Mucho que salvar

Carlos Rubio

Hay mucho que salvar porque en las universidades aún se confía en el periodismo. Aunque acá afuera el panorama no luzca esperanzador.

En las últimas semanas tuve la oportunidad de platicar, de manera breve, con estudiantes universitarios que recién ingresaron a la carrera de Ciencias de la Comunicación, algunos de ellos tenían la intención de aparecer en la televisión, de dedicarse a la fotografía y a la grabación de video, y, unos pocos, al periodismo.

“¿Por qué?”, les pregunté, intrigado. “Porque los gobernantes nos mienten y el periodismo los descubre”, me dijeron. “No habría mejor descripción”, pensé.

Apenas 18 años y dieron con lo que yo considero es algo de la esencia del periodismo, y es que, a uno mismo muchas veces se le olvida cuál es la razón de ser de todo esto.

Curiosamente esta columna lleva por nombre “Nada personal”, pero en esta ocasión viene a ser “Todo personal”.

Quizá reencontrarme con jóvenes universitarios me llevó a una especie de catarsis sobre la profesión o tal vez fue el haber visto Frankenstein de Guillermo del Toro o ambas situaciones.

Después de reflexionar ambos sucesos, a mi cabeza llegó aquella afamada frase de Rousseau como conclusión: “El hombre nace bueno, es la sociedad la que lo corrompe”. Que enfocándose en la profesión podríamos decir que: “El periodista nace bueno, es el sistema el que lo corrompe”.  

Y es que uno recuerda la convicción que tenía al egresar de la carrera y elegir dedicarse al periodismo: quieres comenzar a escribir y que a los tres días renuncie el gobernador en turno por ineficiente, que despidan a todos los funcionarios de un área por corruptos y que le lleven agua y servicios a todas las colonias que reportaste como olvidades.

Al poco tiempo uno se da cuenta de que esto no funciona así y que lograr ese tipo de cosas es una labor difícil.

No todos tenemos la fortuna de llegar a Astrolabio. Lo llamo fortuna no como una intención de autoelogio, sino como una opinión basada en el panorama general actual de los medios de comunicación en San Luis Potosí, que en su mayoría han sido amordazados por los gobiernos por medio del presupuesto.

No vengo a revelar los “grandes secretos de esta redacción” (que me parece que no existen), pero creo que sí vale la pena contar algunos detalles.

En Astrolabio hemos apostado por la gente joven, que con o sin práctica, llegue confiando en el periodismo y en lo que se puede lograr a través de él. Aquí todos hemos sido recibidos de brazos abiertos por un Victoriano Martínez, Antonio González, Alejandro Rubín y, en su momento, Eduardo Delgado y Jaime Nava, que con su experiencia formaron y pulieron lo que hoy es Astrolabio.

Hoy este medio tiene una base sólida de información gracias a las que para mí son las mejores reporteras que podría haber.

Comenzando a nombrarlas en orden de llegada a la redacción: María Ruiz, Fernanda Durán, Estela Ambriz y Desiree Madrid, son a quienes usted puede leer diariamente en este medio.

Veo en ellas algo en común y es que escriben con convicción a sus ideales. Algo que no es común de ver en personas con tanta experiencia en campo como ellas. María, por ejemplo, busca siempre poner en la agenda temas relacionados con las mujeres y las violencias que viven diariamente.

Luego desde el “poder” se piensa que de este lado se arman reuniones en las que revisamos qué temas le van a molestar al gobierno y cómo hacerlo quedar mal, pero no podrían estar más equivocados. La realidad es que detrás de cada palabra, cada nota y cada idea, hay personas que confían en que las cosas pueden cambiar y utilizan lo mejor que tienen para lograrlo: sus palabras.

Desde que llegué a Astrolabio, en el 2018, la primera oración de nuestro Código de Ética movió algo en mí. Nunca la he dejado de pensar y al poco tiempo la adopté como una reflexión propia.

“En Corporativo MAZ creemos en México, en su gente, y en su capacidad de transformar su realidad”, así comienza el texto que rige a este medio.

A este país lo hace su gente, en cada estado, municipio, colonia y calle. Por más poderoso que pueda llegar a ser un gobierno, nunca será más grande que el valor de una sola persona.

Mucho se habla de que el gobierno tiene amarrados a los medios de comunicación, pero más allá de eso, son personas las que componen esas redacciones, personas que, estoy seguro, también tienen o tuvieron la intención de hacer un cambio.

Hoy habrá un pollo, mañana una oveja, después un caballo, quizás hasta un perro, un gato, un lobo o una vaca, pero hasta las dictaduras llegan a su fin, y las personas y los sueños aquí nos quedamos. No hay despensa, artista o dinero que valga más que la dignidad, esa no se la puede llevar un político.

Hay mucho que salvar porque el periodismo es importante. Nos recuerda que no hay invencibles ni imposibles.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente director editorial de Astrolabio Diario Digital, con interés y experiencia en Transparencia y el Derecho de Acceso a la Información Pública. Formó parte de la tercera generación del MásterLab en edición de investigaciones organizado por Quinto Elemento Lab.