El ajedrez y el inicio de la Inteligencia Artificial

Frater Ignatius

En 1948, cuando la guerra aún resonaba en los oídos de Europa, Alan Turing -genio matemático, tuvo una idea genial: hacer un programa para jugar al ajedrez. Su nombre fue profético: Turochamp. No era ejecutado en silicio, sino literalmente una máquina de papel, es decir, un algoritmo trazado con lápiz y regla, herramientas simples. Eran los balbuceos de lo que serían las máquinas más tarde.

Turing no pretendía vencer a un Gran Maestro, buscaba algo más importante y profundo: Demostrar que la inteligencia podía delegarse en reglas formales. Junto a David Champernowne, ideó un sistema heurístico que evaluaba posiciones mediante una función numérica refinada: el valor que conocemos hoy en las piezas de ajedrez. No se limitó a poner valor sino que le dio movilidad, piezas atacadas, seguridad de las mismas, protección del rey, derechos de enroque y una incipiente estructura de peones. Capturas y jaques se exploraban en profundidad hasta agotar amenazas. Así nacía un minimax primitivo, selectivo, anticipaba el futuro de la inteligencia artificial.

Lo sublime reside en la humildad y al mismo tiempo en la ambición de entender el pensamiento de las computadoras. Turing simuló varias partidas a mano, tardando media hora en hacer un movimiento evidentemente con cálculos matemáticos. Alick Glennie le venció en 29 movimientos. No importó; el experimento probó que la mente puede codificarse, que el juego -al final de cuentas, espejo de la razón y de la lucha- admite ser diseccionado en aritmética y otros campos de la matemática. Turochamp no fue propiamente victoria en ajedrez, sino un presagio: el primer paso de una era en que las máquinas, no ya jugando, sino -pensando aunque sea de forma rudimentaria-, comenzarían ya a mirarnos sobre el tablero.

La intuición que tuvo el genio inglés fue al mismo tiempo revolucionaria y conmovedora. Abre un campo fascinante dentro del conocimiento humano. Estamos en los inicios de la Inteligencia Artificial. Podemos concluir este pequeño artículo con la aseveración de que con este ejercicio de lápiz y un papel se abre un universo de posibilidades casi infinitas.

Alan Turing fue un matemático, lógico y científico de la computación británico, considerado uno de los padres de la informática moderna. Nació el 23 de junio de 1912 en Londres y es conocido por su trabajo en la teoría de computación y la inteligencia artificial. Murió el 7 de junio de 1954 en Cheshire, Inglaterra, debido a envenenamiento por cianuro.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Administración y Maestro con especialidad en Educación por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Amante de la cultura, la filosofía, la literatura, el cine y las matemáticas. Gusta de leer y escribir sobre historia, psicología y filosofía.