¡Que no se adelanten! Crónica desde el nuevo centro del poder soledense

Blakely Morales

El viento sopla, la noche cae, la gente toma sus asientos, las bocinas truenan; el mariachi espera al fondo, los drones graban las primeras tomas volando sobre la explanada del nuevo edificio de la Unidad Administrativa Municipal de Soledad de Graciano Sánchez. Jueves 14 de mayo de 2026, siete de la tarde.

De estilo minimalista, moderno, espectacular para las fotografías aéreas, más que un edificio, parece un mensaje: el bastión del gallardismo no acepta que se le siga viendo como el patio trasero de la capital y quiere ser el centro mismo del poder.

“Importantísimo para el municipio posicionar a Soledad como lo que es: una gran ciudad ya”.

El alcalde Juan Manuel Navarro resalta ante la prensa la plusvalía que agrega el nuevo edificio a la zona, en la periferia del nororiente de la metrópoli potosina, donde antes predominaba lo rural, y ahora el concreto brilla entre las luces escénicas en color verde metálico, cuando el gobernador llega y Navarro detiene las preguntas: “Llegó el jefe”.

Dispuesto a cortar el listón, Ricardo Gallardo Cardona, frente a la avenida con su nombre, no da señales de gran júbilo y regocijo, pero, ¿Cómo no estar feliz? Si está entre su gente, en la tierra que lo bautizó políticamente, inaugurando un proyecto que anhelaba desde que fuera presidente municipal, hace poco más de diez años.

Toda ceremonia política tiene un clímax. En ésta, irónicamente, el momento culminante no es el edificio ni la inauguración, sino el proceso electoral adelantado; la sucesión del grupo en el poder. Vayamos de atrás para adelante en esta tarde noche, para tratar de encontrarle sentido.

Al final del evento hay un cónclave, una reunión petit comité en la nueva oficina del alcalde Navarro, en el ala poniente. A puerta cerrada, los tres personajes clave, con más poder en la estructura político electoral del verde gallardista potosino, y operadores cercanos, dialogan.

¿De qué hablan?

En concreto no lo sabemos, no podemos saberlo; en general, es fácil sospecharlo: del presente o del futuro.

Al pasar los minutos la noche se vuelve más fría y algunos compañeros de la prensa se desesperan y toman camino rumbo a la casa. Otros más, esperamos.

¿Qué esperamos? Captar la salida del cónclave y ver si comentan algo más. Nada dirán, todo se ha dicho ya, por ahora.

Media hora antes, cualquiera se hubiera sentido en el momento de acción de un thriller político mexicano con cámaras y micrófonos persiguiendo a los tres, el gobernador Gallardo, el alcalde Navarro y la senadora Ruth González; mientras el mariachi inunda la plaza con las trompetas y en el cielo zumban los fuegos pirotécnicos, en una escena de caos no apta para distraídos.

La prensa también corre escaleras arriba, eufórica.

Los guardias personales, confundidos, suben y bajan del segundo piso, pues no saben si sus jefes, que prueban el elevador, suben o bajan; la prensa sí que lo sabe: Gallardo, González y Navarro suben, tienen que subir.

Tanto lo sabe que se amontona en el descanso, al pie del elevador, cuando aparecen los tres y alguien grita desde el fondo: ¡Atrás!

Los de atrás salimos rebotados y los de adelante agarran al gobernador Ricardo Gallardo, quieren otra nota, o algo que emocione y mantenga al público de las transmisiones en vivo. El gobernador reitera ante la pregunta de una reportera: ¡Yo no lo dije!

— La presidenta del Verde apuntaló a la senadora Ruth González…

— Yo no lo dije. Mejor les voy a dar un artista para la feria…— propone.

Minutos antes, el público en la inauguración de la nueva UAM, en su mayoría personas trabajadoras del ayuntamiento soledense, confirma, cuando restan aproximadamente veintidós semanas para el inicio formal del proceso (suponiendo que se aprueba a fin de mes la reforma electoral local), que la disputa en estos minutos, es narrativa.

Por eso el gobernador insiste, ¡yo no lo dije!

“Medios de comunicación: yo no dije nada, ni incité nada.”
Y en efecto, no lo dijo él, pero sí alguien de su partido horas antes, y ahora un grupo de trabajadores municipales.

¿Hay incitación? ¿Actos anticipados? No es objeto ni tarea de este reportero dilucidarlo; el artículo sexto de la ley electoral del estado, en todo caso, es muy claro; revíselo y juzgue.

Micrófono en mano, el gobernador frente a su base, frente a su gente, muchos de ellos empleados de su ayuntamiento, agasaja en halagos a su amigo, el alcalde de Soledad, Juan Manuel Navarro Muñiz.

“Tienen un alcalde muy chingón, la verdad; que todos los días se pone unas chingas”.

Alguien grita: “¡Queremos tres años más!”.

El gobernador responde:

“Ya lo están reeligiendo, fíjate“.

La gente reacciona y por un momento regresamos a la primavera del 2024, o viajamos en el tiempo al 2027, cuando un grupo corea: ¡Navarro! ¡Navarro! ¡Navarro!

Pero lo más relevante, por lo que significa y por la discusión que ha despertado en todos los niveles, es lo que viene enseguida.

Otra voz al fondo vocifera:“¡Viva la senadora!”.

Y con eso basta y sobra para que, como si nada, aparezca el grito, sí, el de “gobernadora”.

El gobernador, con tono despreocupado, vuelve a deslindarse:

“¡Eso menos lo dije yo!”.

Y bromea:

“Todavía no me voy y ya me quieren sacar“.

Entonces, alguien más entre el público acompaña aquel discurso que Gallardo comenta meses atrás ante la prensa nacional en el Senado de la República: no es nepotismo si el pueblo vota por ella. “¡El pueblo manda!”, le grita una mujer.

Él responde que el pueblo es sabio. Pero sabe que vamos muy adelantados, que así como diez años se pasan volando, junio del 2027 es cuestión de horas, pasado mañana.

Por eso ataja: “Todo eso se verá en los próximos días”, y sigue con su discurso instalado en el presente y en el pasado, recurso infalible.

La narrativa también es una forma de disputar el poder. Gallardo y Navarro proyectan convertir el antiguo palacio municipal en un museo donde se cuente, por supuesto, la historia de Soledad; con sus luces y sombras. Ahí las palabras dejan de tratar solamente sobre oficinas y toman otra dimensión: identidad, permanencia, continuidad política.

“El primer museo de Soledad, para que todas las escuelas todos los días vayan a ese museo, les prometo que no va estar la foto del Famy (…) pero si quieren la ponemos. Es parte de la historia, acuérdense que la historia la componen los malos y los buenos, y la lucha del bien y el mal siempre debe de prevalecer. Entonces tenemos que poner también la parte oscura, la parte donde veían a Soledad como el patio trasero”.

Pero algo no termina de cuadrar.

Ante la idea de que “el pueblo manda”, aparece de inmediato la cautela: “¡Yo no lo dije!”.

Incluso la senadora Ruth González, sonriente y afable, pasa del “esperaremos los tiempos” y “ni siquiera he dicho si quiero participar”, a pedir directamente a quienes le gritan “gobernadora”: “¡Que no se adelanten!”.

— Senadora, en otro tema; le dan el respaldo a nivel nacional, la dirigente del Partido Verde, la coloca a usted como la carta más fuerte para la gubernatura…

— Yo estoy muy feliz porque estamos inaugurando la Unidad Administrativa Municipal y porque por fin los trabajadores van a tener espacios dignos.

— Pero, ¿fuera de los partidos, qué le dice a la gente que le grita “gobernadora”?

— ¡Que no se adelanten! ¡gracias!

Parece que entramos en una etapa donde ya no hace falta mencionar directamente el 2027, todos entienden perfectamente de qué se está hablando, aunque nadie quiere asumir públicamente las consecuencias de esa conversación.

“¡Yo no lo dije!”
 “¡Que no se adelanten!”

El nuevo edificio municipal está enclavado entre colonias de clase trabajadora. Es un edificio amplio, horizontal pero imponente, acristalado, con una estructura de hierro y una escalinata en el acceso que dan la sensación de ceremonia, de poder.

En un momento frente al público, parecía que el gobernador iba a comparar esta UAM con la capitalina, pero se contuvo.

Este nuevo edificio podrá albergar trámites, oficinas y ventanillas. Pero su mensaje político va por otro lado. Soledad no quiere ser una periferia administrativa, sino el centro del poder con proyecto propio dentro de la disputa potosina.

Por eso entre porras, cautela y discursos pretendidamente medidos, algo queda claro esta tarde noche en Soledad: oficialmente nadie habla del 2027, pero todo en el evento gira alrededor de él.

Un operador gallardista del primer círculo, no se sabe si con ironía o con certeza o como si acabara de despertar, en medio de las porras, pregunta al aire con tono potosino: “Achis, ¿Ya estamos en campaña, o qué?”.