Las “govwives” al 2027

Adriana Ochoa

En política mexicana, la casualidad es un animal mitológico. No existe. El saludo triunfalista del jefe verde en el Senado Manuel Velasco y la esposa del gobernador potosino Ruth González Silva no es creíble como descuido, fue una coreografía. Una puesta en escena con tintes provocadores.

El “destape” de la senadora potosina por parte de Velasco tuvo una precisión quirúrgica. Cámaras encendidas en el momento justo. Ángulos perfectos. Y, por supuesto, el vestuario: la señora del gobernador vestía una blusa en ese verde radiactivo del pantone tucanero. No fue una coincidencia textil. Fue un buscapiés visual. Ruth González no pasaba por ahí; ella estaba lista, entre curules, rodeada de afines, para que el “Güero” le alzara la mano como campeona indiscutible en sus encuestas.

Lo hilarante es la sincronía. Momentos después del “destape”, Velasco tenía cita en Palacio Nacional, en el tironeo en la reforma electoral por el tema plurinominales. La prensa registró la entrada de la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez Velázquez, la subsecretaria Rocío Bárcena y el presidente de la Mesa Directiva del Congreso de la CDMX, Jesús Sesma, del Verde. El senador llegó a la sede del poder Ejecutivo con el aroma del destape aún fresco en el traje.

La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum no se movió de la frialdad con la que aborda el tema desde hace meses. Para ella, el nepotismo es una mancha que su reforma intenta borrar. Sin embargo, la presidenta dejó la pelota en la cancha de Morena. Una jugada astuta: desaprobación pública, pero responsabilidad compartida. Si el partido decide ir con la “govwife”, el costo político será un festín para los críticos y un arma de combate en campañas opositoras.

En San Luis Potosí, el gobernador Ricardo Gallardo activó el protocolo de disimulo urgente. Ante el regaño presidencial, sacó dos cartas masculinas como potenciales propuestos para la elección de su sucesor. El gobernador mencionó a Ignacio Segura Morquecho, su operador en jefe del Verde, y a José Guadalupe Torres Sánchez, su secretario general de Gobierno. El caso de Torres Sánchez removió seguramente varias fibras en el equipo del gobernador: desde hace varios meses, Torres Sánchez ha sido blanco de un golpeteo que ha rebasado la bajomesa de la administración estatal y halló difusión en varios espacios mediáticos locales. La firma más frecuente en esos raspones, vaticinios de una próxima remoción incluidos, se le atribuye al jefe en el Congreso y operador político gallardista, Héctor Serrano.

Es el juego de las sombras. El veto al nepotismo sigue vigente en el papel, pero en los hechos, los gobernadores están cavando túneles. Buscan la coyuntura de aquí a fin de año, el resquicio legal o la debilidad política para imponer sus dinastías.

No es un fenómeno exclusivo de San Luis Potosí. En Nuevo León, Mariana Rodríguez ya calienta motores en las redes sociales. La esposa del gobernador Samuel García lidera esfuerzos propagandísticos impulsada por un aparato digital que pretende hacer equivaler “likes” con legitimidad democrática para 2027.

Parece que ha llegado la hora de las “govwives”, señoras de gobernador que, con el amparo del marido, pisan seguro a la arena política. El nepotismo no se crea ni se destruye, solo se transforma en una apuesta familiar hereditaria.

Los embates contra la postura de Sheinbaum seguirán. Los gobernadores, maridos y hermanos, no soltarán el feudo fácilmente. Están dispuestos a tironear hasta las diputaciones plurinominales con tal de asegurar que el apellido no salga de la nómina estatal.

Todo esto ocurre mientras inundan con encuestas el espacio de opinión, aunque toda encuesta pierde su valor cuando por encima de la estadística existe un poder promotor. El dato frío muere ante la voluntad que lo dibuja a conveniencia. La encuesta deja de ser objetiva. Los subordinados, temerosos de perder la quincena, cuadrarán lo que les ordenen.

Ya se verá si para los dos colaboradores a los que el gobernador Gallardo destapó como señuelos, para bajarle tensión al numerito provocador de Velasco, se despliega el mismo gasto en promoción que acompaña a la senadora desde 2024.

ROLLOS SUELTOS.

SANCIÓN HISTÓRICA. Una multa de $565,700.00 (quinientos sesenta y cinco mil setecientos pesos) cobró el Servicio de Administración Tributaria a la empresa editora de un diario regional en Rioverde, derivado de un largo litigio del excandidato emecista a la alcaldía Leobardo Guerrero Aguilar.

EL DICTAMEN.  La editorial incurrió en “conducta reiteradamente contumaz”, según el juzgador, y perdió ante el reclamo de réplica que nunca atendió en campañas electorales (mayo de 2024). La oficina del SAT dio por debidamente pagada la sanción para los efectos legales que el excandidato ganó en un juzgado federal.

CHAIROS BORGOÑA. Que en Morena también hay fifís y eso se dejó ver en el evento con el que el diputado Emilio Rosas Montiel arrancó su tarea de hacer trabajo territorial para el partido en áreas que le encomendaron. El apoyo ebrardista para Rosas Montiel se apersonó en la sede estatal de Morena. Mismo color, sí, pero distinta denominación.

NI CÓMO REBATIR. Certero, el senador Javier Corral Jurado en su llamado a revisar con urgencia la reforma judicial. El exgobernador chihuahuense enfocó baterías a gobernadores y gobernadoras que “se despacharon con la cuchara grande y pusieron a quien quisieron”, todo con funestas consecuencias para la justicia.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.