José de Jesús Ortiz
Primera parte
Tiene 86 años y más de seis décadas vinculado a las luchas sociales en San Luis. Su itinerario político expresa, de alguna manera, la biografía de una generación que desde diversos espacios impulsó la apertura democrática y la transformación del país inspirada por la utopía revolucionaria y la fe en el hombre nuevo, en la búsqueda de una sociedad más justa.
Profesor normalista, con especialidad en educación especial en niños con problemas de aprendizaje, Carlos López Torres ha sido también, en un sentido amplio, maestro de varias generaciones de cuadros políticos de la izquierda en San Luis Potosí, lugar donde se estableció en 1965 luego de concluir sus estudios en la Escuela Normal Superior en la Ciudad de México.
En una época en que alzar la voz y disentir —en el contexto de un régimen autoritario como el mexicano— implicaba poner en riesgo la integridad personal o la estabilidad laboral, mantuvo la insumisión como una práctica permanente. Se formó política y teóricamente en círculos de estudio donde conoció a los autores clásicos de la tradición marxista, fue dirigente del Partido Comunista Mexicano en San Luis y uno de los últimos en visitar la extinta Unión Soviética, aún vivió el horizonte de la revolución.
A lo largo de las últimas décadas ha sido parte de múltiples procesos políticos y sociales: desde las luchas campesinas en la Huasteca, pasando por los movimientos estudiantiles y populares de principios de la década de 1970 o los intentos organizativos por construir una disidencia magisterial en el estado, así como procesos más recientes como la defensa de Cerro de San Pedro.
En 1975 fue preso político luego de ser detenido junto con otros integrantes del Frente Popular Estudiantil —entre ellos Prisciliano Pérez, Julio Hernández López, Jesús Mejía y Ricardo Moreno Barajas—, señalado con vileza por el gobierno de Guillermo Fonseca Álvarez como responsables de la detonación de diversos artefactos explosivos en el centro de la ciudad. Fue el primer diputado de izquierda en el Congreso del Estado, luego de que a nivel nacional se acordara la disolución del Partido Comunista y la creación del Partido Socialista Unificado de México. Años después, apoyó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y luego la fundación del Partido de la Revolución Democrática, en el que ocupó diversas posiciones directivas.
Maestro jubilado, se encuentra alejado de la política de partidos, aunque simpatiza con el proyecto que representa la llamada Cuarta Transformación desde una distancia crítica. En entrevista, hace una revisión de su larga trayectoria política y de algunos de los procesos en los que participó, siempre con los de abajo.
Los orígenes
Carlos López Torres nació en la Ciudad de Saltillo, Coahuila, en 1940. Fue el mayor de cinco hermanos, tres hombres y dos mujeres. De niño, llevaba la comida a su madre que trabajaba en una fábrica en la que construían boilers y otros productos de peltre. En el receso para comer, escuchaba las quejas y lamentos de las compañeras de trabajo de su madre. Un recuerdo remoto sobre una situación social que se quedó grabado en su memoria.
“No entendía la profundidad, pero de lo que sí me daba cuenta era de que la situación era muy difícil y lo veía en mi madre, a veces la veía muy demacrada. Esa empresa tenía fama de que era muy contaminante por los componentes químicos que usaban para el peltre, las mujeres estaban un tanto mal nutridas, obviamente, se les notaba en su físico. A mi madre la empecé a notar así y me acuerdo que me preocupaba y me dolía mucho”, dice.
Más adelante, aún en la escuela primaria, es una tía quien empieza a generar una conciencia incipiente e impulsarlo para que logre un desarrollo profesional e intelectual. Ante la ausencia de la figura paterna, su abuelo que había sido coronel durante la Revolución, juega de algún modo ese papel, especialmente con él que era el mayor de los hermanos. Lo recuerda como un gran lector, asiduo de la revista National Geographic en inglés, con la que él se distraía viendo las imágenes.
“Mi tía al ver eso comienza un poco a cultivarme, tocaba piano, era soprano, como que veía algunas posibilidades en mí y me empezaba a inculcar algunas cosas, pero más que nada para despertarme la inquietud de estudiar y desarrollarme. Luego ella se va a Monterrey y me manda traer para que termine la escuela. Termino sexto año de primaria en Monterrey con promedio de 10, en una escuela pública. Luego me regreso a Saltillo con mis abuelos porque la recomendación de ella es que estudiara para maestro”.
Astrolabio: ¿Estudia para maestro en la Normal en Saltillo?
Carlos López Torres: Sí, regreso a terminar la secundaria que era anexa a la Normal del Estado. Para ser maestro eran tres años nada más, después de la secundaria. Allí cursé la Escuela Normal, pero jamás llego a saber más que de la política interna como cuando había el cambio de planillas de la sociedad de alumnos. Hubo un tiempo en que tenemos alguna influencia de estudiantes y de movimientos, como el que presenta en una preparatoria muy famosa de todo el norte del país que se llama el Ateneo Fuentes. Un día se da un movimiento en esa preparatoria y quien llega a invitarnos a la Normal para apoyarlo es Carlos Ortiz Tejeda, que era dirigente estudiantil de Saltillo, luego anduvo con Echeverría y en el PRI. Ya está retirado, creo que fue accionista del periódico La Jornada, escribe una columna que se llama Nosotros ya no somos los mismos. Le decían el Pontiac, era un muchacho rebelde como todos los jóvenes, nos invitó a ese movimiento que finalmente ya no supimos qué destino tuvo.
A: ¿En esos años en Saltillo aún no se interesaba por los temas políticos?
CLT: No estaba politizado entonces, era deportista, aparte de que estaba haciendo mi carrera en la Normal jugaba básquet, fútbol, fútbol americano jugué mucho. Además de estudiar, junto con otro compañero que ya murió, era futbolista, jugábamos fútbol americano, éramos más o menos buenos, siempre del primer equipo, de los Bulldogs de la Normal, llegamos a ser campeones de Liga Juvenil y un enemigo acérrimo era los del Ateneo Fuentes. Generalmente las figuras que juegan algún deporte, que destacan, tienen algún cierto liderazgo, y a nosotros nos usaban los otros muchachos de aquella época que querían hacerse de la sociedad de alumnos, nos utilizaban para que convenciéramos gente. Servíamos para eso. Esa era nuestra idea política.
Después de concluir los estudios en la Escuela Normal de Saltillo, a finales de la década de 1950, Carlos López se traslada a la Ciudad de México con la intención de estudiar Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero no es posible, llega días después del cierre de registros. Entre las opciones que dan a quienes no pueden ingresar a la Universidad, están el estudiar Educación Especial en la Escuela Normal Superior, para trabajar problemas de aprendizaje en niños. Se anota en una lista de aspirantes y días después de realizar una entrevista presencial es aceptado. A la par de estudiar Educación Especial, cursa otra especialidad en menores y adolescentes infractores, que concluye hacia 1962.

Los temas políticos y el ideario marxista no están todavía en su horizonte. Su formación profesional seguía un sendero convencional, hasta que estalla el gran movimiento magisterial (1958-1959) con la disidencia que encabeza el maestro guerrerense Othón Salazar, fundador del Movimiento Revolucionario del Magisterio. En esa época los maestros en la Ciudad de México que buscaban incorporarse al trabajo magisterial tenían que acudir a la Secretaría de Educación, formarse desde la madrugada en la Oficialía Mayor para entregar sus documentos y comenzar con algunos interinatos. En una de esas ocasiones en que acude, es reclutado, junto con decenas de profesores, para cubrir las clases de maestros en paro, simpatizantes de Othón.
Recuerda: “Llegaban maestros de todas partes, muchos de Guerrero que eran los que controlaba prácticamente la Escuela Nacional de Maestros y el reparto de plazas, seguido de los de Yucatán, de Oaxaca, de los estados que proveían mucha fuerza laboral magisterial; luego estábamos la parte del norte, que básicamente éramos de Saltillo, de Nuevo León, otros de Durango, en fin. Íbamos a hacer cola, había que llevar cobijas, había quienes dormían ahí, estar desde las cuatro de la mañana y cuidar el lugar porque había que entrar temprano a las oficinas de la Oficialía Mayor que era donde uno hacía la gestión, solamente para dejar los papeles y allí decían: ‘bueno, va a haber 10 interinatos, ¿a ver quién llegó primero?, pues órale, vénganse mañana’. Y así, se iba recorriendo la cola”.
“Un día llego y nos dejan pasar a todos, nos concentran en el patio y nos dicen que se van ir a trabajar como 500, que muy apenas se completaron. Era solo para la Ciudad de México, pero no nos explicaron para qué, ni nada, solo nos dijeron que era para cubrir a unos maestros. Resulta que había que ir a cubrir a los maestros que estaban en huelga, nadie sabía nada, pero se trataba de ir a cubrir a maestros que habían hecho un paro en la Sección IX del magisterio en el DF, que dirigía Othón Salazar. Nos usaron en contra de ese movimiento”.
A: ¿Cómo esquiroles?
CLT: Sí. Yo voy a dar a una escuela, íbamos escoltados por policías, nos llevaban en una camioneta y se nos agrega una patrulla adelante y otra atrás, éramos como seis maestros, en Azcapotzalco. Cuando llegamos afuera de la escuela estaba la manifestación de padres de familia, nos reciben a mentadas de madre, gritándonos esquiroles, traidores. Los padres de familia estaban de acuerdo con los maestros, una parte, la escuela se había dividido. Entonces, entramos, nos recibe el director, nadie nos habla de adentro, nos ven muy mal los maestros. Finalmente nos dan posesión de los del grupo.
A: ¿Qué sucede después de que toman posesión de los grupos?
CLT: Estando allí en el grupo ese mismo día, un profesor que se llama Sergio (nunca se me va a olvidar), llega y me dice: ‘oiga, maestro, soy el titular del grupo, ¿me permite darles este volante a los niños?, es un citatorio para los padres de familia y una información’. Le digo que pase y ya adentro los niños lo abrazan y todo. Y mientras estoy leyendo ahí lo del volante, le pregunto ¿cómo está esto maestro? ‘¿No está usted enterado?’ me pregunta. Le digo que no, que yo vengo de Saltillo y él me dice cómo están las cosas, que si quiero saber más que ellos se reunían en la Nacional de Maestros, me invita a asistir para tener más información y ‘sirve que conoce al maestro Othón’. Dos días después me presento en un acto en la Nacional, ando caminando cuando me ve el maestro Sergio y me dice ‘véngase para presentarle a Othón’. Voy y le dice: ‘él está en tal escuela’. Othón ya era dirigente de la Sección IX, era una figura reconocida a nivel nacional, en ese momento ya empezaba a trascender, era guerrerense. El maestro Sergio le dice que yo estoy en tal escuela, que le permití entrar al grupo para dar información, me había invitado al acto y pues ahí estaba.
En su memoria, recuerda a Othón Salazar con un acento sureño, de entre el sureste y el sur del entonces Distrito Federal, quien le pide que si quiere apoyar al movimiento democratizador del magisterio regrese y hable con los otros maestros que estaban en la escuela a la que había sido asignado. Al final, logra convencer a tres de ellos de no prestarse para romper el paro. “Solo estuve tres o cuatro días en la escuela, me doy cuenta, me lleno de vergüenza y me separo. Pero me quedo con los maestros del movimiento”.
También, le toca vivir la represión en contra de la disidencia magisterial por parte del gobierno federal, que disuelve un mitin en la Plaza de Santo Domingo. Una época en la que son letra muerta derechos constitucionales como la libertad de reunión y manifestación.
“Llego a la plaza y empiezo a caminar para escuchar a los oradores, en ese momento es cuando llegan granaderos, reprimen el mitin y empieza el corredero de gente en las calles adyacentes. Hay policías uniformados en caballos, la policía montada que se usaba para tratar de contener a la gente, pero en estampidas es muy difícil. Y comienzan a dar garrotazos, me tocan dos fuetazos y salgo corriendo. Me refugio en el departamento donde vivía ahí cerca, con unos compañeros, que en ese momento estaban trabajando”.
A: ¿Ese es su debut?
CLT: Sí, después para reprimir al movimiento, el gobierno lanza la amenaza contra todos los maestros que abandonen las clases, porque hay un abandono de mucha gente que no está de acuerdo, se hace un trabajo del movimiento para convencer de que no es correcto estar de esquiroles. Se amenaza que todos los que abandonen no van a tener oportunidad. La verdad es que pasa el tiempo, algunos meses después de la represión y empiezan a contratar otra vez, porque hay maestros cesados y mientras se arregle el conflicto necesitan maestros y ahí nos vuelven a dar interinatos. Sigo con los interinatos, llego a cubrir como siete, veo que no hay expectativas. Sigo estudiando en la Normal Superior la especialización.
La militancia
Aún en la Ciudad de México, Carlos López Torres comienza a involucrarse con algunas células del Partido Comunista Mexicano que operaba sin registro oficial, en la semiclandestinidad. En ese contexto se da la disputa chino-soviética por el liderazgo del comunismo internacional. Son los primeros años sesenta.
Un compañero de Saltillo, Juan José Esparza, El Chundo, es quien lo invita originalmente a acercarse al Movimiento de Liberación Nacional, fundado por el general Lázaro Cárdenas a finales de los años 50, y en el que confluye gran parte de la izquierda de la época. Posteriormente, se integra a una célula del Partido Comunista y al frente popular que apoya la candidatura presidencial de Ramón Danzós Palomino en 1964.
“En esa etapa empezaba a leer la revista Siempre, de José Pages Llergo, que era democrática, ahí comencé a leer a Víctor Flores Olea, a Fernando Benítez, a Alberto Domingo, en fin. Fui tomando un poco conciencia de la problemática nacional. Luego ya conocí la revista Política, de Manuel Marcué Pardiñas, que me centró más, tenía una postura más radical”.
Dice de su acercamiento al Partido Comunista: “Me invitan a un círculo de estudios, fue la primera vez que escuché hablar de comunistas, me llamó mucho la atención. Fui a dar a una célula comunista pero clandestina. Empiezo a hacer trabajo político electoral, de pintas, de repartir volantes como activista, debió ser en 1962, tenía como 22 años. Ya había terminado los estudios en la Normal del Estado y estaba por concluir o concluyendo la segunda especialidad, la primera fue en educación especial, en niños con problemas de aprendizaje, luego hice la otra en educación para niños y adolescentes menores e infractores”.
“Es la época del Frente Electoral del Pueblo que básicamente lo animaban los grupos de izquierda, lo que había quedado de los movimientos ferrocarrileros, incluso magisteriales; estaba también Othón Salazar, los campesinos, el Partido Comunista sobre todo la parte del DF, grupos de obreros, intelectuales, una parte del cardenismo, estaba el Movimiento de Liberación Nacional con el general Cárdenas o la gente de la Revista Política, de Manuel Marqué Pardiñas. Se logra una cohesión de fuerzas para crear el Frente Electoral del Pueblo y en 1964 se decide lanzar a Ramón a Danzós Palomino como candidato presidencial sin registro. Estoy hablando de una época en que no se distinguía entre lo que era gobierno, partido y mucho menos la instancia electoral, todo lo controlaba el gobierno”.
A: En esa su primera experiencia político electoral, ¿usted ya leía literatura marxista?
CLT: Ya había empezado a leer cierta literatura muy difundida en esos años, sobre todo marxismo, en una célula del Partido Comunista que llevaba el nombre de José Mancisidor que había sido un historiador, no sé si comunista o no, pero hay textos todavía de él, de la época de la Revolución Mexicana. En el inter a esa célula que dirigía el círculo de estudios se le cambia el nombre por el de Ifigenia Zúñiga, la esposa de Rubén Jaramillo, asesinada en 1962. En ese lapso es cuando ingreso al círculo de estudios a capacitarme para luego ser aspirante de ingresar al Partido Comunista, en esa época se da la lucha de Rubén Jaramillo que es asesinado por el Ejército (en el gobierno de Adolfo López Mateos) junto con su familia.

A: ¿Cuándo ingresa al Partido Comunista?
CLT: Por esos años se produce la disputa, se ahondan las diferencias, la pugna chino-soviética en el movimiento comunista internacional y los partidos toman posturas. El Partido Comunista Mexicano estaba alineado al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y lo que hace es expulsar gente, porque esa fue la decisión del movimiento comunista internacional, se expulsó a los chinos y sus seguidores en todos los países o en las naciones socialistas, y el Partido Comunista se divide.
“Un día, cuando ya me iban a dar mi hoja para afiliarme al Partido Comunista, me dicen los camaradas ‘es que ya no estamos en el partido, estamos suspendidos en nuestros derechos’. Y me quedo así, en suspenso, pero de repente un día dicen: ‘bueno, el círculo del estudio y lo que queda de la célula, vamos a empezar a trabajar un poco con la línea China’. Empezamos a trabajar, a recibir un folleto que se llamaba Pekín Informa que era el boletín que editaba el Partido Comunista chino, ahí conozco más gente: a Guillermo Rousset Banda, oigo poesía y pláticas de Enrique González Rojo y de otras personas, estaban pintores, gente del Instituto Nacional de Antropología e Historia. A través de ellos se empieza a discutir ya la creación de la Liga Comunista Espartaco, que va a ser el antecedente de la Liga Comunista 23 de septiembre”.
Dice que en esa etapa, luego de concluir los estudios en la Escuela Normal Superior, interrumpe su militancia política por cuestiones de trabajo pues surge la posibilidad de establecerse en Veracruz, junto con quien era su pareja. A los pocos meses aparece un proyecto educativo para trasladarse a San Luis Potosí.
El trabajo en SLP
El profesor Carlos López Torres se estableció en San Luis Potosí en 1965, invitado para formar parte del primer proyecto en educación especial que inicia en la ciudad en esa época.
Son los años posteriores a la represión en contra del navismo y la reclusión del doctor Salvador Nava en el penal de Lecumberri; los años previos también al movimiento estudiantil de 1968 y la detención de luchadores sociales ligados a la izquierda. A nivel local, con un contexto de dispersión del Partido Comunista que tuvo gran fuerza con los trabajadores ferrocarrileros durante el movimiento vallejista de 1959.

“En ese tiempo seguía teniendo relación con la gente del DF, pero ya nada con los maestros ni la disidencia. Estoy pocos meses en Veracruz, cuando me sale otra oportunidad. Un día me comuniqué con una persona que había sido mi maestra en la Normal Superior y me dice: ‘Carlos, te tengo una buena noticia, necesito tres maestros, cuatro contigo si aceptas, consígueme maestros para que se vayan a San Luis, primero quiero saber si tú estás dispuesto a irte’. Le dije que sí y conseguí otros tres compañeros, paisanos de Saltillo. Llego y me meto totalmente al trabajo de organizar en San Luis lo que es educación especial, concretamente, la atención a niños con problemas de deficiencia mental, diversos padecimientos, que afectan su inteligencia”.
A: ¿Su trabajo como maestro va de forma paralela a la parte política? ¿Cuándo llega a San Luis se vincula aquí con la gente del Partido Comunista?
CLT: Pregunto en México cómo está aquí en San Luis, me dicen que hay grupos de jóvenes comunistas. Uno de ellos era un licenciado cercano a Florencio Salazar, se llamaba Juan Manuel Rodríguez, El Che Manolo, era el dirigente de las juventudes comunistas; estaba también Prisciliano Pérez (dirigente histórico del Partido Comunista).
Un día me encuentro a una persona repartiendo un volante sobre Vietnam, le pregunto y dice ‘mira, nosotros nos reunimos en tal parte, somos un grupo de universitarios, somos de la Juventud Comunista’. Y entonces acudo ahí, yo traía ya una capacitación mínima, y empiezo a platicar con ellos. Al rato estoy integrado ya en la Juventud Comunista que es lo que había aquí, que dirige el Che Manolo. Tomaban café a un lado de donde es ahora el Congreso del Estado, por el Hotel Colonial.
Empezamos a hacer un trabajo más que nada de difusión. No había mucho interés en estudiar, había una dirección unipersonal. Se trataba de leer correspondencia que llegaba de la Juventud Comunista de México del partido, y hacer sobre todo trabajo de apoyo a la Revolución Cubana, contra la guerra en Vietnam.
A: ¿En San Luis, es con el grupo de las juventudes comunistas que comienza a hacer trabajo político?
CLT: Sí, es con los que conozco, empiezo a participar, pero yo ya traía cierta formación, cursos, ya había estudiado y había estado en un círculo de estudios, aparte traía una posición política y empezaba a darme a conocer. Les digo que me integro como un militante más a la Juventud Comunista, porque en el partido no conocía muy bien a Prisciliano y a otras gentes.
Además de este abogado, el Che Manolo, de Prisciliano, había otras personas, un profesor Víctor Araujo, Carlos Martínez (hermano de Mario Martínez, de los fundadores del Frente Amplio Opositor en Cerro de San Pedro), algunos ferrocarrileros, era la gente que andaba por ahí; a Mario lo conozco mucho después… Además de ellos, había dos o tres ferrocarrileros que habían sido vallejistas y seguidores también de Valentín Capa. En Ferrocarriles el Partido Comunista tuvo mucho apoyo, en San Luis eran como cinco o seis mil ferrocarrileros, aquí estaban los talleres más grandes.
Agrega: “Es lo que quedaba del partido, pero no hacían gran cosa y tenían muchas divergencias con la gente de la Juventud Comunista, por razones incluso de la edad, pero también ideológicas, de visiones diferentes a partir de la división internacional chino-soviética. El Partido Comunista aquí se va a dividir porque una buena parte de la gente que había estado con Demetrio Vallejo (él no era comunista), eran sus seguidores a muerte. Cuando se produce la división chino-soviética, esos dirigentes vallejistas, con la represión, la situación ideológica y la división internacional, terminan un poco alejándose, pero ahí se mantienen. A mí todavía me toca reorganizar una de sus células”.

A: ¿Se afilia en esa etapa al Partido Comunista?
CLT: Me afilió al Partido Comunista, a la Juventud Comunista porque en el partido habían sido expulsados varios compañeros, había pugnas después de 1959 tras la represión a la gran huelga ferrocarrilera, allí había grupos de comunistas que tuvieron un papel destacado en la lucha junto a Demetrio Vallejo y habían participado en la huelga aquí en San Luis y en Cárdenas. Cuando yo llego el partido está dividido, no existe prácticamente el Partido Comunista. Cuando pregunto en la Juventud Comunista el Che Manolo me dice: ‘es que aquí el único comunista que queda es un profesor que se llama Víctor Araujo, un obrero que es Prisciliano Pérez Anguiano, y por ahí otra persona’. Era lo que quedaba. Llega un día en que la dirección nacional decide que una parte de la Juventud Comunista, la gente que supuestamente estamos más avanzados pasemos a formar parte de la Comisión Reorganizadora del Partido Comunista. Yo soy uno de los que paso: dejo la Juventud Comunista, me desligo de los jóvenes para empezar a asumir ya un trabajo de partido.
A: ¿En qué año se da esto?
CLT: Se da previo al ´68 en que empezamos a trabajar, a tratar de formar un equipo. Prisciliano Pérez es nuestro dirigente hasta que es detenido en la Ciudad de México en pleno 68, casi al inicio del movimiento estudiantil, días después de la represión por la bronca entre estudiantes de la Vocacional con la Preparatoria Isaac Ochotorena, cuando allanan el local del Partido Comunista Mexicano en la Ciudad de México. A él lo detienen el 27 de julio, llega (a las oficinas centrales) sin saber nada. Allanan el local para culpar al Partido Comunista. Es cuando lo detienen y es enviado a Lecumberri, sale hasta 1971, con los presos políticos que liberan con la amnistía.
Entonces, en ese periodo que va del ‘68 al ‘71, los que habíamos pasado de la Juventud Comunista tenemos que asumir de alguna manera el papel de dirección en San Luis.
