Por Frida Castillo
La interacción digital se ha convertido en una extensión de la vida cotidiana. Cada vez es más frecuente observar manifestaciones que sugieren que el sentido de identidad constantemente se ve influenciado por la información que surge al deslizar una pantalla táctil. Es innegable que, navegar en la red se ha vuelto una de las principales ocupaciones y necesidades del quehacer cotidiano.
En el contexto actual, el acceso a internet facilita experiencias virtuales que nos conectan con espacios y personas con quienes es posible hacer comunidad, compartir perspectivas, hacer activismo, incidir políticamente en el entorno y tomar acción para cambiar la realidad.
Esta conectividad también ha dado pie a que surjan otro tipo de espacios que incentivan la polarización, la violencia digital y la misoginia, como es el caso de la machosfera.
También conocida como manosfera (proveniente de los términos en inglés man, hombre y sphere, esfera) es un fenómeno digital integrado por comunidades de hombres de diversas edades y entornos socioeconómicos que comparten intereses, perspectivas y preferencias opositoras al activismo feminista y a las luchas por la igualdad y la no violencia alrededor del mundo.
Para estas comunidades, las mujeres hemos llegado demasiado lejos exigiendo nuestros derechos a costa de los derechos de los hombres, lo cual los lleva a considerase como víctimas del entorno actual, lo que propicia sentimientos de frustración, pérdida de autoestima, aislamiento y conflictos de identidad.
Frente a ello, la machosfera se vuelve un refugio en el cual estos hombres son comprendidos, escuchados, recibidos y forman una especie de hermandad en la cual surgen consejos, propuestas e iniciativas para tomar acción frente a las circunstancias que les aquejan. En este entorno de coincidencias, influencers, creadores de contenido, gamers, artistas, deportistas y figuras públicas, abordan discursos sobre la masculinidad, caracterizados por su afinidad con ideologías extremistas y particularmente con la violencia hacia las mujeres y las niñas.
Como militantes de estas causas, para los incels (célibes involuntarios, en inglés involuntary celibates) los hombres tienen derecho a tener sexo, sin embargo, las mujeres los privan dolosamente de él, al no elegirlos para sostener relaciones sexoafectivas, lo que les genera depresión, baja autoestima y asilamiento. Ello, los lleva a promover violaciones, abusos y agresiones sexuales.
El MRA (Movimiento por los Derechos de los Hombres por sus siglas en inglés) sostiene que el feminismo ha perjudicado a los hombres, al grado del maltrato, particularmente en asuntos de familia, custodia de hijos, denuncias falsas y preferencias por parte de los sistemas legales.
Conceptos como: “la pastilla roja” (ver la realidad del mundo que favorece a las mujeres), “todas las mujeres son Iguales’” (AWALT por sus siglas en inglés), “femoide” (organismo humanoide femenino que significa que las mujeres son menos que los hombres y por tanto menos que los seres humanos) e “hipergamia” (obsesión de las mujeres de casarse con hombres de alto estatus, atractivos física y económicamente exitosos), son términos comúnmente construidos desde la machosfera.
Estas comunidades han perpetrado actos violentos principalmente en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Suecia. Ataques armados en escuelas por parte de adolescentes, agresiones sexuales grupales y amenazas a activistas feministas, han sido identificados como “terrorismo incel”. Inclusive, en la Unión Europea se ha vinculado a este fenómeno con el supremacismo blanco y el neofascismo.
Este fenómeno no es ajeno en nuestro país. En México, el asesinato de un adolescente del CCH Sur de la UNAM en 2025 por parte de uno de los estudiantes que posteriormente intentó suicidarse, recibió el respaldo de las comunidades incels mexicanas, quienes a través de foros digitales aplaudieron el acto y posteriormente perpetraron amenazas en contra de la comunidad universitaria.
Ahora bien, ¿por qué debería importarnos este fenómeno? Entre otros aspectos porque la identidad se construye también a partir de lo colectivo y la conexión digital hoy en día es posiblemente el medio de mayor alcance para la interacción social, cultural y política en todo el mundo. Frente a ello vale la pena preguntarnos ¿qué está surgiendo de lo colectivo y cómo está impactando en la juventud?
El entorno digital trae consecuencias y cuando las alertas hacen eco para advertir alguna urgencia, es momento de mirar a nuestro alrededor y poner atención en los entornos que implican riesgos, prevenir, informarnos y actuar. Recordemos que la indiferencia no implica inmunidad frente a la violencia.
P.D. Una muy buena producción de Netflix sobre el tema es la serie Adolescencia (2025) que obtuvo siete premios Emmy, incluido el de mejor actor a su protagonista Owen Cooper de 15 años y que con todo y su crudeza, invita a una reflexión profunda sobre este fenómeno.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.