SEGE se deshace de compromiso simbólico con la transparencia

Por Victoriano Martínez

“Esto, más que una máquina, representa una herramienta para que el ciudadano pueda ejercer el derecho de acceso a la información. Y para las instituciones, una oportunidad y vía para transparentar sus acciones. Sr. Jesús Federico Piña Fraga”.

Fueron las palabras de una pequeña placa encima de una máquina de escribir Olivetti Modelo 98 con matrícula 3210373 colocada frente a la pared del pasillo que da a la oficina del titular de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado que Piña Fraga donó para ser expuesta ahí como un compromiso y convicción de respetar el derecho de acceso a la información pública.

La placa estaba acompañada por las tres páginas del acta levantada por el notario Jaime Delgado Alcalde en la que se hacía constar la donación por parte de Piña Fraga de la máquina de escribir que le sirvió para hacer cientos de solicitudes de información a la SEGE por más de 19 años, incluso desde 2002, un año antes de que entrara en vigor la primera Ley de Transparencia estatal.

Una larga carrera en la que Piña Fraga, a partir de que en el Jardín de Niños de su hija le negaron información sobre el destino de las cuotas de inscripción, logró llevar el tema hasta un pronunciamiento del relator en Derecho Humanos de las Naciones Unidas recomendara la desaparición de las cuotas de padres de familia.

En esa máquina de escribir, Piña Fraga elaboró solicitudes de información y recursos de queja ante la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información que lograron exhibir confabulaciones entre directores de escuela y directivos de asociaciones de padres de familia para hacer negocios con presuntas mejoras a los planteles escolares que se cobraban hasta por triplicado.

Como herramienta, Piña Fraga aprovechó su máquina de escribir para una labor que le surgió de manera circunstancial: padres de familia, profesores y profesoras que conocieron de los alcances logrados con el ejercicio derecho de acceso a la información publica que puso en práctica comenzaron a buscarlo para que los apoyara.

¿Cuántos padres de familia, cuántas profesoras y profesores lograron destrabar asuntos que tenían pendientes con la SEGE y con el Sistema Educativo Estatal Regular (SEER) y hasta con la Normal del Estado con el apoyo de Piña Fraga? Ni él lo sabe, pero pueden ser cientos.

El 19 de mayo de 2021 se realizó un acto en el que se colocó la máquina de escribir en aquel pasillo y se levantó el acta notarial que hacía constar que Piña Fraga donaba su máquina como reconocimiento a que Joel Ramírez Díaz, entonces titular de la SEGE, había permitido el acceso a una serie de solicitudes de información que se mantuvieron bloqueadas por meses.

Pidió que su resguardo estuviera a cargo de Fernando Marmolejo Cervantes, secretario particular de Ramírez Díaz, y aunque no podía determinarse su colocación en ese sitio a perpetuidad, el sentido que Piña Fraga de que fuera vista como por la autoridad como “una oportunidad y vía para transparentar sus acciones” la convirtió por casi un año en un recordatorio de ese compromiso… hasta que llegó Juan Carlos Torres Cedillo como secretario.

Fiel a la vocación de opacidad de su sobrino político, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, una de las primeras medidas tomadas por Torres Cedillo fue retirar la máquina de escribir donada por Piña Fraga y en su lugar colocar un pronunciamiento de “cero tolerancia a las conductas de hostigamiento sexual y acoso sexual, así como de toda forma de violencia contra las mujeres…”.

¿Dónde quedó la máquina de escribir donada por Piña Fraga? Quizá en la basura, aunque es lo que menos importa. Lo relevante es que el símbolo de un pequeño avance en una buena relación entre quien ejerce el derecho de acceso a la información y la autoridad que lo respeta desapareció junto con la poca convicción de transparencia que llegó a tener la SEGE.

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