Carlos Rubio
El reciente amague del gobernador Ricardo Gallardo Cardona sobre convertir en municipio a la delegación de La Pila inmediatamente despertó una serie de comentarios que en su mayoría fueron negativos, y no es para menos, lo que hoy ocurre con Villa de Pozos es una buena experiencia de los riesgos que implica esta transición. Sin embargo, cabe aclarar un detalle: el problema no es que se cree un nuevo municipio, el problema es que esté en manos de la gallardía.
En casi cuatro años de ocurrencias hemos aprendido que no es posible tomarse a la ligera cualquier declaración del gobernador. Quienes seguimos el día a día de los acontecimientos en el estado potosino, sabemos que hay manifestaciones que han llegado muy lejos. He ahí la propuesta de la castración química que hasta el Congreso del Estado dio a parar y el nuevo municipio de Villa de Pozos, que anda en una rueda.
Aunque la misma Ley Orgánica del Municipio Libre de San Luis Potosí no permita la creación de un nuevo municipio con menos de 20 mil habitantes (9 mil personas viven en La Pila) sabemos que esto tampoco es impedimento para el mandatario estatal, quien tiene el poder de reformar dicha ley en cualquier momento con el Poder Legislativo a su merced, como ha ocurrido en todas las iniciativas que envía y que son aprobadas en fast track o, simplemente, pasar por encima de cualquier artículo o regla que se le plazca, como pasó desde que tomó protesta como gobernador en la Plaza Fundadores.
Ni si quiera fueron suficientemente efectivos los amparos presentados para intentar evitar la municipalización de Villa de Pozos.
En resumen, si el gobernador quiere un nuevo municipio, tendrá un nuevo municipio. No hay nada que lo detenga.
Y es que, hay algo de razón en lo que dice Gallardo Cardona, que una delegación se vuelva municipio sí puede resultar positivo. En teoría, habría toda una estructura creada en torno a la demarcación que diariamente trabajaría para su mejora y el bienestar de sus habitantes. Tendría una mayor cantidad de recursos económicos y no las migajas de un municipio. Así como la posibilidad de elegir a un presidente o presidenta municipal.
Indudablemente esto vendría acompañado de una curva de aprendizaje. Nadie nace y al siguiente día corre. Todo desarrollo debe ser paulatino y sostenible. De menos a más.
Narrado desde este ángulo, todo luce de maravilla, ¡a crear municipios por doquier!
Ojalá fuera tan sencillo. En toda la operación que se requiere existe un factor que probadamente va a enturbiar los procesos y los resultados: la gallardía.
No son casualidad las dificultades que enfrentó y sigue viviendo la gente de Villa de Pozos ahora que habitan el municipio número 59 del estado de San Luis Potosí. Todo aquello es el resultado de una nula planeación e intereses bastante dudosos, que ni por error rayan en el bienestar de las personas.
Al menos se debió asegurar que el municipio contara con las mínimas condiciones de dignidad para sus habitantes, pero a los días de creado ni si quiera había un servicio de recolección de basura. Eso sí, el sueldo de todo el abarato burocrático ya estaba asegurado. Tampoco había seguridad suficiente ni se había desplegado la información necesaria para que toda persona supiera qué estaba pasando y qué puerta tocar en caso de algún problema.
Es el estilo de un gobierno que trabaja al “ahí se va”, que si no se trata de la Feria Nacional Potosina, no hay planeación, no hay proyecto.
Hoy en día aún me pregunto: ¿Cuál era el objetivo de volver a Pozos municipio?
La otra prueba de un municipio fallido está en Soledad de Graciano Sánchez. Ya casi 16 años desde que la gallardía se apoderó de la demarcación y no hay un solo día de luz para la demarcación.
Si la capital potosina carece de agua, Soledad dice agárrate que ahí te voy.
Años y años de dádivas que han ayudado a que una sola familia sea la dueña del municipio, pero en todo este tiempo no se ha observado el progreso de su gente ni mejores condiciones de vida.
El municipio se expande en tamaño y población, sin embargo, esto no se refleja en la calidad de vida.
No hay mejor explicación sobre lo que puede lograr la gallardía, que voltear a ver al vecino soledense que, cabe resaltar, es el segundo con mayor presupuesto del estado, tan solo por dentrás de la capital. ¿Dónde se invierte todo ese presupuesto? ¿A dónde se ha ido?
Es ahí donde resulta mejor pensar dos veces si conviene o no, convertirse en municipio en estos tiempos.
El problema de La Pila no es que se convierta en municipio, es que lo gobierne la gallardía.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente director editorial de Astrolabio Diario Digital, con interés y experiencia en Transparencia y el Derecho de Acceso a la Información Pública. Formó parte de la tercera generación del MásterLab en edición de investigaciones organizado por Quinto Elemento Lab.