Por Edgardo Pérez Alvelais
Mientras todo es festín en el gallardismo por el anuncio de la posible alianza Morena-Verde-PT para el 2027, exacerbada aún más con la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum del pasado fin de semana en su bastión Soledad de Graciano Sánchez, donde la mandataria dio un espaldarazo al gobernador Ricardo Gallardo Cardona que en el correo de las brujas se interpretó como luz verde para Ruth González Silva, otras fuerzas políticas -que el Padrino ha identificado como la “herencia maldita”– no se han dado por derrotadas y se organizan en torno al anuncio de Santiago Taboada, secretario de Acción Política del PAN de que el blanquiazul abrirá a externos la posibilidad de obtener candidaturas en las 17 entidades donde habrá elecciones en 2027.
Taboada recordó que el líder del PAN, Jorge Romero, resaltó que su partido puede dar la sorpresa en las elecciones del próximo año, porque gobierna en varias de las capitales de los estados donde habrá comicios, entre ellas San Luis Potosí, lo que significa una ventaja, pues ahí está concentrado entre el 40 y el 50 por ciento de los electores. El candidato externo del PAN a la gubernatura en el caso del Gran Tunal sería Enrique Galindo Ceballos.
En el “Think tank” de quienes analizan y toman las decisiones políticas del PAN en México y en San Luis Potosí saben que el Ajedrez Político tiene circunstancias y giros inesperados en el que figuras que son dadas por terminadas o “muertas” resurgen con fuerza. Calculan que si se dan una serie de buenas combinaciones, la gubernatura tunera es ganable. Algunas pueden ser PAN y MC más los 200 mil votos capitalinos deEnrique Galindo y se consolida aún más si en esa mezcla entra el PRI, aunque reconocen que eso dependerá de la alianza Morena-Verde.
Los expertos en estrategia electoral saben que en una elección a la gubernatura como la que viene en el 2027 que será la madre de todas las batallas, las siglas partidistas pesan poco y la clave serán los candidatos que postulen. Enrique Galindo ya le ganó a Morena (Leonel Serrato) y al Verde en la capital con una candidata del PAN (Sonia Mendoza).
El estratega político Andrés Elías, originario de Ecuador, que desde hace años radica en México y ha dirigido 157 campañas en 12 países ha descrito con Maestría los 7 errores que hunden una candidatura antes de que empiece: “Y te puedo decir algo con certeza: los candidatos no pierden elecciones el día de la votación. Las pierden semanas antes, en decisiones que parecían menores. Aquí están los 7 errores que veo repetirse una y otra y otra vez”:
1. Lanzarte sin mensaje central
En 1992, la campaña de Bill Clinton colgó un cartel en su war room que decía ‘The economy, stupid’. No era un eslogan para el público. Era un recordatorio interno: si no puedes explicar en una oración por qué te postulas, tu equipo va a improvisar, tus voceros van a contradecirse y tu audiencia no va a poder repetir nada de lo que dijiste. He visto candidatos con equipos enormes, presupuesto millonario y cero claridad. El resultado siempre es el mismo: ruido sin dirección. Define tu propuesta de valor electoral antes de imprimir una sola calcomanía. Si no cabe en una oración, no está listo.
2. Hablar de ti en vez de ellos
Tu maestría, tus años de experiencia, tu trayectoria impecable. Al votante le importa exactamente nada de eso. Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en Political Psychology encontró que los mensajes centrados en las necesidades del electorado generan hasta 38% más retención que los mensajes centrados en las credenciales del candidato. La razón es simple: el cerebro humano filtra información por relevancia personal. Si no le estás hablando al votante sobre SU vida, te está ignorando aunque te esté mirando. Regla 80/20: 80% sobre sus problemas, 20% sobre ti. Transforma ‘tengo 15 años trabajando en educación’ en ‘sé lo que necesitan sus hijos porque lo viví en el aula todos los días’.
3. Prometer todo a todos
El candidato que quiere agradar a todos termina sin agradar a nadie. Esto no es opinión, es psicología cognitiva. El efecto de dilución, documentado por Nisbett, Zukier y Lemley en 1981, demuestra que cuando mezclas información fuerte con información débil, la percepción general se debilita. Aplicado a campaña: cuando prometes resolver seguridad, educación, salud, medio ambiente, infraestructura, empleo, cultura y deporte, el votante no piensa ‘qué candidato tan completo’. Piensa ‘este no va a cumplir nada’. Elige máximo tres batallas. Hazlas tuyas. Repítelas hasta que la gente las asocie automáticamente con tu nombre. La paradoja política es que entre más específico seas, más creíble te vuelves.
4. Atacar sin proponer
Destruir al oponente es la parte fácil. Cualquier consultor mediocre puede armar una estrategia de demolición. El problema es que la negatividad constante agota al votante indeciso, que es exactamente el votante que necesitas. Construye la diferencia entre dos visiones y le da al elector razones para elegirte a ti, no solo para rechazar al rival.
5. Improvisar respuestas difíciles
Las preguntas incómodas no son sorpresa. Son absolutamente predecibles. Tu pasado, tus contradicciones, tus flancos débiles: todo eso lo sabe tu oponente y lo sabe la prensa. Improvisar en esos momentos no es valentía, es negligencia. Lista las diez preguntas más incómodas que te pueden hacer. Escribe respuestas de máximo treinta segundos. Practica hasta que suenen naturales, no ensayadas. Los candidatos que he visto sobrevivir crisis mediáticas tenían todos algo en común: un libro de respuestas críticas preparado antes de que las preguntas llegaran.
6. Descuidar tu imagen visual
Mehrabian lo demostró hace décadas: el 55% de la impresión que causas viene de tu lenguaje corporal, 38% del tono de voz y solo 7% de las palabras que dices. Antes de escuchar tu primera propuesta, la gente ya decidió si confía en ti o no. Grábate hablando. Analiza tu postura, tus manos, tu mirada. Define un código visual consistente. Tu imagen tiene que comunicar tres cosas: competencia, calidez y autenticidad. Si alguna falla, el mensaje no llega por más brillante que sea.
7. Mensajes inconsistentes
Dices una cosa en el debate, otra en redes, otra en entrevistas y otra en territorio. Resultado: confusión y desconfianza. La repetición no es aburrimiento, es estrategia. Crea un manual de mensajes con tu lema central de máximo siete palabras, tres pilares temáticos que todo tu equipo domine, una lista de frases prohibidas y las historias aprobadas que puedes contar. Cuando todo tu ecosistema comunicacional dice lo mismo con las mismas palabras, el mensaje penetra. Cuando cada vocero improvisa, el mensaje se diluye.
“Estos siete errores no son teóricos. Los he visto destruir candidaturas con todo a favor. Y los he visto corregirse a tiempo en campañas que parecían perdidas. La diferencia nunca fue el presupuesto ni la popularidad inicial. Fue la disciplina estratégica”, concluye Andrés Elías.

Simultáneas
– Entre aplausos, silencios y herencias. La consolidación de la dinastía Gallardo en el tablero del Ajedrez Político rumbo a 2027 va a depender en mucho de la negociación final entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la cúpula del Partido Verde respecto a la Reforma Electoral que será presentada en los próximos días. La visita de la mandataria a San Luis Potosí, con motivo de la inauguración de la primera etapa de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC) en Soledad de Graciano Sánchez, fue presentada públicamente como un acto institucional centrado en la educación, la coordinación entre niveles de gobierno y el fortalecimiento de oportunidades para la juventud. En términos formales, el evento cumplió con ese objetivo: hubo presencia oficial, discursos protocolarios, anuncios de inversión y reconocimientos al trabajo del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, particularmente en lo referente a la construcción de infraestructura educativa. Sin embargo, más allá del guion administrativo, el acto adquirió una dimensión política que no puede ser reducida a la cortesía institucional. La reiteración pública del respaldo presidencial, las expresiones explícitas de agradecimiento, el énfasis en la “alianza estratégica” y la constante visibilización del gobierno local como socio confiable del proyecto federal no constituyen simples fórmulas retóricas. En el lenguaje del poder, estos gestos funcionan como certificaciones. No son halagos: son señales. No son protocolos: son avales. Desde una lectura estrictamente jurídica, no existe hasta ahora un pronunciamiento formal que establezca respaldos sucesorios rumbo a 2027. No hay acuerdos publicados, designaciones oficiales ni documentos que confirmen apoyos electorales anticipados. En el plano normativo, todo permanece dentro de los márgenes de la institucionalidad. Pero la política real rara vez se define en expedientes. Se construye con imágenes, presencias, omisiones, narrativas y legitimaciones implícitas. Y en ese terreno, lo ocurrido en esta gira es elocuente.
– México ante su espejo: crimen, poder y la negación política. El reciente análisis publicado por The New York Times sobre la relación entre crimen organizado y estructuras políticas en México no representa una provocación gratuita ni un ejercicio de especulación ideológica. Se trata, por el contrario, de una lectura que recoge patrones documentados durante años por investigaciones judiciales, reportajes especializados y operativos federales. Frente a ello, la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum, al calificar el texto como “ficción”, revela más sobre las limitaciones del poder que sobre la veracidad del diagnóstico. El discurso oficial insiste en que los avances en indicadores de violencia descartan cualquier forma de colusión entre autoridades y grupos criminales. Sin embargo, esta lógica confunde reducción coyuntural de homicidios con desmantelamiento estructural del crimen. La disminución parcial de ciertos delitos no implica, necesariamente, la desaparición de redes políticas, financieras y territoriales que permiten a las organizaciones criminales operar con protección institucional. El planteamiento central del diario estadounidense no acusa una alianza directa desde el Ejecutivo federal con los cárteles. Lo que sostiene es algo más complejo y, por ello, más incómodo: en amplias zonas del país, el crimen organizado se ha integrado a las dinámicas del poder local, influyendo en procesos electorales, controlando territorios, financiando campañas y condicionando decisiones administrativas. En ese esquema, la violencia visible es solo la superficie de un sistema mucho más profundo. La evidencia empírica respalda esta lectura. Operativos federales recientes han derivado en la detención de presidentes municipales, funcionarios y operadores políticos acusados de colaborar con organizaciones criminales. Casos documentados en Jalisco, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas y otras entidades muestran que estas relaciones no son excepcionales, sino parte de un patrón persistente. A ello se suman investigaciones periodísticas que, desde hace más de una década, han exhibido redes de protección política al narcotráfico en distintos niveles de gobierno.
– Estas estructuras no surgen de manera espontánea. Se construyen mediante pactos, silencios, complicidades y beneficios compartidos. Requieren participación bancaria, empresarial, administrativa y partidista para funcionar. El volumen de recursos que mueve el narcotráfico hace imposible su ocultamiento sin una red amplia de tolerancia institucional. Aceptar públicamente esta realidad implicaría, para cualquier gobierno, una crisis de legitimidad de gran escala. Reconocer que el crimen ha penetrado estructuras políticas significaría admitir que no se enfrenta únicamente a grupos armados, sino a una arquitectura de poder que sostiene gobiernos locales, maquinarias electorales y equilibrios partidistas. Desmantelar ese entramado supondría fracturas internas, pérdida de control territorial y debilitamiento del aparato político. En ese contexto, la negación no es un acto de ingenuidad, sino una estrategia de supervivencia. Negar permite preservar la narrativa de gobernabilidad, eficacia y control. Permite sostener la imagen de un Estado funcional, aun cuando múltiples evidencias indiquen lo contrario. Este fenómeno se explica también por la herencia política. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el poder presidencial se sostuvo en un fuerte control interno del partido gobernante. Hoy, ese control es más fragmentado, más dependiente de liderazgos regionales y más vulnerable a presiones territoriales. Alterar abruptamente esos equilibrios implicaría abrir conflictos internos de gran escala. Sheinbaum gobierna sobre una estructura previamente construida, con lealtades locales, pactos implícitos y compromisos heredados. Romperlos significaría dinamitar la estabilidad política que sostiene su administración. En ese marco, la continuidad resulta más funcional que la confrontación. Desde esta perspectiva, calificar como “ficción” el análisis del NYT no constituye una refutación, sino una defensa política. Admitir siquiera parcialmente la infiltración estructural del crimen en la política implicaría cuestionar la legitimidad de amplias capas del poder público. Implicaría aceptar que el problema no se limita a las calles, sino que habita también en oficinas, ayuntamientos, congresos y partidos. La mirada internacional resulta relevante precisamente por su distancia del cálculo electoral inmediato. Organismos multilaterales, agencias estadounidenses y centros de investigación han señalado reiteradamente la existencia de redes financieras, políticas y administrativas que facilitan la operación del narcotráfico. Esa visión coincide con la del diario: el problema no es de voluntad individual, sino de entramado institucional. Mientras el debate público permanezca atrapado en desmentidos, cifras aisladas y discursos defensivos, la dimensión real del fenómeno seguirá operando en la penumbra. La negación no desmonta estructuras. Solo las administra. El espejo que ofrece el NYT incomoda no porque distorsione la realidad, sino porque la refleja con crudeza. Y en política, pocas cosas resultan más peligrosas que una verdad que el poder se niega a reconocer. Negar puede ganar tiempo. Nunca ha ganado historia.
¡Hasta el próximo lunes!

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UASLP. Comenzó como reportero en Canal 13 y para la revista Jaque. Dirigió Canal 9 de SLP y conoció de cerca el modelo de Radio Canadá en Montreal. Ocupó cargos de producción audiovisual, monitoreo, síntesis y análisis en Comunicación Social de Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de la capital. Fue ejecutivo de Proyectos Técnicos y Especiales del Centro Nacional de Supercómputo del IPICYT y en la iniciativa privada participó en Seguros ING y AXA. Actualmente se desempeña en el sector inmobiliario y es director de Ajedrez Político SLP. Twitter: @AlvelaisPerez.






