Subsuelo inestable en El Saucito podría complicar obras: especialistas

María Ruiz

Luego de que en febrero el Grupo Universitario del Agua de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) presentara un informe técnico sobre los riesgos en el barrio de El Saucito, durante la reciente exposición de avances de la Agenda Hídrica 2025 el día de ayer 23 de marzo, especialistas ofrecieron en entrevista un panorama más amplio sobre los procesos que afectan el subsuelo en la zona.

El geólogo José Ramón Torres Hernández explicó, desde un enfoque estructural, que el análisis parte de un principio básico: identificar si los elementos del terreno conservan su disposición original o si han sido alterados por fuerzas externas.

“Si algo debía tener una posición original y observamos que ya no la tiene, entonces hubo un proceso que modificó esa condición”, señaló.

Bajo esta lógica, detalló que las deformaciones visibles en el entorno del templo del Saucito —como separaciones en cantera, fracturas y adecuaciones constantes en la estructura— no son hechos aislados, sino evidencia de procesos activos en el subsuelo. Particularmente, destacó la presencia de pliegues en el atrio del templo, los cuales, explicó, solo pueden generarse a partir de esfuerzos compresionales horizontales.

“Para plegar el terreno se requieren fuerzas laterales. Esa es una señal clara de que el sitio ha estado sometido a esfuerzos que deben considerarse antes de cualquier obra”, advirtió.

El especialista añadió que, además de estas evidencias mecánicas, identificaron un segundo factor de riesgo: la presencia de un acuífero somero, detectado en excavaciones recientes realizadas para atender asentamientos. Este elemento será inevitable en cualquier intervención.

“La combinación de esfuerzos en el terreno y la presencia de agua superficial sugiere condiciones de inestabilidad durante un proceso de excavación. La pregunta es si es seguro intervenir con estos factores adicionales”, planteó.

Torres Hernández subrayó que estos elementos deben integrarse a los estudios técnicos existentes para determinar si modifican o no el diseño del proyecto de paso a desnivel.

Por su parte, la ingeniera química e hidrogeóloga Sonia Torres Rivera profundizó en la composición del subsuelo, enfocándose en el material predominante en la zona: el limo arcilloso, conocido localmente como “yesca”.

Explicó que este tipo de suelo tiene propiedades físicas complejas: puede absorber agua y volverse plástico, lo que le permite deformarse con facilidad; sin embargo, al perder humedad se vuelve rígido y quebradizo.

“Es un material que se deforma fácilmente cuando está húmedo, pero al secarse pierde cohesión y puede fracturarse con esfuerzos relativamente pequeños”, indicó.

Esta dualidad, añadió, lo convierte en un terreno particularmente vulnerable ante cambios de carga, vibraciones o excavaciones profundas. En ese sentido, advirtió que la intervención con maquinaria pesada podría agravar las condiciones existentes y traducirse en daños estructurales tanto en edificaciones históricas como en viviendas cercanas.

Ambos especialistas coincidieron en que estos factores —esfuerzos compresionales, presencia de agua somera y características del suelo— no deben analizarse de manera aislada, sino como un sistema que interactúa y puede amplificar riesgos.

Asimismo, reconocieron que las autoridades municipales han mostrado apertura para considerar estas observaciones. Indicaron que la información ya fue entregada y que actualmente se desarrollan estudios más detallados.

“El ayuntamiento ha sido receptivo. Estos elementos se están tomando en cuenta y formarán parte de análisis más completos”, mencionaron.

Finalmente, aclararon que su papel no es definir si el proyecto debe realizarse o no, sino aportar evidencia científica para una toma de decisiones informada. Si bien las condiciones más críticas se han identificado en puntos específicos como el entorno del templo, factores como el peso de las estructuras y la distribución del suelo podrían influir en otras áreas del barrio.