familiares y se enteró que también habían desaparecido los pasajeros.
La desaparición de Fidel rompió la vida que su familia conocía. A Rosa Laura le siguen doliendo los sueños rotos que compartía con su marido. Ella lo buscó sin descanso y con sus propios recursos. Al pasar de los meses, seguía sin aparecer y el dinero ya no ajustaba. Las herramientas y maquinaria de carpintería en las que Fidel depositó su sueño de emprendimiento se fueron vendiendo, una por una, para continuar con la búsqueda y sostener a la familia.
16 años de luchar para encontrarlos

“Hace 16 años les quitaron la voz, pero nosotros aquí seguimos, luchando por encontrarlos”, dice Rosa Laura. Lo que han vivido las familias del caso Pirasol es un verdadero ejemplo de luchar contra la corriente. Por más de cinco años estuvieron sin información por parte de las autoridades. La responsabilidad de investigar el caso no era asumida por la Procuraduría de Tamaulipas ni por la de San Luis Potosí. Y tampoco por la federación.
Rosa Laura y sus compañeras no dejaron de buscarlos. Cuando ocurrieron las dos masacres de San Fernando fueron a investigar. Y también a Monterrey, cuando encontraron a los migrantes secuestrados. Se internaron por lugares peligrosos y preguntaron a quien se dejaba. Lloraron con otras familias. Exigieron y gritaron a las autoridades. Pero, no tenían información ni resultados. Es más, ni siquiera sabían dónde estaba su carpeta de investigación.
En 2015, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí organizó un foro para familiares de personas desaparecidas. Ahí, conocieron a Edith Pérez Rodríguez, fundadora y directora de Voz y Dignidad por los Nuestros. “Fue muy sorprendente, ellos estaban desesperados porque nadie les había hecho caso. No sabían dónde estaba su averiguación previa, ni qué era un acta circunstanciada, ni quién era su Ministerio Público asignado. Sin formarlo como tal, ahí fue cuando comenzamos con el colectivo”, dice Edith.

Pérez Rodríguez los contactó con el entonces titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO). Para inicios del 2016, la SEIDO tomó el caso y pidió a la Procuraduría de San Luis Potosí la carpeta de investigación. Pero, ningún funcionario público sabía de ella.
Cuando se encuentra el expediente, en el 2018, las familias se percatan que no es el original, pues faltaban las declaraciones y los documentos de las familias de César Alberto Sánchez Landaverde y Enrique de la Torre Netro. Ambos amigos viajaban de regreso a casa tras una visita breve a sus familias en la huasteca potosina. Enrique se reuniría con su esposa en Carolina del Norte, donde se preparaban para ser padres por primera vez, en junio de 2010. Hasta la fecha, se continúa trabajando con esa copia de la carpeta de investigación.
Con la formación de la Unidad para la Atención de Personas Desaparecidas y la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas, las familias vieron una pequeña mejoría en su proceso de investigación en San Luis Potosí. “Aquí es donde hemos trabajado más el expediente, donde se encuentra más completo”, explica Rosa Laura.
También iniciaron búsquedas en Tamaulipas y Nuevo León. En estos últimos años se han dedicado a explorar campos y terrenos en busca de cuerpos o fragmentos óseos. “Hemos estado en muchos lugares muy peligrosos en la zona de Tamaulipas. Es demasiado, desde que entras a esos lugares sientes ese cambio de energía; sientes miedo, tristeza”, relata Rosa Laura.


Las buscadoras han explorado la zona fronteriza de La Ribereña, también conocida como la Frontera Chica, que abarca municipios como Reynosa, Camargo, Nuevo Laredo y Gustavo Díaz Ordaz, en el último se encuentra el poblado de Valadeces, donde han encontrados predios utilizados como campos de exterminio.
El año pasado se adentraron en las aguas de la Presa Marte R. Gómez, mejor conocida como La Azúcar, en el municipio de Camargo, y examinaron todo el terreno que la rodea. Lamentablemente, el proveedor que les rentaba las lanchas fue amenazado y no pudieron continuar con la búsqueda.


Las visitas a los centros forenses han sido experiencias muy dolorosas para las familias. “La verdad es muy pesado por las imágenes tan fuertes que ves ahí”, dice Rosa Laura, y explica que por salud mental no han podido revisar todos los registros. “Aún tenemos pendiente regresar para poder terminar de verlos, intentando encontrar los rasgos de nuestros desaparecidos en esas fotos, muchos de ellos ya son puro hueso o tienen las facciones deformes, hinchadas, porque algunos fueron sacados de esas aguas que nosotros exploramos. Pero, no solo nos dedicamos a ver las fotos, también intentamos comprender los contextos”.
La esperanza de encontrarlos con vida
Pese al tiempo, las familias tienen la esperanza de poder encontrarlos aún con vida. En estos años han visitado centros de atención psiquiátrica, centros de rehabilitación, albergues para migrantes, cárceles y han recorrido las calles repartiendo fichas de búsqueda de sus seres queridos, como en el volanteo de la Central de Abastos de Monterrey.


Para Rosa Laura, esa búsqueda en vida se convirtió en una anécdota inolvidable, pese a no haber encontrado al hombre en situación de calle en esa primera exploración. La esposa de Fidel sentía mucha ansiedad, pero también se sentía esperanzada. “Me puse mal. Hablé con Edith y me dijo: ‘ni se te ocurra decirle a tus hijos porque se pondrán igual que tú y todavía no tenemos seguridad’”.
A la semana, el agente del Ministerio Público organizó la búsqueda del hombre. Los datos de los informantes apuntaban a que esa persona acostumbraba rondar la zona los fines de semana, sobre todo los domingos. Rosa Laura viajó nuevamente a Monterrey y, al llegar, le anunciaron que el hombre ya había sido localizado. “Me dijo: ‘¿estás lista para verlo o prefieres ver una foto antes?’. Fue una atención tan bonita, llevaron psicólogos y todo el tiempo estuvieron preocupados por mi integridad, por mi seguridad, por mi estado emocional”.
Lo primero que hicieron fue mostrarle la fotografía. “Lo veo y le digo que no es. Y me dice ‘recuerda que ha pasado mucho tiempo y, puede ser, que ya no se parezca a la persona que dejaste de ver’”, recuerda Rosa Laura, quien decidió conocerlo en persona.
Las autoridades pararon al hombre en una esquina y le ofrecieron un pan y un café. Rosa Laura llegó y lo primero que notó fue la estatura. Ese hombre era más bajito que Fidel. Lo observó por largo tiempo. Recorrió sus facciones, su cuerpo, vio su color de piel y no lo reconoció.
“Estaba con barba, con bigote, greñudo. Me dicen: ‘si quiere lo llevamos a bañar y se lo mostramos bien limpio para que ver si lo puede reconocer’. Pero, yo siento que la sangre te llama y no hubo esa conexión”, recuerda Rosa Laura. La camiseta que llevaba el hombre dejaba ver un poco de su color de piel y observó que era blanco; vio sus piernas y notó que era lampiño. “Yo busqué muchas cosas, lo vi muy bien. Lamentablemente, no era él”.
En 16 años de búsqueda, Rosa Laura y las familias del caso Pirasol han pasado por varios incidentes similares. En una ocasión, también en Monterrey, les llegó la información de que José Luis Mendoza Salazar se encontraba en Nuevo Laredo. Emprendieron la búsqueda en septiembre de 2025, pero tampoco lo encontraron. Las familias saben que para poder hallarlos tendrán que pasar por más búsquedas fallidas.
“Toda esa esperanza y malestar que sentimos cuando hay información así, es por la misma incertidumbre que sentimos todo el tiempo. Pero, aquí seguimos, y seguiremos, buscándolos. Siempre con la esperanza de poder encontrarlos”, finaliza Rosa Laura.

Si reconoces a alguno de los 29 desaparecidos del caso Pirasol o tienes datos que ayuden a su localización, comunícate con la Comisión de Búsqueda de tu estado o al grupo de Facebook del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros.