Octavio César Mendoza
Si Morena sufre de exceso de tribus, el PAN en San Luis Potosí sufre de amnesia. No sabe si es oposición, si es gobierno, si es conservador, si es liberal o si todavía existe fuera de los grupos de WhatsApp de sus pocos militantes. A tiro de piedra de la elección del 2027, el blanquiazul enfrenta una crisis que no es electoral. Es de identidad. Veamos los datos.
En 2021 el PAN entregó la gubernatura sin competirla en serio. Apostó por una alianza con PRI y PRD que nunca cuajó en la calle. El candidato más viable del PAN era un priísta que prefirió jugársela por la Capital del Estado; la estructura territorial era del PAN aunque ya estaba fragmentada; y el discurso era anti-AMLO en un estado donde AMLO tenía 60% de aprobación. El resultado fue pedagógico: un doloroso segundo lugar para el ego de su aspirante a la gubernatura y una militancia que migró al Verde, a Morena o a su casa.
Sí nos vamos hacia atrás, observaremos el retroceso paulatino pero continuo. En 2015, con Sonia Mendoza, el PAN sacó 351 mil votos en la boleta que definía al gobernador; es decir, alrededor del 32%. En 2021, ya en la coalición “Sí por San Luis” con PRI, PRD y Conciencia Popular, Octavio Pedroza obtuvo 400 mil votos, otro 32%. O sea que sumaron partidos pero no votos en términos porcentuales. El techo histórico del PAN electoral sigue siendo Alejandro Zapata, quien obtuvo 402 mil votos en 2009, aunque perdió con el opaco Toranzo. Desde entonces, ni con alianzas crece el PAN.
En términos psicológicos, se puede decir que el PAN potosino no ha hecho el duelo. Un sector cree que la ruta es el la cogobierno: no pelearse con Palacio de Gobierno, administrar algunos municipios y esperar que el desgaste del Verde y las fricciones dentro de Morena le devuelvan votos por inercia dentro de 7 años.
El único activo visible del PAN, Enrique Galindo, no es panista pero gobierna con el PAN como socio principal. Su estilo es de administración sin estridencias y dentro del blanquiazul muchos lo ven como el único perfil competitivo para 2027, aunque no tenga credencial azul. Eso divide en lo emocional: ¿el PAN impulsa externos que ganan o defiende militantes que pierden? Dura duda.
Otro sector, encabezado por la dirigencia que hoy representa Verónica Rodríguez, exige volver al “panismo de principios”: padrón limpio, candidatos militantes, crítica frontal a la 4T y cero acuerdos con el de enfrente. El problema es que esa ruta no ha dado una gubernatura desde Marcelo de los Santos Fraga, el primero y hasta hoy último gobernador panista, cuya figura todavía ordena y motiva lealtades en la vieja guardia, pero no moviliza al electorado Sub-40. Y es ahí donde su hijo puede calar más a fondo, si de confrontar dinastías se trata. ¿Imagina Usted un duelo de los Santos Versus Valladares?
En ese sentido vale preguntarse ¿a quién le habla el PAN en tiempos post millenial y Gen-Z? El padrón panista en este Potosí del Verde sin Límites envejece más rápido que su discurso de renovación. El votante urbano de la capital, que los llevó a ganar en 2003 por la inercia marcelista que se montó en la ola foxista del 2000 ya no se reconoce en ellos, aunque el imaginario popular los recuerda, en muchos casos, con afecto. De ahí a la fecha, la caída ha sido brutal. En 2015, por ejemplo, con Xavier Azuara como candidato a la Alcaldía potosina, el PAN sacó apenas 81 mil votos, o sea el 29%. Fue el primer golpe del Gallardismo asestado contra el panismo tradicional. Sólo recuperó la alcaldía hasta 2018 y en 2021 gracias a dos alianzas: primero con Xavier Nava, de origen Gallardista, y luego con Enrique Galindo, de origen priísta. Esto significa que sin coalición ni perfiles prestados, el PAN no gana la Capital potosina desde aquel Jorge Lozano en su máxima expresión popular, por allá del 2006, cuando Marcelo dominaba la cúspide del poder. ¿Y entonces, a dónde se fueron las rubias?
En el Congreso local, Rubén Guajardo es de los pocos que mantiene agenda legislativa visible y voz opositora. Ha sido diputado local en demasiadas ocasiones como para no actuar así: 2012-2015, 2018-2021, 2021-2024, y repite en la actual Legislatura. Pero un diputado no hace verano, y menos si es el último líder de una bancada socialmente invisible por incompetente, o apenas mediocre. La IA genera mejores propuestas legislativas, y en corto.
En la Huasteca y el Altiplano, donde el PAN fue competitivo hace 20 años, ahora no tiene estructura. Se las quitó el Verde y aun no termina la sangría, pues nadie desea ser enemigo del Gobernador y sus operadores. El PAN no tiene cuadros nuevos porque no ha formado cuadros nuevos. Punto. Tiene apellidos que se reciclan a cada elección, y los únicos apellidos que los puede llevar a mantener la Alcaldía son los de Marcelo de los Santos Anaya, quien ya es visto por recelo por quienes no tienen la suficiente fuerza ni para ganar una partida de dominó. Autofagia pura, pues’n.
Rumbo al 2027, el PAN enfrenta la misma pregunta que lo mató en 2021: ¿ir solo o mal acompañado? Si camina a solas con un militante puro, tipo Guajardo, Rodríguez o Argüello, no le alcanzará para la gubernatura porque se quedará muy lejos y arriesgará la alcaldía y, en una de esas, hasta el registro. Si reedita la alianza con PRI y PRD, pero no logra sumar al MC de Marco Gama, cargará con el desprestigio y le regalará al Verde el discurso de “son lo mismo”. Discurso que también emulará Morena para cerrar la competencia entre Ruth (o quien indique el Pollo Gober que sea su sucesor) y una eventual candidata Rosa Icela o un eventual candidato Gerardo Sánchez -si es que dicho Morena desea ser competitivo, obvio.
La tercera vía es la que más miedo da en el CDE que dirige Verónica Rodríguez y su mermada militancia: abrir el partido a candidaturas ciudadanas sin apego a sus principios de doctrina. Eso significa ceder espacios a más perfiles como Enrique Galindo, o admitir que la marca PAN ya no jala por sí sola y con ello enfrentar la crítica y, pero aún, el abandono del marcelismo fundamentalista, pragmático y competitivo que todavía reclama su derecho de antigüedad. El costo de ser irrelevante en la definición de junio de 2026 (no hay más futuro) es muy, muy elevado. Y así, mientras el PAN se debate entre ser testimonial o ser comparsa, las decisiones grandes de San Luis Potosí se toman entre Morena y el Verde. El ciudadano promedio sólo ve un partido azul añil cada vez más desteñido que no define, no encabeza y no incomoda.
La amnesia más grave es esta: el PAN olvidó que su mejor época en el hoy Potosí sin Límites fue cuando encabezó causas concretas. La lucha por la democracia junto a Salvador Nava, la alternancia municipal en los 90 con Mario Leal, la alternancia en el poder federal impulsada con y por Vicente Fox, y el triunfo histórico de Marcelo de los Santos Fraga, fueron causas que abrazó el elector. Hoy, el PAN no tiene causa. Tiene comunicados de prensa.
La pregunta es, entonces, qué sigue para el 2027, donde a mi parecer el PAN tiene tres rutas y todas duelen: la ruta del aguante, que consiste en postular a un perfil propio del grupo Azuara, perder desde el principio la gubernatura, pero conservar la alcaldía de la Capital con un candidato cobijado por todos y capaz de competir con todo, como Marcelo hijo, para reconstruir desde abajo; lo cual requiere humildad para aceptar que serán segunda fuerza (o hasta tercera) durante seis años más.
La segunda es la ruta de Enrique Galindo, el hombre que siempre soñó con ser gobernador pero, cuando despertó, vio que el dinosaurio llamado Ayuntamiento de San Luis Potosí seguía flotando ahí, en el estanque de los noventas. Si el alcalde capitalino acepta, el PAN se vuelve plataforma de un cohete rojo que ya va a media combustión, pero sabe competir. Ganan, en efecto, competitividad; pero pierden control y posiciones de poder.
Y, en tercer lugar, queda a ruta del quiebre o ruptura final: que el PAN se sume a MC o al Verde (hasta el 2030, para frenar la dictadura de Morena) o se quede con Verónica Rodríguez y su franquicia de bazar de antigüedades. Ya pasó en otros estados que el PAN se refunde o se refunda y San Luis Potosí puede ser el siguiente.
En resumen: la crisis del PAN no es de votos sino de sentido e identidad. Los panistas de hoy no saben para qué quiere el poder en el 2027. Y un partido que no sabe para qué quiere ganar, normalmente no gana.
El Verde y el Gallardismo pueden darse el lujo de pelear contra Morena porque tiene votos que perder y aún así, ganar. El PAN potosino, en cambio, no tiene ni puede darse ese lujo. Si sigue buscándose en el espejo de Marcelo de los Santos Fraga, en el cálculo helado de Enrique Galindo o en la resistencia auto complaciente de Verónica Rodriguez o la franquicia Azuara, pero no en la calle, en el 2027 no va a encontrar ni sombra del reflejo de lo que fue al mirar el retrovisor de su automóvil desvencijado.
Y lo dice alguien que ni coche tiene y ahí se ven, que ya va a pasar mi bus.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es poeta, escritor, comentarista y consultor político. Fue director general de Estudios Estratégicos y Desarrollo Político de la Secretaría General de Gobierno del Estado. Ha llevado la Dirección de Publicaciones y Literatura de la Secult-SLP en dos ocasiones, y fue asesor de Marcelo de los Santos Fraga de 1999 a 2014, en el Ayuntamiento y Gobierno del Estado de SLP, y en Casa de Moneda de México. Ganador de los Premios Nacional de la Juventud en Artes (1995), Manuel José Othón de Poesía (1998) y 20 de Noviembre de Narrativa (2010). Ha publicado los libros de poesía “Loba para principiantes”, “El oscuro linaje del milagro”, “Áreas de esparcimiento”, “Colibrí reversa”, “Materiales de guerra” y “Tu nombre en la hojarasca”. La UAQ editó su poemario “Anfiteatro” dentro de la colección de autores latinoamericanos “A libro mayor” en 2025.






