Nydia Morales
-En lo personal es una injusticia. Y vuelvo a lo mismo, pero es una injusticia. Porque en primer lugar fue en la madrugada, no nos avisaron, no les permitieron agarrar nada. Pasaron en la madrugada, llegaron, dice mi hija, las formaron y (les dijeron): “fórmate” y lo que agarraron, lo que traían puesto y esto. Mi hija dice: “no, mamá, una cosa horrible”.
Traslado masivo, desorganizado y apresurado de mujeres a Xolol
El 4 de septiembre de 2023, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de San Luis Potosí emitió un acuerdo administrativo para reorganizar el sistema penitenciario estatal. Bajo ese acuerdo se ordenaron los traslados. A más de 300 kilómetros de distancia.
El 27 de septiembre de 2023 se realizó el primero. Aproximadamente 100 mujeres fueron reubicadas del Centro Penitenciario La Pila, en la capital del estado, al Centro Penitenciario de Xolol, en el municipio de Tancanhuitz de Santos. Un segundo traslado ocurrió el 20 de julio de 2024, cuando otras 20 mujeres fueron enviadas al mismo centro.
-¿Quieren un espacio para puras mujeres?, entonces, por qué no, en lugar de tomar la resolución de mandarlas a tantos kilómetros de distancia, ¿por qué no hacerlo aquí? Espacio, tienes. Entonces, ¿qué es lo que te afecta?, ¿por qué ensañarse con las mujeres?
El criterio fue claro y discriminatorio: ser mujer. Ninguna reorganización similar se aplicó de forma generalizada a la población de hombres. Así, una decisión administrativa impactó, no solo a las mujeres privadas de la libertad, también a sus hijas e hijos, a sus redes de cuidado y a sus procesos judiciales en curso.
La justificación oficial fue el cumplimiento de la Recomendación 73/2019 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Sin embargo, dicha recomendación nunca ordenó la concentración de toda la población femenil en un penal alejado de la capital. La recomendación señaló la obligación del Estado de mejorar las condiciones de reclusión en La Pila, no de desplazar el problema geográficamente.
La distancia es violencia institucional
-Uno madruga. Nos recogen ahí en la iglesia de San José del Carpintero. Ahí llega el camión y es como llegamos formados. Llegamos allí. A las 5 de la mañana sale el camión. Sale —¿Cómo llegan ahí? —En taxi, como uno pueda llegar. Es lo que le digo, yo vengo de (…) y agarro taxi a la Alameda, porque a esa hora no hay ni camiones. Es lo que le digo, son gastitos que uno tiene que hacer, otras que vienen de Maravillas, no sé, de por allá, pobrecitos también ahí llegan corriendo, ¿verdad? Este, y pasamos y ya recogen ahí en escalerillas unas, otras en Cárdenas, otras en Rayón. No más hacen esas dos paradas, ¿verdad? —Y el mismo día van y vienen. Sí, vamos y venimos. A las 5 de la mañana salen, sale el camión, llegamos allá como 9:18, 9:20 am.
La mayoría de las mujeres son originarias de la capital potosina o de municipios cercanos. Sus redes familiares se componen de otras mujeres cuidadoras (madres, hermanas) que enfrentan bajos recursos. Y para las familias, visitar Xolol implica gastos imposibles de sostener, jornadas de viaje extenuantes, desgaste físico y emocional constante.
El traslado a Xolol rompió el vínculo cotidiano entre las mujeres privadas de la libertad y sus familias.
-Ni caso, que mi hija se venga para acá por las enfermedades que nosotros tenemos, porque no tenemos los medios para ir a verlas, así tan seguido, ni nada. Y por (su hijo), de que yo lo veo así triste y todo. A veces, él no puede ir a verla.
La distancia tuvo efectos directos en las niñeces. Niñas, niños y adolescentes interrumpieron la convivencia regular con sus madres, afectando su salud emocional, su desempeño escolar y su bienestar general. El Estado, al ordenar el traslado, no valoró el interés superior de la niñez, ni implementó medidas de apoyo para garantizar el derecho a la convivencia familiar.
En ese contexto, el centro penitenciario de Xolol en la actualidad, no es solo un sitio de violencia contra las mujeres privadas de la libertad, también un factor que profundiza la vulneración para niñeces que ya se encontraban distantes de sus madres.
-Ya tiene once años. Le digo, él ya puede, ¿verdad?, este, hablar, opinar y todo. Este, la niña pues también, ¿verdad?, pobrecita. A ella, pues sí le ha afectado mucho. —Y ellos van a van a ver a su mamá? —Eh, no, no van. Los he llevado yo, por mi cuenta, pero ya no. El papá se ha puesto en un plan machista, de que: “que no vayan y que no sé qué tanto, pone miles de excusas. Y yo, por no echármelo de enemigo, los dejo. —Pero, ¿el papá también está en La Pila? —Sí. El papá está en la pila. Y él sabe, sabe que mi hija no fue, pero la involucró, mi hija se hizo de delito porque se fue con él. Se fue con él, pero mi hija no fue.
La reinserción no se construye desde el aislamiento
El caso de Xolol deja una lección clara: la reinserción social no se logra con traslados masivos ni con centros lejanos a la vida comunitaria. Se construye garantizando derechos, fortaleciendo vínculos y colocando la dignidad humana en el centro de las decisiones públicas.
Hoy, mientras decenas de mujeres permanecen aún en Xolol, la pregunta sigue abierta: ¿puede el Estado hablar de justicia y reinserción cuando reproduce castigos adicionales no dictados por ningún juez? La respuesta no está en los discursos, sino en las condiciones reales de vida dentro de los muros.
Xolol bajo la lupa: un centro que no garantiza reinserción
-Bueno, ¿quieren contarnos cómo están sus hijas en Xolol? ¿En qué condiciones están? — Sí, claro que sí, están, ahora sí que, en muy malas condiciones, al grado de que yo como puedo veo a mi hija. — Muy mal atendidas, de alimentos, muy amontonadas.
Los diagnósticos oficiales desmienten el discurso gubernamental sobre Xolol como un espacio “adecuado” o “certificable”. Según el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2024 de la CNDH, el Centro Estatal de Reinserción Social de Tancanhuitz obtuvo una calificación de 5.52, en una escala de 0 a 10. Es decir, reprobatorio.
La CNDH supervisó e identificó deficiencias graves en prácticamente todos los ejes que deberían garantizar una estancia digna y reinserción social:
-En materia de integridad personal, destacan deficiencias en los servicios de salud. De manera especialmente grave, la CNDH identificó obstáculos para la presentación de quejas por violaciones a derechos humanos, lo que configura una forma de abuso de autoridad. Este hallazgo revela un patrón de silenciamiento institucional que impide conocer y denunciar lo que ocurre al interior de Xolol.
-Respecto a las instalaciones, la CNDH señaló que las condiciones materiales e higiénicas son deficientes para el alojamiento. Además de espacios inadecuados o inexistentes para la comunicación con el exterior, la preparación/ consumo de alimentos y la atención médica, contrarias a la salud y la dignidad de las personas privadas de la libertad.
— ¿Cómo son los alimentos? — Ah, pues, de hecho, el alimento está en muy malas condiciones. A mí me hace comentarios mi hija, las restringen de los alimentos. A las que les depositan qué bueno, las que no está canijo su situación. Se apoyan una con otra, me dice mi hija, es muy triste. Nunca hay luz. Siempre se va se batalla mucho. También, donde venden los alimentos, tienen su tienda y todo, pero en el baño lavan los trastes, ahí es donde comen. Está la cocina y allí junto utilizan el baño para lavar todos sus accesorios.
-La Comisión también detectó irregularidades en los procedimientos disciplinarios, así como una insuficiencia de personal de seguridad y custodia. Esta combinación favorece prácticas discrecionales y debilita el control institucional efectivo dentro del centro.
-En el eje de reinserción social, la CNDH evidenció la existencia de expedientes técnico-jurídicos incompletos, una separación inadecuada entre personas procesadas y sentenciadas, así como fallas en la clasificación de la población penitenciaria.
-A lo anterior, se suma la insuficiencia (o inexistencia) de actividades educativas, laborales, deportivas y de capacitación, elementos centrales de la política de reinserción.
Finalmente, el Diagnóstico advirtió omisiones específicas en la atención a grupos en situación de mayor vulnerabilidad. Entre ellos las propias mujeres privadas de la libertad, los niños y niñas que viven con sus madres en prisión y las personas LGBTTTI.
Desde 2024, la CNDH insistió en la urgencia de programas efectivos para la prevención y atención de adicciones, así como procesos de desintoxicación voluntaria. Resulta alarmante que rumbo a 2026 no exista alguno para las mujeres privadas de su libertad en Xolol ni en La Pila.
En resumen, Xolol no cumple con los estándares mínimos que la propia CNDH considera indispensables para hablar de reinserción social. El traslado no resolvió las deficiencias de La Pila; las replicó y las agravó a la distancia. Con eso, silenció a las familias y desinforma a la ciudadanía sobre un problema estructural en nuestra sociedad.
Mujeres, familias y redes de cuidado: el costo oculto del sistema
El sistema penitenciario descansa su peso en el trabajo no reconocido de las mujeres. Madres, hermanas y abuelas asumieron jornadas adicionales de cuidado, viajes y gastos por la decisión del Estado.
-Que se las hayan llevado a Xolol es más gasto, porque se tiene que pagar el transporte, porque se tiene que pagar lo que se va a llevar. — Por ejemplo, nosotros vamos cada mes, cada que el autobús va porque no tenemos los medios para ir a visitarla, ni para ir un poquito más, no tenemos.
Lejos de ser un problema individual, esta situación constituye una forma de violencia institucional y estructural que se ensaña con mujeres empobrecidas. Muchas de ellas indígenas o racializadas, y con niñeces que ya vivían en contextos de desigualdad y vulneración.
-Yo, en el caso de mis nietecitos les ha perjudicado mucho psicológicamente. Sí me han mandado a hablar de la escuela. El niño está en muy mucha rebeldía, cambió mucho, a veces no lleva tareas, se descontrola. Lo tiene la otra abuela, porque yo también estoy enferma. Yo me hago la fuerte, pero yo tengo trombosis, mala circulación, soy diabética, hipertensa, pero yo me doy fuerzas, ¿sabes por qué? Porque todavía tengo esa chiquita. Y tengo aquella allá. Pero no estoy al cien. Y a veces voy, voy en el camión, voy bien mala con mis pies. Me brinco las reglas del doctor “doña no puede viajar más de 2 horas” y que no sé qué. ¿Cuántas horas no son de aquí allá?
Hablar de Xolol no es hablar de un penal aislado en la Huasteca. Es hablar de cómo el Estado gestiona y dispone de la vida de las mujeres privadas de la libertad, de sus hijas e hijos y de las redes que sostienen lo que el sistema abandona.
Certificar lo que no funciona
A pesar de estos datos, el gobierno estatal ha insistido en la “certificación” de Xolol. El propio Secretario de Gobierno reconoció públicamente que destinarán 10 millones de pesos para mejorar el centro. La contradicción es evidente: primero se trasladó a las mujeres y después se aceptó que el penal no estaba en condiciones adecuadas.
La demora de respuesta gubernamental estatal y federal frente a la situación en Xolol como en La Pila no es un caso aislado. En México, las prisiones y los sistemas penales operan bajo las preconcepciones y los estereotipos masculinos. Estos ignoran, tanto el perfil como las necesidades específicas de las mujeres privadas de la libertad, como señala el documento Mujeres privadas de la libertad en México de INEGI (2025).
Azaola y José anticiparon desde 2016 que las mujeres privadas de la libertad enfrentan una triple forma de discriminación: por ser mujeres, por su condición de reclusión y por las situaciones de pobreza y exclusión social que atraviesan sus trayectorias de vida, esto en su libro “Mujeres olvidadas: un estudio sobre la situación actual de las cárceles de mujeres en la República mexicana”.
San Luis Potosí es el cruel reflejo de la realidad de un grupo específico de mujeres en México. Del fracaso de la reinserción social y de una realidad donde las decisiones administrativas que afectan a las mujeres privadas de la libertad no son neutras, carecen de perspectiva de género, de niñeces y derechos humanos. El caso del Centro Estatal de Reinserción Social de Tancanhuitz, conocido como Xolol, es un ejemplo claro.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es una colectiva feminista integrada por defensoras, académicas y aliadas que trabaja por los derechos de las mujeres, la niñez y las adolescencias en México. Desde una mirada amplia, acompaña de manera cercana a mujeres privadas de la libertad en San Luis Potosí y a sus familias, frente a las desigualdades y violencias estructurales que el sistema penitenciario reproduce y profundiza.
