Por Edgardo Pérez Alvelais
Con Donald Trump nunca se sabe qué pueda pasar pero su estrategia de presiones y amenazas verbales alcanzaron otra dimensión con la captura de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, por un comando de fuerzas especiales de los Estados Unidos para ser enjuiciado en la Corte del Distrito Sur de Nueva York (SDNY).
De acuerdo a como amanezca y esté su humor, el republicano mueve el tablero político internacional y abre frentes de ataque. El más reciente fue su anuncio de que impondrá aranceles del 10% a ocho países europeos a partir del 1 de febrero de 2026, si no respaldan su plan de adquirir Groenlandia.
La medida afecta a productos provenientes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. Trump amenazó con aumentar estos aranceles al 25% en junio de 2026, a menos que “se llegue a un acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”.
La propuesta de anexión de la enorme isla que es territorio danés le ha generado a Trump una fuerte oposición, tanto por parte de la población local como de los líderes europeos, que consideran que la soberanía de una nación no está en venta. Los países afectados han expresado su solidaridad con Dinamarca y han calificado las amenazas del presidente estadounidense como un intento de socavar las relaciones transatlánticas que estabilizaron al mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
El delirio geopolítico de Trump y su forma de jugar Monopoly rayan en la locura, mantienen al mundo en vilo y al borde de un ataque de nervios del que México y su sistema político no están ajenos y son sacudidos. La llamada telefónica que sostuvo con la presidenta Claudia Sheinbaum, el pasado lunes 12 de enero, se produjo en un contexto de alta presión para que nuestro país tome medidas más contundentes contra los cárteles de la droga que según Trump dominan gran parte del territorio nacional.
A raíz de ello se han desatado toda una serie de especulaciones y análisis que van de lo sublime a lo ridículo. Esta semana que hoy inicia se espera otra llamada telefónica entre ambos mandatarios y es evidente que la presidenta Sheinbaum ha apretado el acelerador para reportarle resultados contra el fentanilo y más capturas de objetivos prioritarios que se han intensificado en los últimos días.
La llamada abarcó temas de seguridad, comercio y migración, y aunque Sheinbaum enfatizó el respeto a la soberanía de México y rechazó ofertas de apoyo militar (como ataques terrestres o la participación de la CIA), la presión de EE. UU. por resultados tangibles es un factor constante en la relación bilateral.
Ha trascendido que México y Estados Unidos están trabajando en los preparativos para una tercera entrega masiva de narcotraficantes. Durante el año pasado se realizaron dos extradiciones masivas de alto perfil: En febrero de 2025 México extraditó a 29 personas, incluyendo a Rafael Caro Quintero. Seis meses después, en agosto, otras 26 fueron entregadas, entre ellas Abigael González Valencia (“El Cuini”) y Servando Gómez Martínez (“La Tuta”).
Estas extradiciones se realizaron en el marco de la cooperación bilateral y con el compromiso de que no se solicitaría la pena de muerte para los implicados. Las autoridades de ambos países, incluyendo la Fiscalía General de la República (FGR) de México y el Departamento de Justicia de EE. UU., colaboran en estos procesos para llevar a los criminales para que rindan cuentas ante la ley estadounidense.
En días recientes se ha reactivado una narrativa que afirma la existencia de una supuesta lista de políticos mexicanos bajo investigación directa del gobierno de Estados Unidos por presuntos vínculos con el narcotráfico. Lo único verificable es la persistente presión diplomática estadounidense para que México investigue corrupción y colusión criminal; lo que no existe es documento oficial alguno —del Departamento de Justicia, del FBI, de la Embajada de EE. UU. o de la Cancillería mexicana— que confirme la elaboración, entrega o vigencia de una lista nominal con cargos específicos. Tanto el gobierno de México como la representación diplomática estadounidense han negado expresamente su existencia.
En consecuencia, las versiones que aseguran la presencia de nombres concretos derivan de interpretaciones sin sustento documental. Los duros señalamientos de actores políticos de la oposición, analistas y periodistas críticos a la 4T no constituyen información confirmada ni acreditada por autoridad alguna: se inscriben en el terreno de la conjetura, la inferencia y la especulación narrativa. A falta de pruebas institucionales verificables, dichas afirmaciones deben considerarse no comprobadas y tomarse bajo reserva.
Sin embargo, dicha conversación entre Sheinbaum y Trump no clausura el riesgo, solo lo administra. El mensaje público de “intervención descartada” funciona como contención diplomática, pero la insistencia estadounidense en “hacer más” delata un cambio de vara: ya no bastan decomisos ni métricas tradicionales; se insinúa la expectativa de resultados políticamente visibles. En paralelo, la reforma electoral y el énfasis en logros macroeconómicos cumplen una función defensiva: orden interno y estabilidad como argumento frente a la presión externa. El subtexto es claro: la soberanía se preserva mientras sea funcional a la cooperación; cuando no, se activa la palanca comercial y reputacional.
En base a lo anterior, se puede hacer la siguiente síntesis estratégica de lo que ha pasado y viene en los próximos días:
1. Escenario base: cooperación sin intervención directa, con presión incremental vía comercio, visas y narrativa de seguridad.
2. Riesgo principal: ambigüedad deliberada de Washington sobre qué considera “suficiente”, elevando costos políticos ante cualquier demora.
3. Línea de acción: acelerar resultados medibles y comunicables en seguridad; blindar el frente comercial (T-MEC) separando técnica de política; despresurizar el frente interno (reforma electoral) para no abrir flancos simultáneos.
En suma: el respiro es táctico, no estructural. La ventana para convertir cooperación en estabilidad duradera es estrecha y finita. Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe.

Simultáneas
– El límite del discurso. La llamada entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump fue presentada como un gesto de entendimiento y cooperación. Se habló de respeto, de coordinación y de soberanía. Pero el fondo fue otro: la reiteración de una exigencia que México escucha desde hace años y que aún no logra neutralizar con hechos contundentes. Cuando el tono se vuelve cordial, la presión no desaparece: se formaliza. La soberanía, en este contexto, ya no se asume; se evalúa. No basta afirmar control ni enumerar avances parciales. La distancia entre el discurso oficial y la realidad operativa sigue siendo el principal punto de fricción. El problema no es la llamada, sino lo que la hizo necesaria. Mientras el Estado no cierre esa brecha, cada respiro será provisional. Y en política internacional, los respiros no son soluciones: son advertencias.
– Estabilidad: ¿Conveniencia o convicción? Las sola posibilidad de una intervención militar estadounidense en México revela menos sobre una amenaza inminente que sobre el desgaste del propio orden internacional. No porque sea viable, sino porque se discute. Cuando la fuerza se vuelve argumento antes que último recurso, el problema deja de ser táctico y se vuelve civilizatorio. México no es un teatro marginal ni una periferia prescindible: es un socio estructural, un engranaje económico y un nodo geopolítico cuya alteración tendría efectos sistémicos, no daños colaterales. Los datos, los precedentes y la experiencia histórica convergen en una conclusión incómoda pero clara: una acción de esa naturaleza no solo sería inviable y costosa, sino profundamente contraproducente. No fortalecería la seguridad, no resolvería el fenómeno criminal transnacional y no restauraría ninguna autoridad moral. Por el contrario, erosionaría los principios que dicen sostener el orden basado en reglas y confirmaría que la legalidad internacional se invoca selectivamente, según convenga al poder. Pero el riesgo mayor no radica en la guerra que no ocurre, sino en la normalización del discurso que la contempla. Cuando la intervención se vuelve hipótesis recurrente, la cooperación se degrada en concesión y la soberanía en condición revocable. La contención, hoy, depende más del cálculo económico y del equilibrio geopolítico que del respeto a la norma. Y ese es un cimiento frágil. Si el siglo XXI aspira a algo distinto de la ley del más fuerte con retórica jurídica, deberá recordar que la estabilidad no se preserva por conveniencia, sino por convicción. Solo así el poder dejará de confundirse con permiso y la prudencia con debilidad.
– Las locuras de Trump. Así tituló el colega Fernando Díaz de León su más reciente columna De Fondo en Closeup. Su análisis sobre el presidente estadounidense da en el clavo: “Con sus locuras, ocurrencias, ansias de expansión, dominio y tentativa de controlar el mundo, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, perdió el juicio y ya puso de cabeza a la Unión Europea, a la Organización del Tratado Atlántico Norte OTAN y a América Latina, no se diga, a Venezuela, a Colombia, Cuba y México. Cualquier parecido a imagen y semejanza, el mandatario gringo ya se puso al parejo de Adolfo Hitler, no con una guerra mundial, que para ya vamos si no pone freno, sino con su guerra comercial y arancelaria en contra de quien se oponga a sus caprichos y al engrandecimiento del Imperio. Su intención de apropiarse de Groenlandia va en serio. Trump, lo mismo aprendió de Hitler que de Goebbels sus repetidas mentiras y amenazas, cada vez más se convierten en realidad. En Venezuela ya se apropió de su petróleo. A Cuba la quiere matar de hambre con su brutal bloqueo, y, a México, con su complejo de invasión aparentemente para combatir al narco-terrorismo comienza a preocupar a millones de mexicanos. Seguramente en los Estados Unidos no existen las redes de delincuencia organizada. Eso dicen ellos, al menos no los han declarado narcoterroristas, aunque siempre existe alguien que recibe la droga, la distribuye, la vende, la consume y retorna el dinero en dólares a través de sus bancos que nunca son supervisados. Las armas vienen de allá de Norteamérica y no hay poder que los detenga”.
¡Hasta el próximo lunes!

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UASLP. Comenzó como reportero en Canal 13 y para la revista Jaque. Dirigió Canal 9 de SLP y conoció de cerca el modelo de Radio Canadá en Montreal. Ocupó cargos de producción audiovisual, monitoreo, síntesis y análisis en Comunicación Social de Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de la capital. Fue ejecutivo de Proyectos Técnicos y Especiales del Centro Nacional de Supercómputo del IPICYT y en la iniciativa privada participó en Seguros ING y AXA. Actualmente se desempeña en el sector inmobiliario y es director de Ajedrez Político SLP. Twitter: @AlvelaisPerez.






